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Lucía Lagunes Huerta

Tomar en serio la vida de las mujeres

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Por Lucía Lagunes Huerta

Tomar en serio la vida de las mujeres

Desde el feminismo hemos tenido muy claro el papel que juegan los medios de comunicación para afianzar la cultura patriarcal.

Por ello, desde que logramos acceder a la educación hemos buscado la forma de avanzar en el camino de la Aculturación Feminista, como es la propuesta de Marcela Lagarde. Ante la exclusión de los medios tradicionales hicimos los nuestros e intervenimos en la teoría de la comunicación y del periodismo desde el feminismo y a partir de mediados del siglo XIX impulsando normas legislativas tanto a nivel nacional e internacional.

La tensión entre la sanción hacia los medios y las acciones consensuadas ha acompañado esta exigencia de un trato digno para las mujeres.

Mi primera reacción ante la aprobación de la Ley Ingrid, fue de entusiasmo, es entendible, cuando estamos tan ávidas de buenas noticias y nos queda el buen sabor de la despenalización del aborto a nivel federal, si a eso le sumamos que en estos cinco años la sequía de acciones en favor de las mujeres ha sido tremenda cada gota, siempre, refrescan la esperanza.

Y no es que no me entusiasme, sino que me asalta la duda si realmente estamos por el buen camino o solo estamos acumulando leyes, como quien acumula libros para que un día se ponga a leerlos.

El efecto de acumular es que cada que miras el cúmulo de lecturas pendientes, no necesariamente te pones a leer, es probable que te desanime y te alimente más la apatía.

Con las leyes pasa algo similar, conforme creamos más y se cumplen menos la apatía se traduce en pérdida de credibilidad en las instituciones de justicia y cuando miras que en México la impunidad de los delitos es del 98 por ciento, me pregunto si vale la pena seguir acumulando leyes.

Entiendo y comparto las motivaciones que se buscan en la aprobación de la Ley Ingrid por parte del senado, porque es lo que desde el feminismo hemos impulsado, que los medios de comunicación adopten un tratamiento ético de la violencia contra las mujeres y por supuesto que apoyo, para exigirle a las autoridades cumplir con la ley y respetar a las víctimas de la violencia feminicida por lo cual hay que desterrar la práctica misógina de la filtración de información incluida las imágenes de los cuerpos sin vida de las mujeres como ocurrió, de manera indignante, con Ingrid Escamilla que da nombre a esta ley.

En un país con la incidencia de violencia feminicida que tenemos, no solo es pertinente sino necesario, frenar la circulación de imágenes e información que atenta contra la dignidad de las víctimas e impulsar que los medios de comunicación incorporen como parten de su ética el tratamiento respetuoso de las víctimas de feminicidio y romper con el sensacionalismo y el espectáculo que se ha hecho de la violencia feminicida y de la violencia en general, desde que el periodismo se nombra como tal.

Sin embargo, me pregunto, qué cambiará realmente cuando tenemos leyes anteriores que van en ese camino sin que se logren cumplir.

Cuántas leyes más necesitamos para garantizar que las autoridades cumplan con su deber, cuándo ya tienen el mandato, incluso desde la constitución.

Qué tanto funcionará una sanción penal para lograr el cambio que queremos o abonará a la resistencia pues lo vivirán como censura.

La decisión que toma el senado y que tendrá que ser revisada por la cámara de diputados, necesita tomar en consideración lo que ya existe.

Desde 2007, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, reconoció la importancia de transformar; desde ese momento se colocó entre las tareas de la Secretaría de Gobernación, promover directrices para que los medios de comunicación contribuyeran a erradicar todos los tipos de violencia contra las mujeres por medio de fortalecer la dignidad y el respeto hacia ellas.

En 2011 la cámara de diputados modificó la Ley General y estableció un deber más a la Secretaría de Gobernación, sancionar a los medios que no cumplieran con el seguimiento de las directrices.

El tema es que hasta donde se sabe esas directrices nunca se crearon.

Pese a tener la tarea prácticamente no se hizo nada, incluso la falta de directrices impidió la sanción a los medios pese a la queja de la CONAVIM y a lo mediático del caso.

Otro ejemplo del abandono es el Convenio para promover la igualdad y erradicar la violencia contra las mujeres y niñas con la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) que se firmó durante el periodo de Miguel Ángel Osorio Chong como secretario de Gobernación en 2016, a instancia de CONAVIM, de acuerdo con el documento no cuenta con fecha de caducidad, así que suponemos sigue vigente, pero no vemos se esté cumpliendo.

La falta de acciones preventivas lleva a esta acción punitivista, que ante la falta de claridades genera más resistencias que cambios. No es mejor cumplir con lo que ya se tiene, ver si con ello avanzamos antes de colocar nuevas sanciones que no estamos seguras que ahora sí funcionen.

La convocatoria para transformar la mirada sexista de los medios, desde el feminismo, existe desde hace años a nivel internacional. Por ello, en 1994 en la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, mejor conocida como Belém do Pará, se incorpora “el alentar a los medios de comunicación a elaborar directrices adecuadas de difusión que contribuyan a erradicar la violencia contra la mujer en todas sus formas y a realzar el respeto a la dignidad de la mujer”.

México asumió esta convención cinco años después de su creación, incluso tiene una representante en la instancia que da seguimiento al cumplimiento de la misma, pero sobre este punto de los medios no se le ha querido entrar, pues los gobiernos decidieron poner por encima de los derechos de las víctimas de feminicidio su relación con las empresas mediáticas.

Y al abandono del deber de las autoridades se suma el de las empresas mediáticas y periodística quienes tampoco han querido escuchar la exigencia de las ciudadanas para un trato digno de las mujeres y las niñas.

No se trata de romper con nadie ni atacar a nadie, sino de colocar en el centro la dignidad de las mujeres y las niñas y tomar en serio sus vidas.

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Lucía Lagunes Huerta

8M, con dos mujeres presidenciables

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8M, con dos mujeres presidenciables

Por Lucia Lagunes Huerta

Ya estamos en el umbral del 8M, Día Internacional de las Mujeres, que une al mundo en la gran movilización feminista que ha convertido al 8 de marzo en la acción global más importante en favor de la igualdad plena de las mujeres en toda su diversidad de edades, oficios, profesiones, religiones etc. En esta acción ninguna queda fuera.

Desde marzo de 1910, año en que la feminista socialista Clara Zetkin propone un día mundial para reivindicar a las mujeres trabajadoras hasta hoy, hemos visto como este día se transformó.

Dejó de ser el emblema de una cuantas, de aquellas que nos nombrábamos feministas, para ser el día mundial donde las ciudadanas llaman a cuentas a sus gobiernos, exigen vivir libres de violencia y se solidarizan con otras causas por los impactos desproporcionados que tienen en la vida de las mujeres, por ejemplo, el alto a las acciones bélicas de Israel en la franja de Gaza.

Este año llegamos con claros oscuros, pues mientras en Francia se logra el reconocimiento del aborto como un derecho constitucional en Argentina el retroceso en lo ganado es brutal, no solo se retira el derecho al aborto, sino que se elevan los castigos penales para las mujeres que aborten.

Lo cual nos constata que mientras el patriarcado subsista todo lo ganado en materia de igualdad para las mujeres está en riesgo.

Y mientras esto ocurra el 8M seguirá siendo el punto de reunión de todas las mujeres del mundo.

Para las mexicanas este Día Internacional de las Mujeres tendrá un tinto distinto, pues después de doscientos años de historia independiente de México y 65 presidentes, 2024 será el año de la elección de la primera presidenta mexicana.

Qué tipo de gobierno será, estamos por verlo, qué será vivir bajo la presidencia de una mujer y cuáles serán sus impactos, tampoco lo sabemos. La historia está por escribirse y dependerá de su gobierno y su forma de gobernar.

Ninguna de las dos candidatas presidenciales mexicanas se asume feminista, aunque sean el logro del movimiento, en el cual no han militado y es el que posibilitó que alguna de las dos llegue a conducir al décimo país más poblado del mundo y el segundo en América Latina.

Ni ellas, ni nosotras y nosotros tenemos referentes de lo que es gobernar desde el feminismo, porque no ha existido, pues en la historia del mundo solo una mujer ha gobernado por 11 años continuos, que es Margaret Tacher, y por supuesto ella tampoco era feminista.

La gran mayoría de los países que han tenido presidentas han sido de una sola vez, y solo 8 naciones han tenido más de una presidenta, sin rebasar el máximo de cinco que le corresponde a Suiza y nunca han sido continuas y todas han llegado a gobernar con las reglas patriarcales que aún no se transforman.

En la actualidad pese a las leyes de igualdad y paridad que se han ido construyendo a lo largo y ancho del planeta solo 15 países de 193 están presididos por una mujer, México será el número 16.

Cualquiera de las dos que gane será, la presidenta número 14 en América Latina en gobernar un país de los 33 que conforman la región.

Tanto Claudia como Xóchitl, ocupan el lugar número siete y ocho de las candidatas presidenciales mexicanas, ninguna de las dos tiene como interlocutor al movimiento feminista, ambas miran a las mujeres como muchos políticos hombres, de lado y sin darnos el peso que tenemos como actoras políticas y ciudadanas plenas.

Ambas entran a la política con las reglas patriarcales, la que gane tendrá el reto no solo de ser la primera mujer presidenta sino construir una identidad propia como gobernanta y un país donde la igualdad sea cada ves menos discurso y mas realidad.

Las mexicanas llegamos a este 8 de marzo con presencia de las mujeres en la vida pública, donde por primera vez un hombre le pondrá la banda presidencial a una mujer y con este acto simbólico, construido por ellos, estará reconociéndola cómo la gobernanta del país.

Llegamos también con la primera presidenta del Instituto Nacional Electoral, la primera presidenta en la Corte, la primera ocasión en que tanto la Cámara de diputados como del senado están encabezados por mujeres, la primera directora de la Facultad de Medicina de la UNAM y la primera vez que las portadas de los medios coinciden con tener a las mujeres presidenciales como sujetas de la noticia.

Donde la instancia que calificará la elección presidencial de la primera mujer en el Poder Ejecutivo, que el Tribunal Electoral, también está encabezado por una mujer.

Con esto entorno conmemoraremos el Día Internacional de las Mujeres, y lo sepan o no, ellas son el triunfo del feminismo que cada 8 de marzo sale a las calles del mundo para defender que todas las mujeres puedan estar en todos los lugares y en todos los espacios de decisión porque es su derecho.

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Lucía Lagunes Huerta

La deuda de la humanidad hacia las mujeres es la violencia

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Por Lucía Lagunes Huerta

La deuda de la humanidad hacia las mujeres es la violencia

Cimacnoticias | A dos días de la conmemoración de 25 de noviembre es imposible no hablar de la deuda que tiene la humanidad para cerrarle el paso al permiso de dañar a las mujeres.

Porque en la medida que tenemos más evidencia de esta violencia, es terriblemente doloroso ver la crueldad con la cual nos lastiman en cualquier parte de este mundo y cómo, nuestros agresores son protegidos y disculpados, pero para nosotras, que somos a quienes violentan nos siguen exigiendo demostrar el maltrato, como si no compartiéramos lo humano.

Cualquiera puede ir a denunciar el robo de un objeto y no pondrán en duda el dicho, pero si una mujer denuncia violencia no le creerán fácilmente, tendremos que demostrar esa violencia y aun cuando sea evidente el maltrato, pesará sobre ella la responsabilidad de la agresión y no en el agresor.

Estas miradas y comentarios de… quién sabe, ¿qué habrá hecho?, ¡ella se lo busco!, nos han acompañado a lo largo de la historia, como tótems, aún cuando el razonamiento humano avanza, los estigmas sobre la violencia contra las mujeres no lo hacen con la misma velocidad.

Reconocer a la violencia contra las mujeres como un atentado contra la humanidad es el pendiente civilizatorio que tenemos hoy en día.

Pues pese a toda la evidencia que hemos proporcionado las mujeres de los impactos individuales, colectivos y globales que genera la violencia contra las mujeres se sigue mirando como un hecho menor que afecta a unas cuantas y en ciertos lugares, ocultando la dimensión sistémica de la violencia.

Es tan ominoso lo que vivimos las mujeres en todo el mundo, que la iniciativa feminista latinoamericana de declarar un día al año para llamar la atención sobre los impactos terroríficos de la violencia contra las mujeres y la responsabilidad de los Estados en ello, se convirtió en un hecho mundial. No hay país donde no haya una acción al respecto.

Pasó de ser una acción de las feministas a una fecha de relevancia en la agenda internacional de los derechos humanos de manera más o menos rápida.

42 años después de que se creara el 25 de noviembre como el Día para la eliminación de la violencia contra las mujeres, nos siguen dañando, nos compran y venden como mercancías, nos lastiman el cuerpo, la autoestima, la vida completa frente a todo el mundo.

Porque aun cuando hemos avanzado y logrado recuperar nuestro derechos educativos, laborales, a nuestro propio dinero, a nuestras propiedades, estar en el mundo público, y todo lo que hoy hemos logrado, la violencia está pegada a nuestras vidas como el gran dique para el reconocimiento pleno de nuestra humanidad.

Y por más que intentamos sacudírnosla, no lo logramos porque no podemos solas, si el resto de la humanidad no se la sacude.

Y para sacudirlo hay que sancionar socialmente el daño contra la mitad de la población que somos las mujeres. Garantizar que niñas y niños crezcan reconociéndose iguales en derechos y valía.

Donde los Estados, los gobiernos, la ciudadanía deje de voltear la cara a otro lado cuando las mujeres salgan a las calles para gritar queremos vivir libres y plenas.

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Lucía Lagunes Huerta

Volvimos a ganar la paridad

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Por Lucía Lagunes Huerta

Volvimos a ganar la paridad

Una vez más se tuvo que hacer la defensa de la Paridad en todo, para garantizar el derecho de las mujeres a participar en el próximo proceso electoral en por lo menos 5 de las 9 gubernaturas que se renovarán el siguiente año.

Aun cuando está en la constitución la paridad, los líderes partidarios nuevamente buscaron la forma de darle la vuelta.

Primero en el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) discutieron con los mismos argumentos unos y otros, ahí sí son iguales, y después en el Tribunal Electoral, que este miércoles ratificó que la paridad no puede ser un juego de una elección si y otra no, sino todo lo contrario. Que el principio de paridad en todo, debe mirarse desde la lógica de la progresividad de derechos humanos.

Las razones que se niegan a mirar, los machirulos partidarios, es la injusticia de la desigualdad con la cual han limitado los derechos humanos de las mujeres, así en general, y en particular los políticos y civiles.

Como si no pesara que en 70 años de voto femenino solo 16 mujeres hayan ejercido el cargo de gobernadora, aún con las oposiciones de ellos y gracias a los cambios legales que han hecho las mujeres comprometidas con la igualdad.

Porque si hoy gobiernan 9 mujeres en el mismo número de entidades frente a 23 gobernadores, ha sido gracias a las ciudadanas organizadas, a las consejeras y magistradas no solo convencidas de la igualdad entre mujeres y hombres, sino con la capacidad y los argumentos para defender el derecho de todas.

El miércoles volvimos a ganar la paridad, con la ley en la mano y la razón de la igualdad y no discriminación de las mujeres.

Desde que se reformó la constitución en 2019 para garantizar la Paridad en Todo, cada proceso electoral hay que defenderla de las mismas intensiones con los mismos argumentos rancios, que buscan limitarla, contenerla e incumplirla, para mantener vivo el pacto patriarcal del mayoriteo genérico masculino.

Pacto antidemocrático que busca mantener el privilegio de unos cuantos frente a la mayoría que construye democracia.

Porque la paridad no es solo 50 y 50, como se ha representado numéricamente. Es la propuesta civilizatoria más revolucionaria de la organización social, política, económica, cultural y un largo etcétera.

Es hacer tangible la equivalencia humana de las mujeres, moverlas/movernos de lugar para dejar de ser las otras y ser nosotras.

Es la base de la construcción de la sociedad del siglo XXI, que construye el camino para dejar atrás la desigualdad, discriminación y la injusticia que pesa sobre las mujeres en todos los ámbitos de la vida humana.

Lo que se ha ganado es la evolución desde una altura constitucional y democrática.

Esta es la lucha sufragista del siglo XXI que tomó la estafeta de las precursoras del siglo XVIII, porque esta persistencia no se cuenta en años sino en siglos, en argumentos y evidencia.

Volvimos a ganar la paridad para que las mujeres puedan gobernar e incluso ser presidentas de la República, aun cuando no hayan defendido el derecho a serlo.

Porque esta lucha sufragista feminista nos mira a todas y nos defiende de todas las intentonas de regresión.

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