Los HechosOpinión

La megadeuda y el porvenir

LOS HECHOS

POR José Inés Figueroa Vitela

LA MEGADEUDA Y EL PORVENIR

Los neófitos se preguntan ¿y dónde está el dinero?

La Secretaría de Finanzas podrá pensar que como en el ejercicio anterior, con alguna promesa, excusa o aldaba se borrarán los pasivos brincando el año.

Y los mirones externos harán cuentas de esos proveedores blandiendo facturas, para calcular los compromisos sin cumplir al cierre del ejercicio.

Cuando TOMAS YARRINGTON en las postrimerías de su sexenio solicitó un crédito por 700 millones de pesos, las oposiciones pusieron el grito en el cielo.

Ni CAVAZOS y menos AMÉRICO -sus antecesores- habían endeudado al Estado.

La mayoría priísta en el Congreso se impuso y TOMÁS sacó el préstamo que se usó para pagar pasivos, deudas con proveedores y prestadores de servicios en el último mes de su gestión, de modo tal que se fue sin deberle a nadie.

Restando dos años de su ejercicio, EUGENIO HERNÁNDEZ FLORES anunció la posibilidad de potenciar 7 mil millones de pesos hasta en siete tantos y convertir esos cerca de 50 mil millones en decenas de obras de gran calado por los distintos rumbos de la entidad.

Igual las oposiciones en el Congreso se escandalizaron, pero el partido en el Gobierno, dominando la cámara, extendió el aval para el empréstito por esos 7 mil millones, que requirió de otros mil millones, cuando la crisis inmobiliaria de los Estados Unidos en el 2 mil 9 provocó devaluación del peso y escalada de precios en México.

Solo la nueva torre gubernamental amparaba la inversión producto del financiamiento; en torno de ella, en el parque bicentenario, en Victoria capital, además se construyó el nuevo Palacio Legislativo, el Archivo Histórico del Estado, el Polyforum Rodolfo Torre, el Centro Ferial, el complejo de oficinas para la sede estatal del Registro Civil y el Catastro, así como la Oficina Fiscal y un extenso parque con jardines, andadores y mobiliario, coronados por la escultura monumental del águila bicentenario, creación del afamado SEBASTIÁN, con su plazoleta.

En Tampico se construyó el Centro de Convenciones y sendos megaparques culturales en Reynosa y Nuevo Laredo, por hablar de las obras de mayores dimensiones y vistosidad.

Luego vino EGIDIO TORRE CANTÚ y con el temade combatir la inseguridad sacó 5 mil millones de pesos del banco con cargo a la deuda pública estatal; deuda e inseguridad corrieron parejeras, galopantes con la misma vieja fórmula de la queja y la justificación legislativa.

Entrando-entrando, de un plumazo, el gobierno de FRANCISCO JAVIER GARCÍA CABEZA DE VACA duplicó la deuda.

Para ese entonces, los 12 mil millones que se tenían por pagar a las instituciones fiduciarias en promedio de 15 años, se fueron al doble del plazo, sin que se redujera el monto de las amortizaciones.

Uno supone que si debes y pagarás 100 pesos en un año, al correr la deuda a dos años, pagarás la mitad en tus mensualidades, pero no es así.

El solo trámite para renegociar 9 mil millones de pesos -siempre en números redondos- tuvo un cargo adicional superior al diez por ciento de la suma, casi mil millones de pesos y se tuvieron que contratar garantías de pago que no se contabilizan como nueva deuda, pero igual corren con cargo al erario público.

Los diputados hasta festinaron el dicho de que la renegociación de la deuda significaría ahorros de 600 millones de pesos al gobierno estatal, aunque nunca les explicaron cómo, cuándo o donde.

El hecho es que los pagos por el servicio de la deuda pública estatal directa, no solo no se redujo, sino que sigue creciendo de manera exponencial, como veremos más adelante.

A esa tácita duplicación de la deuda, se han seguido sumando más endeudamiento.

En el año que termina, el Gobierno contrató con los bancos al menos otros 3.15 miles de millones de pesos prestados.

El Congreso se los autorizó sin chistar “para terminar la construcción de la obra del penal federal en Ciudad Victoria, en el que se aplicarán mil 700 millones de pesos; 36 estaciones de seguridad o paraderos en las principales carreteras de la entidad, que se ubicarán cada 50 kilómetros en las principales vías, con una inversión de 64 millones de pesos; 240 millones de pesos del crédito serán para rehabilitar penales del estado y 910 millones de pesos en la construcción de complejos de la SSPE en Reynosa, Nuevo Laredo y Tampico”, dijo la explicación de motivos.

Hoy que concluye el ejercicio, esas obras no se han ejecutado, pero los compromisos con los bancos ya están corriendo y el Congreso sigue generosamente extendiendo más avales para la multiplicación de la deuda pública estatal.

De aquellos 3 mil 150 millones autorizados, en el último informe publicado en el Periódico Oficial del Estado, a septiembre, se habían dispuesto solo 85 millones, pero el monto total ya estaba contratado con Bancomer, Santander y Banamex.

Contra los mil 200 millones de pesos que se pagaban por servicio de la deuda hasta la víspera de este gobierno, para el año entrante el Estado debería pagar 2 mil 200 millones de pesos; mil millones más.

Así se establece en el Presupuesto de Egresos 2019 solicitado y autorizado por el Congreso Local en este diciembre.

Ahí van incluidos más de 800 millones de pesos que se convirtieron tácitamente en nueva deuda, por amortizaciones no cubiertas; son intereses sobre intereses, no dinero que haya ingresado al Estado.

Y en eso -los 2 mil 200 millones- tampoco están incluidos los 840 millones de pesos que también los generosos diputados autorizaron al Gobierno pagarle a un particular cada año, de a 70 millones de pesos mensuales -IVA incluido-, para que ponga más cámaras, dos arcos y un C-4 en Reynosa, así como démantenimiento al sistema de videovigilancia estatal.

Haciendo cuentas, con estos 4 mil millones que significan la concesión parcial por seis años del servicio de videovigilancia, más los 800 millones de moratorios, los 3 mil millones para “obras de seguridad” y los 14 mil millones que se volverán a pagar en otros 15 años de amortizaciones, en poco mas de dos años que van de este gobierno, la deuda ya creció en 21 mil 800 millones de pesos.

Y contando.

Por eso cuando se habla de las cuentas sin cubrir al cierre del ejercicio 2018 por el área de finanzas estatales, se dice con razón, “son minucias” y si están en la intención de no pagarlas, también serán poco los reclamos de los afectados.

El Porvenir es otro.

Acá siempre se estará mejor que enfrente.

 

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