Las mujeres, fuera del discurso electoral

Faltan escasos días para que concluyan las campañas políticas y ninguno de los 4 candidatos presidenciales ha presentado una agenda política de género.

Esta grave omisión, obligó a las distintas agencias de Naciones Unidas a llamar a los candidatos a construir una agenda integral para la igualdad, que incluya lo dispuesto en la constitución, las leyes, convenciones y tratados internacionales, y garantice, en sus proyectos de gobierno, el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres en todos los ámbitos.

En México, las mujeres representan el 52% del padrón electoral, con 46 millones, 588 mil 477 ciudadanas que cuentan con su credencial para votar el próximo 1° de julio, y para los partidos políticos y sus candidatos, sólo constituyen un botín electoral, que no amerita más que promesas aisladas, fragmentadas, sobre feminicidio, brecha salarial o subsidios que perpetúan la visión asistencialista.

Trascurrieron 80 días de campañas  y el “tema de las mujeres”, sólo lo abordaron en el primero de los 3 debates entre candidatos a la presidencia, de manera muy superficial, y como parte de “grupos vulnerables”, en un formato del INE, que no alentó la discusión pública, ni la presentación de propuestas sobre los derechos de las mexicanas en sus proyectos de nación.

En un país como el nuestro, donde 6 de cada 10 mujeres sufre algún tipo de violencia a lo largo de su vida, donde son asesinadas 7 mujeres al día, donde la discriminación y la violencia política por razón de género se extiende y normaliza y donde la brecha salarial es del 17%, resulta inaceptable que, en el discurso de los candidatos y en las plataformas electorales registradas por los partidos, esté ausente una agenda política para la igualdad.

Sobre todo ahora, que México tan sólo en el 2017, cayó 15 lugares, al pasar de la posición 61 a la 81 de un total de 144 países evaluados en el reporte de brecha mundial de género 2017, del Foro Económico Mundial.

Ese desdén, ignorancia y falta de compromiso con una agenda política de género, es francamente reprobable, cuando México además, es de los países peor evaluados en participación y oportunidades para las mujeres en la economía. Un país, donde el  62% de las mujeres que trabajan lo hacen sin recibir pago alguno y que, de los 2.4 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico, 90% son mujeres y 99% de ellas trabajan en la informalidad, sin prestaciones ni derechos laborales.

Si, si hay avances notables en el ámbito jurídico, político, educativo, para el empoderamiento de las mujeres, pero insuficientes. Los obstáculos culturales, partidistas, políticos, institucionales y estructurales, son tan fuertes que derribarlos podría tardar más de 100 años.

Uno de los avances más visibles, es el principio de paridad en la postulación de candidaturas que entró en vigor en el 2014 y que  permite ahora ser uno de los países con mayor  empoderamiento político de las mujeres. El 42% de las curules en la cámara federal de diputados son ocupadas por mujeres, el 32%  en el senado,  un promedio similar en los congresos locales, aunque en la integración de los ayuntamientos el avance es mucho menor, porque sólo el 14% de las presidencias municipales están encabezadas por mujeres en el país.

Los desafíos son muchos, uno de ellos ahora, es detener la violencia política por razón de género, que se incrementó de manera escalofriante, con la llegada de más mujeres a los puestos de decisión.

Pero el camino para alcanzar la igualdad nunca ha sido fácil, ha sido siempre cuesta arriba. Históricamente los partidos políticos, se han caracterizado por ser organizaciones, donde las mujeres juegan un papel secundario. Sólo el 33% tienen obligaciones estatutarias para la igualdad y los cargos directivos para ellas en las estructuras partidistas apenas representan el 25%.

Las resistencias para integrar equitativamente a las mujeres y garantizar procesos internos democráticos, están a la vista de todos. La renuncia de Margarita Zavala al Partido Acción Nacional, después de muchos años de militancia, es una de las muestras más fehacientes de esta realidad.

Luego de su declinación a la candidatura independiente, no sólo dejó al electorado, sin la posibilidad de votar por una opción femenina, puso en evidencia a todo un sistema que sigue cerrando la oportunidad a las mujeres de competir en condiciones de igualdad por la presidencia de la república, cargo al que ninguna mujer ha llegado en nuestro país.

Mexico ha suscrito tratados y convenciones internacionales, como la Plataforma de Beijing, la Agenda 2030 y CEDAW, que lo obligan a poner fin a todas las formas de discriminación y de violencia contra las mujeres,  a reconocer y valorar los cuidados no remunerados y el trabajo doméstico, asegurar la paridad en la política, la empresa privada, en los medios de comunicación, en la academia , y en todos los ámbitos de poder, garantizar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y reducir las brechas de desigualdad en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación.

La agenda pendiente es amplia y el avance muy lento.

Por eso, no piden demasiado, quienes demandan contiendas más democráticas, donde no sea excluido del debate y del proyecto de nación el 50% de la población y que quienes aspiran a gobernar, se comprometan a trabajar por un cambio estructural, sin simulaciones, con presupuesto, planeación, leyes y políticas públicas con perspectiva de género, que sean visibles y tangibles en la vida cotidiana de las mujeres y no sólo de papel.

Rosa Maria Rdz. Quintanilla


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