Investigación

Se deslumbra Cortés con Tenochtitlan

Por Luis Hernández

Tercera Parte

Después de la masacre, Hernán Cortes obliga a los señores apresados a confesar los planes de Moctezuma y éstos le piden perdón ofrecIendo fidelidad. Así, agrega Hernán; “y en obra de quince o veinte días que allí estuve quedó la ciudad y tierra tan pacífica y tan poblada que parecía que nadie faltaba de ella”.

A los mensajeros de Moctezuma que vieron la matanza les pide que lleven a su rey la decisión de ir a Tenochtitlán cuanto antes.

El 28 de octubre muere el anciano Huetzin y su nieta, doncella de linaje está comprometida con un noble guerrero mexica. Ante el cadáver de su abuelo recita un canto que Marina y Jerónimo traducen: “Por prestadas tengamos las cosas, oh amigos/ solo de paso aquí en la tierra/ Mañana o pasado,/ como lo desee tu corazón, dador de la vida, iremos, amigos, a su casa…”

Obsequios que alimentan la codicia

El soldado adolescente escribe que habiendo partido a Tenochtitlán, llegan emisarios de Moctezuma con obsequios varios, como 10 platos de oro, mil 500 piezas de ropa, gallinas, pan (tortillas), semillas de cacahua (cacao), quienes traen mensaje de su rey diciendo que él no tiene culpa en la traición de Cholula, pidiendo además no ir a esa ciudad, por ser estéril y de poco alimento.

Placa que conmemora el lugar donde se conocieron Moctezuma y Cortés en las avenidas Pino Suárez y República de El Salvador

A su paso por Amecameca, los nativos quedan temblando de todo el cuerpo al oir relinchar los caballos, a los que llaman mazatl. Suben por el paso entre los volcanes Popo e Izta, conforme lo había sugerido Bernardo por ser camino más corto, acompañados por cuatro mil indios de Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula y Cempoala.

Llega otro grupo de mensajeros tenochcas y entre ellos uno que dice ser Moctezuma, quien hace otros regalos pero un tlaxcalteca le dice que ése no es, provocando la cólera de Cortés, quien le manda decir al tlatoani que no importan los engaños, que lo hallarán en su ciudad.

La expedición cortesiana pasa por Tlalmanalco, Chalco, Ayotzingo, Mixquic, Tulyehualco, Cuitláhuac e Iztapalapa, pueblo último donde los recibe Cacama, señor de Texcoco, para luego ser recibidos por Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, según registra el diarista el 7 de noviembre. Luego dicen que el rey quiere hechizarlos al enviarles brujos y troncos para frenar los equinos.

“Pasamos por los poblados de Mexicaltzingo y Churubusco. Recorrimos una calzada tan ancha que por ella pudieron andar ocho caballos a la par, el dicho camino está sobre una laguna y lleva a Tenochtitlán…Había gente que en pequeñas embarcaciones (canoas y trajineras) se trasladaban por el agua de un lugar a otro, casas y templos bien cimentados y con buenos acabados”, añade Bernardo.

En Xoloc, lugar donde sale otra calzada que llega a Coyohuacan son recibidos por cerca de mil mexicas, quienes los saludan con un rito poniendo la mano en la tierra y luego besarla. Atraviesan un puente de madera y salen al paso 200 hombres descalzos de vistoso atuendo.

Primer encuentro Moctezuma-Cortés

Detrás venía Moctezuma sentado en unas andas cargadas por cuatro indios. Cuando bajó es atendido por varios sirvientes; unos limpiaron el suelo y le pusieron mantas para que pisara, otros lo cubren con un palio con adornos de piedras preciosas. Abundaba el oro y plumas verdes largas. Tambienlos señores de Iztapalapa y Texcoco y el resto del séquito con los ojos bajos (no debían mirar a su tlatoani).

Cortés baja del caballo con Marina y se aproxima a Moctezuma y tras una reverencia lo quiere saludar con un abrazo, pero Cuitláhuac y Cacama se lo impiden porque nadie puede tocarlo y al ser considerado un rey divino su pueblo no puedo mirarlo, por lo que a su paso todos bajan la mirada.

Por su parte Malintzin sufre desaires de los aztecas, al igual que de otros pueblos, pues desde la salida al islote “los indios la miran con desprecio al considerarla traidora por auxiliarnos”. Moctezuma está vestido con un maxatl, lienzo enrollado en la cintura y anudada con dos lienzos colgantes atrás y adelante, así como un manto anudado sobre los hombros llamado tilmahtli.

Las comidas que se ofrecían a Moctezuma

Además lleva ropa de algodón con dibujos y bordados vistosos; en sus orejas, labio inferior y nariz adornos de gemas, en la frente una diadema de oro con pedrería y era el único que calzaba sandalias. Cortes le regala a su anfitrión un collar de piedras de vidrio con almizcle. Moctezuma alegra a Hernán con dos collares cada uno con ocho camarones de oro.

Al entrar a la capital azteca los españoles no pueden creer lo que ven: “Es lugar de leyenda, de casas y edificios en buen concierto, calles, acequias, puentes de madera. Vi muchos hombres vestidos con pieles de animales, saliéndoles la cara por las fauces de aquellos, y era espantosa semejante visión”.

Tras ser conducidos por una larga calzada y el ruido de tambores, son llevados los hispanos a una gran plaza y alojados en un grande recinto llamado Palacio de Axcayácatl, padre que fue de Moctezuma. Ya instalados, el tlatoani les regala más oro, joyas y plata, plumas, dice unas palabras y se retira con su séquito.

Moctezuma pide no hablar de religión

Así describe Bernardo a Moctezuma: “de buena presencia, no muy alto, de piel morena y clara, cara larga y escasa barba, cabello largo, delgado de carnes, unos 45 años. Frente a él Cortés, de 34 años, baja estatura, cuerpo robusto, piel blanca y barbado”. El rey parece apesadumbrado, Cortés seguro.

“En ese momento vi dos hombres muy diferentes, representantes de mundos muy distintos, mirándose por primera vez cara a cara”. Al fin en el objetivo trazado pero rechazado por los indios. El 9 de noviembre Cortes y su estado mayor visita a Moctezuma a quien le hablan de Jesucristo y su crucifixión y resurrección, que él todo lo creó en el mundo y que los dioses aquí adorados por los mexicas son falsos. Moctezuma lo interrumpe pidiendo no hablar más de las divinidades españolas y obsequia más oro.

El 10 de noviembre escribe que son provistos con buenos alimentos y que los señores principales los visitan más que todo para ver cómo son los españoles, a quienes consideran dioses ; al rey hispano, Quetazalcóatl y a los soldados sus enviados, lo que un astuto Cortés aprovecha para decir que son quienes esperaban.

Bernardo estudia a Moctezuma y lo considera hombre prudente y buen anfitrión “pero ante quienes veo que somos presencia desagradable es con su pariente Cuitláhuac y un tal Cuauthémoc. Nos miran con curiosidad, pero con cierto desprecio y pienso que ellos no creen que somos teules(dioses)”.

A la ciudad la describen como ordenada, limpia, fresca y grandiosa. Ya más tranquilo el cronista conoce que Marina es oriunda de Painala, cerca de Coatzacoalcos, hija del señor del lugar, quien al morir su padre, la madre y el padrastro buscan como deshacerse de ella y que cuando unos comerciantes (pochtecas) pasan, la regalan, aprovechando que muere la hija de una esclava de la misma edad, la hacen pasar como Malintzin y a ésta la venden a Tabs-Coob, señor de Potonchan.

Por ello, cuando llegan a esa región los conquistadores, Malintzin es regalada junto a otras mujeres, pero ahora se ha ganado el respeto de los españoles, quienes la llaman Doña Marina, quien aun cuando es bautizada “para mi sus oraciones son palabras vacías y me parece que ella sigue creyendo en sus dioses”, tacha el escritor.

Desagrada a los mexicas el desaseo de los hispanos

Como observador de las costumbres nativas, Bernardo aborda la limpieza de la ciudad, condición que acostumbran con mucho aseo cada mexica; “…aquí los indios tienen costumbre de bañarse con frecuencia, siempre se les ve frescos y con ropas limpias, en cambio, nosotros los españoles tardamos mucho en asearnos, pues no somos tan exagerados en la limpieza del cuerpo…desde hace días despedimos desagradable olor. Ahora comprendo cuando los indios se nos acercan fruncen la nariz”.

Paseos en bergantín en el lago de Texcoco

El 12 de noviembre anota en el diario que Cortés y su séquito recorren el mercado Tlatelolco, recibidos por Cuauthémoc, donde aprecian un incesante dinamismo de comerciantes, cargadores, compradores de a pie en cientos de canoas.

Hernán calcula en 60 mil almas los que se mueven en toda el área, donde además hay inspectores (tipo Profeco) vigilando que no se alteren precios y midan los productos con justeza (todo se vende por medida, no por su peso). También se vende excremento humano y los iberos no saben para qué se usa.

Luego llegan al Templo Mayor, limpio, donde se respira un ambiente de recogimiento, donde los aztecas asisten a orar y ofrendar aves y sangre a sus dioses máximos Quetzalcóatl, Huitzilopochtztli y Tláloc. Ahí se encuentran a Moctezuma,a quien piden colocar una cruz y virgen María, resistiéndose el rey a renunciar a sus ídolos a quienes consideran dadores de todo lo que tienen.

Aprehende a Moctezuma

El 14 de noviembre da inicio la serie de desavenencias entre los dos mundos, cuando Cortés es enterado por los tlaxcaltecas de que en la costa de Nautla (entre Tecolutla y Cempoala), varios soldados españoles fueron muertos por el señor Cuauhpopoca, por lo que Hernán se presenta con Moctezuma para indagar la versión diciéndole que cerca de Tuzapán (Tuxpan) ocurrieron esos hechos cuando los hispanos actuaron en defensa de indios protegidos por la corona.

Ahí Cortés aprehende a Moctexuma con palabras diplomáticas pidiéndole que no hiciera alboroto y aunque seguiría gozando de libertad permanecería con ellos hasta saber la verdad, lo cual es confirmado por Malintzin, quien le dice que no se resista o puede sufrir una estocada, a lo que el tlatoani manda investigar lo ocurrido y traer a Cuauhpopoca.

Esto provoca tristeza e incertidumbre en los señores cercanos, entre ellos Cuauthémoc y Cuitláhuac, quienes miran con desafío a los iberos, pero son exhortados por Moctezuma para no alborotar ya que Malinche (Cortés) le da buen trato y le tiene estima.

Luego al buscar donde instalar la cruz y la imagen mariana en el Templo Mayor, el carpintero Alonso Yañez descubre una entrada disimulada, donde derriban un muro y encuentran un salón donde había mucho oro, piedras verdes chalchihuites (esmeraldas) y plumería, lo cual formaba parte del objetivo codicioso de los conquistadores. Cortes es criticado por algunos de los suyos que observan que reparte a su conveniencia.

COMPLOT DE MEXICAS CONTRA SU TLATOANI

Sometidas las autoridades aztecas, llevan ante Cortés al traido de Nautla, Cuauhpopoca, quien al ser interrogado por la muerte de los españoles en la costa argumenta que fue por orden de Moctezuma, quien luego niega la versión. En represalia Cortés ordena quemar a los indios de Nautla en la plaza pública mayor de Tenochtitlán y colocar grilletes a los pies de Moctezuma. ‘El cielo nos proteja de alguna represalia’, escribe el cronista el 4 de diciembre de ese 1519.

Las semanas transcurren en paz. Bernardo observa como las semillas de cacahuatl (cacao) son atesoradas junto al oro, pues además de su uso como dinero hacen una bebida llamada xocoatl (chocolate) molido y batido en jícaras con agua; ‘a mí se me antoja que con leche tomaría buen sabor y consistencia’ opina el del diario.

Parte del tesoro de Moctezuma

Con el atolli (atole) de centli molido preparan la bebida que es medicinal. Luego conocen el temazcalli (Baño de vapor). Mientras Moctezuma se la pasa orando y con la mirada extraviada. El 24 de enero del ya 1520 Cortés manda explorar a Gonzalo a Zacatula, Tuxtepec y le traen muestras del oro encontrado.

El dominio es aprovechado por los invasores para construir dos barcos bergantines de roble con velas para navegar el lago, utilizando a los dos carpinteros e indios mexicas. En uno viaja el tlatoani, quien observa el manejo de las velas y recupera un poco el ánimo.

Llegan más hispanos en busca de Cortés

Pero entre los parientes y subalternos del rey cunde el descontento para destronarlo y matar a los españoles. Cortés se entera y apresa a Cacama y nombra nuevo señor de Texcoco. El 12 de febrero escribe Bernardo que Moctezuma convoca a su gente y les pide considerarse vasallos del rey español y que era tiempo de ceder el poder a Cortés porque es el ser que esperaban en su profecía, ante el gran malestar de Cuauthémoc y Cuitláhuac.

También hay descontento de los militares iberos contra Cortés porque del tesoro acumulado se ha reservado una quinta parte para el rey Carlos, pero además Hernán ha separado otro quinto para él, haciendo que quede poco para repartirse para los cientos que quedaban.

Y en cuanto al oro, los españoles lo redujeron a barras, y de los chalchihuites, todos los que vieron hermosos los tomaron; pero las demás de estas piedras se las apropiaron los tlaxcaltecas, compila por su lado Miguel León Portilla en su libro Visión de los Vencidos, un texto que reúne las versiones indígenas, documentos y códices (México, UNAM-SEP, 1981).

El 19 de marzo escribe de cómo los mexicas miden el tiempo, usando dos calendarios; uno de 365 días que dividen en 18 meses de 20 días, al cual suman cinco días más, lapso que creen de mal agüero, con lo cual rigen siembras y cosechas. El otro es de 260 días de 13 meses de 20 días, usado para la adivinación, con el que sacerdotes decidirán el destino de cada quien dependiendo de su día de nacimiento.

También conoce el uso del papel amatl, proveniente de la corteza de un árbol y quien escribe y dibuja sobre éste le llaman tlacuilo, quien traza dioses, animales, casas, frutos, indios, frutos, flores, así como el significado de los símbolos: huellas de pies en fila significa camino. Serpiente caída del cielo es lluvia, templo atravesado por flecha es guerra.

El 10 de abril de 1520 Cortes ordena el derribo de ídolos mexicas provocando más resentimiento en los aztecas. Bernardo dice que le conmueve ver derrotado a Moctezuma: “Una ocasión me descubrió espiándolo y solo sonrió y se retiró.. le guardo afecto y admiración”, escribe.

El 2 de mayo informa que son avisados de que a la costa han llegado muchos navíos españoles, que el día 8 confirman vienen al mando de Pánfilo de Narváez, a quien se han aliado los indios de Cempoala, enviado por Velázquez de Cuba para castigar a Cortés por sus delitos.

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