Opinión Otra Mirada Rosa María Rdz. Quintanilla

Secretaría de las Mujeres: un buen avance

Secretaría de las Mujeres: un buen avance
  • Publicadoagosto 18, 2026

OTRA MIRAD

Secretaría de las Mujeres: un buen avance

Por Rosa María Rodríguez Quintanilla

Tamaulipas tendrá una Secretaría de las Mujeres.

Por unanimidad, el Pleno del Congreso del Estado aprobó el dictamen de la iniciativa presentada por el gobernador Américo Villarreal Anaya que eleva al Instituto de las Mujeres en Tamaulipas al rango de Secretaría de las Mujeres, convirtiéndolo en una dependencia de primer nivel de la administración pública estatal, con presencia directa en el gabinete.

No es solamente un cambio de nombre.

Estamos hablando de la evolución de los llamados Mecanismos para el Adelanto de las Mujeres, construidos después de décadas de lucha feminista para conseguir que los gobiernos asumieran la igualdad y los derechos de las mujeres como una responsabilidad del Estado.

Primero fueron programas, oficinas y comisiones. Después llegaron los institutos. Ahora, cada vez más, esos mecanismos alcanzan el rango de secretarías.

Y esta evolución tiene un antecedente fundamental.

En 1995, la Plataforma de Acción de Beijing, aprobada durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, colocó entre sus áreas prioritarias el fortalecimiento de los mecanismos institucionales para el adelanto de las mujeres y planteó que debían ubicarse al más alto nivel posible dentro de los gobiernos, con capacidad para incidir en las políticas públicas y transversalizar la perspectiva de género.

Treinta años después, aquella discusión sigue vigente.

Los institutos fueron fundamentales para colocar en las agendas gubernamentales asuntos que durante años permanecieron relegados: igualdad sustantiva, perspectiva de género, presupuestos con enfoque de género, derechos sexuales y reproductivos, violencia contra las mujeres, participación política, autonomía económica, cuidados y acceso a la justicia.

Pero con los años también quedaron expuestos sus límites.

Muchos de esos mecanismos tenían responsabilidad, pero no necesariamente poder.

Podían diseñar programas, capacitar, recomendar e impulsar políticas, pero otra cosa era conseguir que Seguridad, Salud, Educación, Finanzas, Trabajo o las instituciones de justicia incorporaran efectivamente la perspectiva de género en sus decisiones.

Ahí está el fondo de la reforma aprobada en Tamaulipas.

La iniciativa de Américo Villarreal reconoce que el Instituto de las Mujeres desempeñó una función relevante, pero sostiene que la evolución de las necesidades sociales, la complejidad de los desafíos actuales y la demanda de mayor capacidad de respuesta hicieron necesario fortalecer el modelo institucional.

También identifica una limitación concreta: su naturaleza jurídica como organismo público descentralizado hacía necesario fortalecer su capacidad de rectoría y coordinación estratégica frente a las demás dependencias del gobierno.

La nueva Secretaría formará parte de la administración pública centralizada, su titular acordará directamente con el gobernador y tendrá facultades para intervenir en la planeación, programación, presupuestación, ejecución y evaluación de las políticas públicas.

En términos sencillos: se trata de pasar de promover la perspectiva de género a tener mejores condiciones institucionales para hacer que atraviese las decisiones de todo el gobierno.

Tamaulipas se suma, además, a una transformación que ya ocurre en México.

La presidenta Claudia Sheinbaum elevó el Instituto Nacional de las Mujeres a Secretaría de las Mujeres, llevando el principal Mecanismo para el Adelanto de las Mujeres del país al gabinete federal. Una tendencia similar se observa en buena parte de las entidades federativas, donde estos mecanismos han comenzado a adquirir rango de secretaría o de dependencia equivalente de primer nivel.

Sin embargo, el avance no ha sido uniforme.

Mientras la Federación y los estados fortalecen estos mecanismos, en los municipios todavía existen resistencias para crear y, sobre todo, consolidar verdaderas instancias de las mujeres.

No basta con que aparezcan en un organigrama. Necesitan presupuesto, personal especializado, perspectiva de género y capacidad de incidencia; no pueden reducirse a oficinas asistenciales o encargadas de actividades conmemorativas.

Y es precisamente en los municipios donde las mujeres tienen el contacto más cercano con el Estado cuando enfrentan violencia, requieren orientación o buscan ejercer sus derechos.

Por eso resulta relevante que la nueva Secretaría tenga entre sus atribuciones coordinarse con las instancias municipales, brindar asistencia técnica y fortalecer territorialmente las políticas de igualdad y de prevención y atención de las violencias.

Hay una frase de la iniciativa que resume la importancia de esta transformación: la atención de las desigualdades y de las violencias contra las mujeres debe consolidarse como una función estratégica del Estado y no únicamente como una política sectorial.

Ese es el compromiso que ahora tendrá que cumplirse.

Llegar al gabinete es un avance, pero no es la meta.

Habrá que mirar el presupuesto, la estructura, el perfil de quien encabece la Secretaría, la profesionalización de su personal, su capacidad para coordinar al resto del gobierno y, sobre todo, sus resultados.

Podemos pasar de una oficina a un instituto y de un instituto a una Secretaría.

Pero el verdadero adelanto de las mujeres no se mide por el rango de una dependencia.

Se mide en cuántas mujeres logran salir de una situación de violencia. En cuántas encuentran justicia. En cuántas alcanzan autonomía económica. En cuánto disminuyen las brechas de desigualdad. Y en cuántas pueden ejercer plenamente sus derechos y vivir sin miedo.

Las instituciones importan. El rango, el presupuesto y el poder para decidir también importan.

Tamaulipas dio un paso importante al llevar la política para las mujeres al gabinete.

Ahora corresponde demostrar que ese nuevo poder institucional puede convertirse en más derechos, más protección, más autonomía, más igualdad y vidas libres de violencia para las mujeres tamaulipecas.

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Rosa Maria Rdz. Quintanilla

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