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La masacre de “Pancho Villa” que el gobierno borró del mapa

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Perdidos en los congeladores de la justicia, los expedientes del asesinato de seis precaristas por parte de policías de Protección Ciudadana aguardan desde hace 43 años la sentencia judicial contra los responsables, algo difícil para un juez, ya que la Procuraduría de Justicia nunca consignó la averiguación a pesar de testimonios y la versión de un militar que sostiene que la policía balaceó sus propias patrullas para así culpar a los vecinos del predio Pancho Villa de agresión y justificar los homicidios

Juan M. Urrutia Paura, (foto en ropa interior cuando fue humillado por secuestradores de un avión en Monterrey en 1972)

Por Luis Alvarado

Primera de Dos Partes

Dentro de la historia moderna de las llamadas luchas populares en Nuevo León, al 18 de febrero de 1976 corresponde la fecha de un crimen sin castigo del gobierno estatal al disparar  policías de Protección Ciudadana en contra de precaristas del predio Pancho Villa  en el sector Granja Sanitaria y provocar la muerte de seis personas. Crimen de Estado, también se le llama.

Los colonos asesinados: Canuto Cruz, Pablo Hernández, Rubén Gutiérrez, Antonio Franco, Antonio Olivares y José Nava, más otros cinco heridos de bala, más dos policías heridos por piedras.

Diversos participantes han declarado que en el lugar se realizaba una asamblea de colonos y posesionarios en la cual discutían posibles soluciones a los problemas que enfrentaban, como la falta de una escuela, un dispensario y los servicios de agua y luz, reunión que sería interrumpida por un operativo policiaco ordenado por el gobierno estatal.

La tragedia marcaba las demandas por la tierra urbana, los conflictos de los sin tierra, la represión del gobernador Pedro Zorrilla Martínez, los abusos policiacos contra estudiantes, colonos, campesinos desplazados  agrupados en el movimiento Tierra y Libertad y conflictos internos entre líderes.

Y ante todo, una masacre, la cual nunca se esclareció como tampoco se castigó a los policías responsables al mando del capitán Juan Manuel Urrutia Paura y que a la fecha, cada año, sigue sacando a la calle a cientos o miles de manifestantes del FPTL  exigiendo justicia a 43 años de la matanza.

Las “investigaciones” de la Procuraduría de Justicia en aquel año de 1976 no dejaron nada en claro, pues se basaron en las declaraciones de  policías de 10 patrullas y granaderas, quienes argumentaron que ellos fueron primero agredidos a balazos por los colonos y que solo repelieron la agresión.

Y tan así fue que la instrucción superior estancó la averiguación de la Procuraduría sin que jamás se consignara a algún juzgado Penal como debió haber sucedido, no obstante la promesa del gobernador Zorrilla de hacer justicia y de que se castigaría a los responsables.

Un capitán militar acusa falsedad de la Policía para cubrir homicidios

Sin embargo, ninguna autoridad nuevoleonesa contaba con que el testimonio de un hombre del sistema desmentiría la versión oficial de que los policías respondieron con fuego a los disparos hechos por los colonos -desgraciadamente 18 años después- con la declaración de un oficial de inteligencia militar asignado a monitorear los conflictos urbanos, quien en apego a la verdad reveló que la supuesta agresión con armas de fuego fue solo un invento de la policía y por ende, de la Procuraduría.

El oficial –capitán- Gilberto Carretero  publicaría el libro Revelaciones de un militar en coautoría con Ramón Azpiri Pavón (Monterrey, Ediciones Castillo, 1994) en el que asienta  que él siguió a las patrullas dirigidas por Urrutia Paura cuando salieron a toda velocidad por la avenida Aztlán después de haber disparado los policías a los colonos  y  presenciar  cuando los agentes se detienen cerca de Gonzalitos y Constitución.

El militar dice atestiguar cuando los policías empiezan a disparar contra sus propias patrullas en los parabrisas, guardafangos  y puertas para simular disparos recibidos por los colonos, pues evidentemente no habían recibido impacto alguno ya que los posesionarios solo les habían lanzado piedras.

“No alcanzaba yo, en ese momento, a comprender la actitud de los uniformados, hasta que recapacité: Simplemente estaban dejando la evidencia de que habían sido agredidos”, escribe el soldado Carretero citado por el periodista Asael  Sepúlveda.

Pero en el lugar del crimen en colonia Granja Sanitaria, avenida Aztlán y Emiliano Zapata en la ahora colonia Valle de Santa Lucía, frente a la colonia Unidad Modelo,  la versión del capitán militar señala que el día del conflicto él buscaba datos fidedignos para acompañar su reporte castrense y que al indagar con colonos éstos le dijeron que los primeros disparos provenían de donde estaban estacionados a dos calles unos policías judiciales que permanecieron expectantes, pues oficialmente no intervinieron.

“Por aquellos años, había un choque frontal entre el Gobernador Zorrilla y los dirigentes de Tierra y Libertad. Una agresión armada contra la policía hubiera sido el pretexto ideal para encarcelarlos y dar un golpe contundente a los movimientos de posesionarios”, escribió el 18 de febrero de 2010 en http://www.15diario.com/15diario/10/02/100218/18asael.html Asael  Sepúlveda, ahora diputado local por el PT.

Carretero agrega en su libro, citado el testimonio de los policías de Protección Ciudadana;  “cerca del lugar de los hechos recabé la versión de la policía. Unas personas se quejaron de haber sido asaltadas cerca de Granja Sanitaria y al rastrear la zona vieron a unos que corriendo se metieron a una casa, ahí fueron a tratar de detenerlos pero opusieron resistencia, vinieron más patrullas, les lanzaron piedras, llegaron más vecinos y sonaron disparos, entonces los policías repelieron la agresión a tiros matando a varios colonos”.

El capitán de inteligencia castrense añade: “La versión de los colonos fue que la policía uniformada intentó aprehender a unos vecinos que dormían fuera de su casa debido al calor, éstos no se dejaron, llegaron otros colonos, apedrearon a los policías y de repente se escucharon unos disparos (señalaron el rumbo por donde estaban los judiciales) y entonces los preventivos o uniformados dispararon contra los colonos”.

Versión de actor

“El 18 de febrero de 1976, con el pretexto de impedir que los compañeros de la colonia Francisco Villa expresaran su apoyo a los colonos de San Angel  Sur, que mantenían un diferendo con Fomerrey, el gobierno ordenó que un destacamento policíaco vigilara este último sector. Lo que pasó esa noche ha sido objeto de controversias entre los distintos actores de esos trágicos acontecimientos”.

“Lo cierto es que fueron asesinados seis compañeros por las balas asesinas de la policía. Esto generó gran descontento entre todos los segmentos del pueblo en lucha. Al día siguiente 50 mil personas marchábamos a Palacio de Gobierno exigiendo la renuncia del gobernador del estado, el castigo y encarcelamiento de los autores intelectuales y materiales del cobarde crimen y la inmediata reparación del daño moral a las viudas e hijos de los compañeros muertos”, escribe el abogado Agustín Acosta Zavala en su libro Así lo recuerdo, (Imprenta Río Nazas, Torreón, 2015, p.p. 90, 91).

Acosta expresa que los días subsecuentes se establecieron campamentos permanentes de protesta en varios lugares de la ciudad, “mientras que al interior del grupo dirigente arreciaba la lucha interna, cruzándose acusaciones de irresponsabilidad ante los trágicos hechos; acusaciones tales como aventurerismo de un lado y excesiva práctica negociadora y arreglos en lo oscurito con el gobierno del otro lado”.

Información de El Porvenir

Las notas de El Porvenir

El periódico El Porvenir publicaba el jueves 19 de febrero de 1978 (sección 2-A) que prevalecía  una división interna entre los precaristas, “ya que unos desean que Fomerrey regularice y construya viviendas, pero al parecer la mayoría no está de acuerdo y se inclinan por la estrategia de dirigentes de Tierra y Libertad…”, según la nota  del reportero Antonio Contreras.

Añade el matutino que recientemente uno de los dos grupos se quejó  con el secretario de Gobierno César Santos, solicitando protección policiaca y que por ello se ordenó situar una patrulla, la número 54, a la entrada del predio San Angel.

Según la versión del periodista, la policía entró como a las 2:00 de la madrugada del miércoles 18 a solicitud de quienes  denunciaban latrocinios, versión que negaron los dirigentes de colonos indicando que “estaban de guardia”. El capitán policiaco Urrutia Paura llegó con apoyo de patrulleros conminando a los bandos a dialogar y llegar a un arreglo, para luego descender de las colonias Francisco Villa, Tierra y Libertad y Genaro Vázquez unas 50 personas para apoyar.

La Balacera, “por confusión”

“Al verlos armados de piedras, los policías que se encontraban a unos 50 o 60 metros del capitán Paura, sin orden y llevados por (el) temor a ser agredidos abrieron fuego rápida e inesperadamente.  El temor, pues, desencadenó el zafarrancho. El propio Paura estuvo en un tris de ser atacado por sus hombres”, refiere la nota del rotativo.

Incluso señala que “Paura y Héctor Camero explicaron que hubo confusión, pero que la agresión partió de la policía. El parte policial señaló que en esa colonia no se encontró ni recogió ninguna arma (de fuego). Los precaristas heridos, todos son de bala”, escribe el reportero Contreras. El diario publica una foto de cuchillos, machetes, palos,  varillas y un magnavoz decomisados.

El Porvenir consigna declaraciones del procurador de Justicia del estado, Fernando Guajardo quien “dejó entrever la posibilidad de que todo se haya iniciado por pifia policiaca, por temor de ser agredidos…El gobernador (Zorrilla Martínez) por su parte, afirmó que se castigará a los responsables y se indemnizará a los deudos, de acuerdo a lo que hace Fomerrey”.

Mientras, “la colonia San Angel  lloraba anoche a sus muertos. Silenció sus ruidosos equipos de sonido, usados en sus mítines… Un crespón negro en las viviendas de 600 personas precaristas, simbolizaban el luto, la pena que la madrugada del miércoles nació de la ignorancia y el miedo”.

Lo que declararon los policías

Los 60 patrulleros que intervinieron en la refriega declararon ante el Ministerio Público; algunos dijeron disparar al aire, otros que no dispararon y otros más que “dispararon directamente para repeler la agresión de que fueron objeto”.

“El comandante Juan Urrutia Paura, que comandaba a las patrullas, ignora quien dio la orden de hacer fuego y estima que lo hicieron los propios patrulleros ante el temor de una agresión”, añade El Porvenir, para luego señalar que el director de Protección Ciudadana, mayor Santiago Pérez Rincón había ordenado a la patrulla 54 vigilar que posesionarios no cometieran ilícitos.

Pérez Rincón agregó que tras dialogar Paura con los posesionarios que se habían reunido amenazadoramente, otros   “trataron de secuestrar las patrullas bloqueando con toda clase de obstáculos las vías de acceso al área”.

El jefe policiaco afirmó que “al llegar a las calles de Aztlán y Emiliano Zapata, los elementos de protección ciudadana fueron atacados con disparos de arma de fuego y los posesionarios, armados de machetes y varillas, lanzaron bombas molotov, entonces los elementos de Protección Ciudadana desmontaron de sus unidades y repelieron la agresión con disparos de sus armas, haciendo uso de pistolas y metralletas”, todo esto basado en el reporte oficial del capitán Paura, a cargo de la represión.

Ese miércoles 18 durante el día, una comisión de Tierra y Libertad, Granja Sanitaria, San Angel y predio Francisco Villa encabezados por Alberto Anaya, Camero y Maximino Hernández se reunieron con el secretario de Gobierno, César Santos Santos, quien “dijo que existe una disposición conjunta de dar solución al problema”.

La reciente concentración del FPTYL para exigir justicia por la masacre

Agente declara que colonos balacean las patrullas

En su declaración ministerial, el patrullero Rubén Ramírez Aldaco dijo que cuando los policías ya se habían replegado, “la muchedumbre se nos echó encima, se oyeron balazos… Empezaron a balacear las patrullas. Yo me di cuenta”. “A otro compañero vi cómo le dieron la pedrada en la nariz”, declaró por su parte el subteniente Peña.

Peña agrega que “No obstante la balacera, Paura siguió dialogando con los líderes y cuando supimos que balaceaban a las patrullas en la carretera (Aztlán), ordenó que nos reconcentráramos también y todos nos fuéramos hacia el Palacio de Justicia (exterior del penal Topo Chico)”. D}

Pero dentro de lo decomisado a los precaristas no se encontró ninguna arma de fuego, sólo cuchillos y varillas.

El Porvenir ilustra las notas con dos patrullas balaceadas en los parabrisas, una, la número 19 “al parecer de metralleta” porque guarda una línea a lo largo del vidrio y la otra una camioneta granadera con dos impactos de mayor calibre o grosor, al parecer hechos a muy corta distancia en dirección al conductor, “que se había arrojado fuera del vehículo”, (p. 2-A).

La lección de Apura

Actor también en los hechos, Guillermo Dorantes Yedra afirma en su cuenta de Facebook el 18 de febrero de 2014: “Llegaron a la Granja Sanitaria 500 efectivos de “Protección Ciudadana” para agruparse y entrar a la Pancho Villa, arribamos más de 700 compañeros a intentar negociar con Paura pero me recibió a culatazos y golpes (yo encabezaba la comisión, entonces era dirigente de la colonia Pancho Villa)”.

“Cuando me llevaban esposado, soltaron el primer balazo del lado de la policía, así inició la balacera, se detuvo el tiroteo pero inició otro en la avenida Aztlán; otro grupo se compañeros de la Pancho había cerrado el paso a la policía por ese flanco. Llegaron compañeros de colonias hermanas (un contingente importante de Tierra y Libertad) pero la masacre se consumó sobre la avenida Aztlán”, sostiene Dorantes.

Expresa que los asesinados eran todos de la colonia “Francisco Villa”; Canuto Cruz, Pablo Hernández, Rubén Gutiérrez, Antonio Franco, Antonio Olivares y José Nava.

Afirma Dorantes que desde noviembre de 1975, “compañeros de la colonia “San Ángel” habían solicitado el apoyo a la Pancho Villa para electrificar un sector, el dirigente era el compañero “Quico”. Los “charros” (priístas contrarios) corrieron el rumor que se iba a llevar a cabo un robo de postes de luz de CFE, era en realidad un pretexto; el capitán Juan Urrutia Paura había decidido “dar una lección” a los posesionarios de la “Pancho”, observa el ahora miembro de la Comisión Ejecutiva Nacional en el PT.

Evocación en el Congreso

Hace días, el pasado 18 de febrero el diputado del PT, Zeferino Juárez Mata, recordó en la tribuna del Congreso del Estado la tragedia: “El 18 de febrero de 1976 ocurrió en nuestra ciudad de Monterrey una matanza sin precedentes a manos de las fuerzas policíacas, entonces llamada Protección Ciudadana. Dicha fuerza represora se mantuvo al asecho durante varios lustros, persiguiendo, encarcelando, torturando y asesinando a miembros de las organizaciones urbano-populares que hoy conforman el Frente Popular ‘Tierra y Libertad’.

Esto mientras que cientos de manifestantes de varias organizaciones populares marchaban por las calles del centro de Monterrey demandando justicia como año tras año desde 1976, exigiéndose castigo para los responsables.

También actor en su momento del movimiento popular, Pedro Bernal dijo en entrevista que toda la investigación de la Procuraduría quedó detenida, que nunca se consignó a un juez.

“El gobernador Zorrilla nunca tuvo voluntad de cumplir con su promesa de que se hiciera justicia…el que vino arreglando las cosas fue el presidente Echeverría, con quien se logró que las autoridades de Nuevo León cumplieran parte del pliego petitorio de indemnizar a las viudas, dar becas de estudio para los hijos y otras cosas, pero la justicia es fecha que no se aplica, eso es lo que se demanda, justicia”.

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Investigación

Logra Tamaulipas reducción histórica de la pobreza extrema

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El alza salarial, la inversión sin precedentes en programas sociales, el gobierno del Estado y Federación lograron darle a más de 50 mil tamaulipecos mejores condiciones de bienestar, reportan los informes del INEGI.

Por Regina Cardona Jasso

Tamaulipas registró una de las reducciones más importantes de pobreza extrema en su historia reciente, de acuerdo con cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Los datos correspondientes a la medición de pobreza multidimensional 2024 muestran que más de 50 mil tamaulipecos dejaron atrás la condición de pobreza extrema en apenas dos años, un resultado que tanto el Gobierno Federal como la administración estatal atribuyen a la combinación de programas sociales, aumento salarial, generación de empleo y políticas de bienestar.

Según el informe oficial del INEGI, en Tamaulipas la pobreza extrema pasó de 2.9% en 2022 a 1.5% en 2024. En términos absolutos, la cifra cayó de 102 mil 600 personas a 52 mil 400 tamaulipecos en esa condición. Esto significa que alrededor de 50 mil 200 personas lograron salir de la pobreza extrema en el estado durante ese periodo.

El avance también se reflejó en la pobreza multidimensional general. En 2022, el 26.8% de la población tamaulipeca vivía en situación de pobreza; para 2024, el indicador bajó a 20.2%. Es decir, más de 242 mil personas dejaron esa condición en apenas dos años.

Para el gobierno encabezado por Américo Villarreal, estos resultados representan una validación de la estrategia social aplicada desde el inicio de la administración. La Secretaría de Bienestar estatal destacó programas como “Alimentando tu Bienestar”, los Comedores del Bienestar, apoyos alimentarios, infraestructura social y esquemas de empleo temporal dirigidos a zonas vulnerables.

Sin embargo, las autoridades estatales también subrayan que la reducción no puede entenderse sin el contexto nacional impulsado primero por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y posteriormente por la continuidad de políticas sociales federales. Entre los factores señalados por especialistas y organismos oficiales aparecen el incremento histórico del salario mínimo, los programas sociales universales, las pensiones para adultos mayores, becas educativas y el fortalecimiento del empleo formal en regiones fronterizas como Tamaulipas.

De hecho, el propio INEGI informó que entre 2022 y 2024 México registró una de las mayores reducciones de pobreza de las últimas décadas. A nivel nacional, 8.3 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional, mientras que más de 2 millones dejaron la pobreza extrema.

En el caso de Tamaulipas, el fenómeno adquiere especial relevancia porque históricamente el estado enfrentó fuertes desigualdades regionales, particularmente en zonas rurales, fronterizas y urbanas marginadas. Por ello, analistas locales consideran que la caída de casi 50% en pobreza extrema constituye uno de los avances sociales más relevantes para la entidad en años recientes.

El gobierno estatal ha insistido en que este resultado no es casualidad, sino consecuencia de una coordinación permanente con la Federación para dirigir recursos a sectores históricamente olvidados. En distintos municipios se ampliaron programas alimentarios, atención médica, apoyos escolares y proyectos de vivienda social, mientras que el dinamismo industrial y maquilador de la frontera contribuyó a mejorar ingresos laborales.

Aun así, especialistas advierten que persisten desafíos importantes. Aunque la pobreza disminuyó de forma significativa, todavía existen regiones con rezagos en salud, educación y acceso a servicios básicos. Además, el propio debate nacional sobre la desaparición del Coneval y la transferencia de funciones al INEGI ha generado discusiones sobre cómo seguir evaluando de manera independiente las políticas sociales.

Pese a ello, las cifras oficiales colocan hoy a Tamaulipas como uno de los estados que más avanzaron en reducción de pobreza extrema durante los últimos años. Para el discurso oficial de la llamada Cuarta Transformación, se trata de una prueba de que los programas sociales, el aumento salarial y la inversión pública pueden traducirse en mejoras reales para millones de personas. Y para el gobierno tamaulipeco, representa uno de los logros sociales más importantes del actual sexenio estatal.

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Avanzan investigaciones interinstitucionales en la UNAM para combatir la cisticercosis

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Ciudad de México.— Investigaciones científicas desarrolladas de manera interinstitucional avanzan en el estudio y control de la cisticercosis y la teniasis, enfermedades parasitarias que, aunque han disminuido en México, continúan presentes y representan un problema de salud pública. Ambas están incluidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) dentro del grupo de enfermedades tropicales desatendidas, junto con padecimientos como la lepra, el dengue y la enfermedad de Chagas.

El investigador posdoctoral del Instituto de Biotecnología de la UNAM (IBt), Ricardo Miranda Blancas, explicó que el tránsito de personas provenientes de comunidades con limitado acceso a servicios de salud ha contribuido a la persistencia de estos padecimientos. Añadió que, a nivel internacional, la OMS ha alertado sobre su reaparición en algunas regiones —incluso en países desarrollados— debido a los flujos migratorios y a que, durante la pandemia por COVID-19, estos casos pasaron a segundo plano en los sistemas de vigilancia y atención médica.

La teniasis ocurre cuando una persona consume carne de cerdo contaminada con larvas de Taenia solium, parásito que se aloja en el intestino humano y puede provocar síntomas como dolor abdominal, molestias digestivas y pérdida de peso. El escenario más grave se presenta cuando los huevos del parásito se transforman en larvas dentro del organismo y se alojan en tejidos como músculos, ojos, piel o cerebro, dando origen a la cisticercosis.

“Cuando las larvas se localizan en el sistema nervioso central hablamos de neurocisticercosis, una de las principales causas de epilepsia adquirida en México. Sus manifestaciones clínicas van desde cefaleas crónicas hasta crisis epilépticas severas que afectan de manera importante la calidad de vida”, explicó el investigador del Departamento de Medicina Molecular y Bioprocesos del IBt.

De acuerdo con datos de la OMS, Taenia solium es responsable de alrededor del 30 por ciento de los casos de epilepsia en zonas endémicas donde existen cerdos en libertad en cercanía con las viviendas humanas.

Panorama epidemiológico en México

En el país se observa una tendencia a la baja en los casos de cisticercosis. No obstante, cifras oficiales de la Secretaría de Salud indican que hasta la semana epidemiológica 31 de 2025 se habían registrado 85 casos nuevos, mientras que el total acumulado en 2024 fue de 65, lo que confirma que la enfermedad sigue activa.

Miranda Blancas explicó que el ciclo “clásico” del parásito implica la infección humana con la solitaria, la contaminación de cerdos a través de heces humanas y, posteriormente, el consumo de carne infectada sin inspección sanitaria. Este fenómeno se presenta principalmente en zonas rurales donde se crían animales de traspatio y el manejo de excretas es deficiente. En contraste, subrayó que la carne que llega a centros urbanos suele pasar por estrictos controles en rastros y puntos de inspección.

Existe, además, un ciclo alterno de contagio particularmente peligroso: la ingestión directa de los huevos del parásito, generalmente asociada a malas prácticas de higiene. “Si una persona infectada no se lava adecuadamente las manos después de ir al baño y manipula alimentos, puede transmitir los huevos a otras personas, que desarrollan cisticercosis sin haber consumido carne contaminada”, advirtió.

Prevención y control

El especialista enfatizó que la prevención se basa en medidas básicas pero efectivas: cocer adecuadamente la carne de cerdo, mantener hábitos estrictos de higiene —especialmente el lavado de manos— y realizar desparasitaciones periódicas, cada seis meses o al menos una vez al año, a todas las personas que viven en un mismo hogar.

Cuando se detecta la presencia de la solitaria, además del tratamiento antiparasitario se recomienda el uso de laxantes para facilitar la expulsión completa del parásito y reducir el riesgo de complicaciones posteriores.

Diseño de nuevos fármacos

Paralelamente a las acciones de prevención, la investigación científica busca fortalecer los tratamientos disponibles. En el IBt, Miranda Blancas colabora con el investigador Enrique Rudiño Piñera, especialista en estructuras cristalográficas, y con Abraham Landa Piedra, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, experto en la caracterización bioquímica de proteínas del parásito.

Asimismo, trabajan con Ponciano García Gutiérrez y Rafael Zubillaga Luna, de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, en el diseño de fármacos complementarios. La estrategia se centra en estudiar las proteínas del sistema de desintoxicación de Taenia solium, conocidas como glutatión transferasas, que funcionan como verdaderos “escudos” bioquímicos y permiten al parásito resistir la acción de los medicamentos.

El grupo ha logrado determinar la estructura de la glutatión transferasa clase sigma y avanza en el análisis de otras dos enzimas, identificadas como glutatión transferasa 25 y 26, según su peso molecular. “Conocer la forma tridimensional de estas proteínas y sus sitios activos es clave para diseñar inhibidores específicos”, explicó el investigador.

Aunque el trabajo continúa en fase experimental, mediante modelos predictivos de estructura proteica el equipo ya logró diseñar un inhibidor para la glutatión transferasa de 26.5 kilodaltons, un avance que podría sentar las bases para terapias más eficaces contra la cisticercosis.

Conclusión.
Las investigaciones encabezadas por la UNAM confirman que, pese a su aparente control, la cisticercosis sigue siendo un desafío sanitario en México. La combinación de prevención comunitaria, vigilancia epidemiológica y desarrollo de nuevos fármacos abre una ruta integral para enfrentar una enfermedad que, de no atenderse, puede tener consecuencias neurológicas severas y permanentes.

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Esenciales, los primeros mil días de vida: Elena Zambrano

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Ciudad de México.— La salud durante el embarazo y la lactancia no es una responsabilidad individual, sino un proceso que involucra a la comunidad y a las políticas públicas, pues de ello depende el adecuado desarrollo de la descendencia. Así lo afirmó Elena Zambrano González, académica de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al subrayar la relevancia de los primeros mil días de vida, periodo que abarca desde la gestación hasta los dos primeros años y que, en el ámbito científico, se conoce como los Orígenes en el Desarrollo de la Salud y la Enfermedad (DOHaD, por sus siglas en inglés).

La también investigadora del Departamento de Biología de la Reproducción del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán explicó que las condiciones nutricionales y ambientales en etapas tempranas del desarrollo tienen efectos duraderos en la salud. Un ejemplo es el desarrollo renal: al nacer, cada riñón humano cuenta con alrededor de un millón de nefronas; sin embargo, si durante el embarazo la madre sufrió desnutrición severa, el feto puede desarrollar menos unidades funcionales. Aunque posteriormente existan condiciones óptimas de alimentación, ese déficit implica una mayor carga de trabajo renal y una predisposición temprana a padecimientos como hipertensión arterial.

La especialista precisó que estos riesgos no constituyen una condena irreversible. Una vida saludable puede mitigar los efectos adversos de la programación fetal; no obstante, la predisposición existe y debe ser considerada en estrategias de prevención.

Evidencia transgeneracional

Zambrano González y su equipo han realizado aportaciones relevantes a nivel internacional. Mediante modelos animales demostraron el paso transgeneracional de la resistencia a la insulina y documentaron que la descendencia de madres con obesidad, aun cuando recibe una dieta controlada durante toda su vida, presenta alteraciones metabólicas y una menor expectativa de vida en comparación con hijos de madres con nutrición adecuada.

Asimismo, sus investigaciones muestran que intervenciones oportunas pueden revertir parte de estos riesgos. Cambios en la dieta de mujeres obesas incluso un mes antes del embarazo, así como la incorporación de actividad física, mejoran de manera significativa los desenlaces metabólicos en la descendencia. “Si no se logró optimizar la salud durante el embarazo y la lactancia, nunca es tarde: también se puede intervenir directamente en las hijas y los hijos”, señaló.

Ambiente, epigenética y evidencia histórica

La académica, galardonada con la Medalla David Barker 2025 —máximo reconocimiento de la Sociedad Internacional DOHaD—, destacó que el concepto de los primeros mil días enfatiza que la salud no depende únicamente de la genética. El ambiente, la nutrición y los cambios epigenéticos en etapas críticas —como la formación de células germinales o la adolescencia— influyen de manera decisiva.

Diversos estudios epidemiológicos respaldan esta perspectiva. Entre los más documentados se encuentra el del “invierno hambriento” en los Países Bajos (1944–1945), donde la desnutrición severa durante la Segunda Guerra Mundial se asoció, décadas después, con mayor prevalencia de obesidad, diabetes e hipertensión en la descendencia. Hallazgos similares se han registrado tras el sitio de Leningrado y la hambruna en China entre 1959 y 1961. No obstante, Zambrano González aclaró que estas son asociaciones poblacionales y que para identificar mecanismos causales se requieren estudios clínicos y de laboratorio controlados.

Investigación en curso y políticas públicas

En el Departamento de Biología de la Reproducción del INCMNSZ, los equipos trabajan con modelos experimentales para comprender los efectos de la desnutrición y la obesidad materna, así como la programación metabólica por la vía paterna, el envejecimiento y los impactos en sistemas como el reproductivo, el neurodesarrollo, la memoria y la expectativa de vida. Se trata de proyectos multiinstitucionales con colaboración internacional.

La científica celebró que el enfoque de los primeros mil días de vida sea ya una prioridad en las acciones de salud pública del gobierno mexicano, a partir del Protocolo Nacional de Atención Médica, y llamó a fortalecer la coordinación entre áreas epidemiológicas, clínicas y de investigación básica para traducir la evidencia científica en políticas efectivas.

Conclusión.
La investigación liderada por Elena Zambrano González confirma que la prevención de enfermedades crónicas comienza antes del nacimiento. Garantizar condiciones nutricionales y ambientales adecuadas durante los primeros mil días de vida no sólo mejora la salud individual, sino que puede romper ciclos intergeneracionales de riesgo metabólico y reducir la carga futura de enfermedades en la población.

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