Cultura

De la Silla del Águila de Peña, al 2018…

Por Ilich F. Cuéllar

Era el 3 de diciembre de 2011. Se acercaban las campañas presidenciales. El escenario: La Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Enrique Peña Nieto

Enrique Peña Nieto, precandidato del PRI y gran favorito para ganar la presidencia, presentaba su libro «México, la gran esperanza» (Grijalbo). Terminada su ponencia, a alguien se le ocurrió la atroz idea de preguntarle por sus tres libros favoritos.

«Leí algo que seguramente en mi vocación por la política alentaba ese espíritu. Fueron varios libros, algunos, La silla del águila, de Krauze”. La situación se volvió viral en las incipientes redes sociales, pues el citado libro no era de Enrique Krauze -como el precandidato aclararía después-, si no que era obra de Carlos Fuentes.

Simpático, puede ser, más si se considera que Fuentes y Krauze se aborrecían con el alma. Pero fue el primer aviso de la ignorancia del futuro presidente. Seis años después, todos conocemos la historia.

¿Alguien se dio el tiempo en ese entonces de leer o releer «La Silla del Águila» (Alfaguara, 2003)? Probablemente sobre la novela cayó una maldición, pues fue «el libro que confundió EPN».

La trama en 2003 pudo parecer lejana. En el México 2018, no tanto, ni tan ficticia: en 2020, el presidente Lorenzo Terán, emanado de Acción Nacional, y convencido que es mejor dejar ser que hacer, decide hacer alarde de principios y anuncia al mundo que se oponía a la ocupación de Colombia por Estados Unidos. Además, daba a conocer que no le vendería el petróleo a los precios que marcaba el vecino del norte, que se plegaria a las cotizaciones árabes y que tampoco se le daría el abasto exigido.

Los norteamericanos, liderados por la presidenta Condoleezza Rice (si, ella, de verdad), cortarían en represalia todas las telecomunicaciones mexicanas, dejando a todos sus ciudadanos en el medioevo. Los políticos, con la necesidad de complotar ante la inoperancia del presidente, se ven en la necesidad de enviarse cartas, violando el primer código de la política mexicana: no dejes nada por escrito.

Y es así como, a través de cartas entre una multitud de personajes más, Fuentes ofrece un crudo retrato de la política a la mexicana, tan sui generis y pintoresca como ella sola, pero mortífera y cruel, ante el menor descuido.

De esta manera conocemos a María del Rosario Galván, máxima operadora política, el producto más acabado del sistema, que no duda en usar todas las tretas a su alcance para obtener poder, incluso, su cuerpo. Es ella uno de los personajes femeninos más enredados de la literatura fuentesiana, a la que no le faltan.

Brinca su sospechoso enamorado, Nicolás Valdivia, joven que un día se aparece por la Secretaría de Gobernación pidiendo oportunidades y mostrando credenciales de formación francesa. De el nadie sabe nada, salvo que es norteño y a quien María del Rosario promete hacerlo presidente de México.

También destaca Bernal Herrera, Secretario de Gobernación y aspirante al trono, que aconseja al presidente actuar con mano firme ante las huelgas obreras pero dejar que los estudiantes se manifiesten en la UNAM. «Autoridad si, autoritarismo no», reza en una misiva.

Y así desfilan Tácito de la Canal, jefe de gabinete y también suspirante presidencial, que se destaca por su lambisconería; el ex presidente Cesar León, que vuelve al país para buscar reelegirse; Onésimo Canabal, presidente del Congreso de la Unión, que cree que manipula, sin saber que él es un títere más en la puesta en escena; el jefe de la Policia Federal, Cicero Arruza, quien alardea que no tiene enemigos, porque los ha matado a todos; el general Mondragón Von Bertrab, profesional secretario de la Defensa Nacional, y los caciques sempiternos en San Luis Potosí, Tamaulipas, Sonora, Baja California y Tabasco, que se aprovechan de los vacíos de poder.

Hay dos personajes icónicos, distinguibles en la historia nacional: el Anciano del Portal, quien toma café en el Café de La Parroquia en Veracruz, vigilando el puerto y despachando sabiduría política, quien no es otro que Adolfo Ruíz Cortines. El otro es Tomás Moctezuma Moro -analogía del patrono de los políticos- presidente electo asesinado en 2012 por sus ideales y por ser «demasiado peligroso para los intereses de todos». Su fantasma atormenta a todo el elenco y recuerda en demasía a Luis Donaldo Colosio, para bien y para mal.

Carlos Fuentes hizo gala de un conocimiento y manejo impecable de la historia de México, adornando y adaptando las páginas con pasajes oscuros, dando a entender que para nuestra casta política, todo se vale. Para muestra, una conversación sobre el hallazgo de unos huesos humanos en un jardín, gracias a las visiones de una bruja.

Se ha citado como principal inspiración para la estructura de este libro a la novela «Las relaciones peligrosas» del francés Choderlos de Laclos, en la que dos miembros de la nobleza francesa se envían cartas para intrigar y competir por ver quién es más libertino.

La otra gran inspiración, es «El Príncipe» de Nicolás Maquiavelo. Los personajes de esta historia no dejan de lanzarse referencias y consejos basados en las tres características explicadas por el italiano en su obra: virtud, fortuna y poder.

Un homenaje -uno más- al afrancesamiento del autor, es la inclusión del personaje del Hombre de la Máscara de Nopal, recluido en el Castillo de San Juan de Ulúa, haciendo referencia al «Hombre de la Máscara de Hierro», de Dumas, «nomás que pa’ser original y autóctono la mande pintar de verde nopal», se lee por ahí.

Hay lecciones y referencias que bien les serviría a los actuales candidatos presidenciales, para saber si saben qué terrenos pisan, y ver si están conscientes del embrollo descomunal al que se aventuran.

«La política es la actuación pública de pasiones privadas»

«Rodamos de crisis en crisis por andar matando estudiantes»

«Aproveche el periodo de gracia al asumir la Presidencia. Las lunas de miel son muy cortas. Los bonos democráticos se devalúan de la noche a la mañana».

«Hemos vivido con los ojos pelones, sin saber qué hacer con la democracia. De los aztecas al PRI, con esa pelota nunca hemos jugado aquí».

«La política es el arte de tragar sapos sin hacer gestos».

«Te ponen en el pecho la banda tricolor, te sientas en La Silla del Águila y vámonos!. Es como si te hubieras subido a la montaña rusa, te sueltan …y haces una mueca que se vuelve tu máscara».

¿Cuántos sapos desayunarán Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Margarita Zavala?

¿Tendrán lista su máscara?

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