Ambrocio López Gutierrez
Los presidentes no son pendejos
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
Los presidentes no son pendejos
Tuve la oportunidad de ver por TV UNAM la entrevista-debate entre los politólogos Juan Carlos Monedero (español) y John Ackerman (estadounidense naturalizado mexicano) quienes hablaron de partidos, movimientos, ideas, democracia y política en general, sin embargo, el académico metido a conductor de televisión (aparece en todos los canales oficiales) llevó la controversia de manera obsesiva hacia el Movimiento de Regeneración Nacional e intentó infructuosamente que su invitado se pronunciara a favor de la renuncia de Mario Delgado por considerar que una inadecuada selección de candidatos en Aguascalientes y Durango impidió que MoReNa ganara también esas entidades.
Me impresionó el dominio del tema por parte del doctor Monedero quien ha sido fundador del partido Podemos en España y ha mostrado un sincero interés por el ascenso de la izquierda en Latinoamérica pues ha sido observador electoral internacional en varios países de esta región. De manera contundente rechazó hablar de personas porque lo suyo es abordar situaciones teóricas, proyectos, ideologías, políticas de Estado y se dijo respetuoso del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero también consideró que Mario Delgado es un hombre que sigue al frente del partido gobernante a nivel federal porque ha armado un equipo que sabe ganar elecciones ya que en muy poco tiempo ha derrotado a los partidos tradicionales en la mayoría de las entidades.
El doctor Ackerman volvió a la carga diciendo ante la pantalla de la máxima casa de estudios del país que Delgado debe salir de la presidencia del partido mencionado porque ha impedido la democracia al interior, además, afirmó que el presidente AMLO ignora lo que hace el responsable de MoReNa: Ahí fue donde Monedero ya no aguantó la presión y atajó a su colega afirmando que todos los presidentes que ha conocido en países europeos y americanos son personas muy bien informadas, que llegaron a esa responsabilidad precisamente porque le tomaron el pulso a la realidad de las naciones que gobiernan y remató levantando la voz: “los presidentes no son pendejos”.
Más adelante, Monedero ofreció una cátedra de ciencia política diciendo, entre otras cosas, que no debemos confundir partido con movimiento, proyecto con programa, declaración de principios con ideología, ni gobierno con Estado. También afirmó que la 4T, con AMLO al frente, ha realizado cambios importantes en México, que en dos años cumplirá algunas otras expectativas y que más adelante, otros expertos harán el balance de logros o de posibles fracasos. Ante un Ackerman medio aturdido, el español dijo que hace críticas duras en su país pero que procura ser respetuoso de los gobernantes o líderes partidistas de los países donde es invitado.
Según la página de Nueva Sociedad, el fundador de Podemos estudió Economía, Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Cursó sus estudios de posgrado en la Universidad de Heidelberg (Alemania) y es profesor titular de Ciencia Política en la UCM. Ha sido ponente en la Organización de las Naciones Unidas (Nueva York y Ginebra) y dirige el área de Gobierno, Políticas Públicas y Democracia del Instituto de Estudios Internacionales. Algunos de sus libros son Curso urgente de política para gente decente (Seix Barral, Barcelona, 2013) y La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española (Catarata, Madrid, 2011). Conocí al politólogo ibérico hace más de diez años cuando pronunció una conferencia magistral en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Victoria (UAT).
Por su parte, a través de redes sociales, Ackerman dio su versión del encuentro: Transmitimos el candente debate que tuvimos con Juan Carlos Monedero en el marco de la 9° Conferencia de CLACSO en México. En nuestro diálogo charlamos sobre los retos de la segunda ola progresista inaugurada por Andrés Manuel López Obrador, así como sobre el papel decisivo de partidos-movimiento como Morena en esta coyuntura global, donde el neoliberalismo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Al respecto, Juan Carlos sostuvo que: “O hacemos partidos-movimiento o, en esta segunda ola de regreso de las fuerzas políticas de la izquierda, volveremos a fracasar”.
Por mi parte, sostuve que en este contexto se hace necesario defender al partido de la Cuarta Transformación del asalto priista, pues hoy más que nunca debemos demostrar que otra forma de hacer política es posible. Ello nos llevó a debatir sobre la polémica figura de Mario Delgado, a quien Juan Carlos sorprendentemente defendió como supuestamente un hombre “de confianza” de Andrés Manuel López Obrador. Además de compartirle a Juan Carlos mi experiencia en la Convención Morenista y transmitirle la indignación de las bases de Morena hacia la dirigencia actual, le recordé que López Obrador siempre ha llamado a que prevalezcan los espacios de debate en el partido y que nunca ha dudado en exhibir a los impostores. El académico Ackerman llevó agua al molino del político morenista Ackerman.
Según es.wikipedia.org, John Mill Ackerman Rose (Philadelphia, Pensilvania, Estados Unidos; 28 de septiembre de 1973), conocido como John Ackerman, es un profesor, conductor y activista político estadounidense, naturalizado mexicano. Fue presidente adjunto de la Asociación Internacional de Derecho Administrativo. Es director de la revista académica Mexican Law Review y es columnista en el periódico mexicano La Jornada. Es investigador nivel B del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y es investigador nivel III, PRIDE D, del Sistema Nacional de Investigadores. Ha sido señalado (sin llegar a comprobarse) de ser un agente de la CIA.
Nacido en el seno de una familia de origen judío en Philadelphia, Pensilvania, es hijo del pensador social liberal Bruce Ackerman y de la economista Susan Rose-Ackerman, ambos profesores de la Yale Law School. Está casado con Irma Eréndira Sandoval, quien formó parte del gabinete de Andrés Manuel López Obrador como titular de la Secretaría de la Función Pública del 1 de diciembre de 2018 hasta el 21 de junio de 2021. Su formación universitaria fue en el Swarthmore College, de Pensilvania, en donde se graduó en 1996 como licenciado en Filosofía (BA o Bachelor of Arts). Comenzó en México sus estudios de maestría en la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM).
Posteriormente, regresó a los Estados Unidos para culminar su maestría y graduarse en 2007 como doctor (PhD) en Sociología Política por la Universidad de California en Santa Cruz, con la tesis Autonomía empoderada: la política de delegación y rendición de cuentas en México (Empowered autonomy: the politics of delegation & accountability in Mexico). En 2014 obtuvo el grado de doctor en Derecho Constitucional por la UNAM: su tesis fue dirigida por el doctor Jaime Cárdenas Gracia y en cuyo comité participaron Jorge Fernández Ruiz y Daniel Cazés Menache; su tesis sirvió como base del libro que lleva el mismo nombre, el cual fue publicado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas en 2016 bajo el número 271 de la serie Estudios Jurídicos.
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Ambrocio López Gutierrez
La derecha está amosomada
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Ambrocio López Gutierrez
Los intelectuales lamehuevos
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
Los intelectuales lamehuevos
El mes de mayo quedó marcado por acontecimientos entre los que destacó la accidentada visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. La representante de la ultraderecha española estuvo cuerpeada en México por los gobernadores de Acción Nacional quienes, en mala hora, se encomendaron a la citada política ibérica.
También se subió a ese tren el presidente del grupo Azteca, Ricardo Salinas Pliego, cuyo conglomerado empresarial hace la guerra mediática a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Medios nacionales e internacionales han dado cuenta del fiasco que ha sido la gira de la española por tierras mexicanas, sin embargo, vale la pena recuperar un resumen del magnífico texto de Abraham Nuncio, académico de la Universidad Autónoma de Nuevo León y editorialista de La Jornada.
El escritor norestense señala que Andrés Manuel López Obrador pidió en marzo de 2019 al rey Felipe VI ofrecer disculpas al pueblo de México por lo que significó la conquista a manos de la monarquía española.
Desde la derecha y un segmento de la izquierda mexicanas se lo tildó de ocioso, teatral, anticlimático, inapropiado y hasta ridículo. Si la monarquía española contemporánea no comulgara con ambos y hubiera aceptado la solicitud de López Obrador, Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, no habría osado venir a rendir homenaje a la figura de Hernán Cortés, revalidando con ello lo que la Conquista resultó para la sociedad del Anáhuac en términos reales de saqueo, genocidio y destrucción material y cultural; ni a fortalecer a la oligarquía empresarial de nuestros días en territorio mexicano y los empeños imperialistas de Estados Unidos y su periferia partidaria, eclesial y mediática en ambos países.
Ya en 1992, con motivo de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, esa periferia se tonificaba con carantoñas ideológicas de un grupo de intelectuales lamehuevos, entre ellos algunos sedicentes guiados por Clío. Repitieron la expresión “encuentro de dos mundos” hasta el hastío.
Sus medios, sus académicos y sus políticos le quisieron quitar peso llamando así a las atrocidades, despojo y demás actos violentos de la Conquista. De paso le restaban entidad a la resistencia de los gobernantes y el pueblo mexica. A ese “encuentro” lo consideraron “civilizatorio”.
Tras la injuria, el insulto. Esas manipulaciones, que entonces ocultaron la infamia de la conquista financiada y organizada por la corona española y efectuada por sus capitanes y ejércitos armados con tecnología de fuego, ahora la glorifican.
La resistencia permanente de los pueblos a la rapacidad y opresión de los imperios ha generado odio y desprecio hacia sus protagonistas. Los jefes de Estado de la Comunidad Europea jamás perdonaron al boliviano Evo Morales cuando les hizo las cuentas a los “hermanos europeos” de la sustracción que hicieron de nuestras riquezas durante la colonia en América Latina y el Caribe a través de España. Después de 500 años era justo que nos regresaron ese valor. Sólo del monto, en lo que hace a los metales su deuda, con intereses simples, equivaldría a todo lo que vale Europa entera, y no completarían. Otro tanto, si bien menos puntual, señaló Pedro Castillo. Tampoco lo perdonaron. Ni, como lo hizo a gritos histéricos, el rey Juan Carlos a Hugo Chávez. La misma actitud han asumido con Lula, López Obrador, Sheinbaum y Petro.
Regresando a Cortés. El mejor juicio sobre su conducta, y la semejante de otros conquistadores, fue el de los hombres de su época. En el significativo decreto del rey Carlos I publicitado por la presidenta Claudia Sheinbaum, se le siguió un juicio de residencia por crímenes de toda laya (asesinatos masivos con todas las agravantes, esclavismo, tortura y otros actos de barbarie sin atenuantes).
Epítome de las atrocidades de Cortés fue el trato vil que dio al emperador Cuauhtémoc. Vencido y apresado lo sometió a tortura y finalmente lo mandó ahorcar como si se tratara de un vulgar malhechor. La causa: arrancarle el secreto sobre la ubicación del tesoro real de los aztecas. No lo consiguió. Pero a eso es a lo que vienen los representantes de los imperios de ayer y de hoy: a robar todo lo que pueden.
El testimonio de intelectuales honestos, lúcidos y valientes sobre la barbarie de los conquistadores, pronto se dio a conocer por boca y pluma de varios clérigos dominicos. Antonio de Montesino, desde La Española, fustigó a los responsables de los tratos crueles y homicidas que daban a los indígenas (1511).
“¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día?”
El memorable sermón de Montesinos fue recogido por otro dominico, el obispo Bartolomé de las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde se refiere a las reiteradas acciones de la conquista: “Entre éstas son las matanzas y estragos de gentes inocentes y despoblaciones de pueblos, provincias y reinos que en ellas se han perpetrado…”
Más tarde, el dominico Servando Teresa de Mier, precursor de la independencia nacional, realizó una edición de la obra de De las Casas. En este preciso momento, tan ilustres figuras y actos de la resistencia frente a la opresión y el saqueo imperialistas exigen una toma de conciencia y la decisión de aprestarse a combatirlos por todos los medios. Correo: amlogtz@gmail.com
Ambrocio López Gutierrez
La huelga del águila de 1924
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
La huelga del águila de 1924
“La Huelga del Águila de 1924”, una de las obras recientes del historiador tamaulipeco José Ángel Solorio Martínez, sumerge al lector en uno de los episodios más trascendentales de la historia obrera mexicana: la monumental huelga de los trabajadores de la Compañía Mexicana de Petróleo (subsidiaria de la angloholandesa Royal Dutch Shell), que estalló el 22 de marzo de 1924 en Doña Cecilia (hoy Ciudad Madero). Este conflicto laboral no fue un mero paro de labores, sino un pulso épico entre la incipiente fuerza sindical mexicana y los consorcios petroleros internacionales, marcando un antes y un después en las relaciones obrero-patronales del país. A continuación, presento una versión sintetizada del reporte que sobre el mencionado texto elaboró Daniel Nava Villa, estudiante de la licenciatura en Historia y Gestión del Patrimonio Cultural que se imparte en la FCEH de la UAT.
La obra se contextualiza en la efervescencia posrevolucionaria, una década de grandes transformaciones sociales y políticas donde los ideales de justicia social plasmados en la Constitución de 1917, especialmente el Artículo 123 sobre los derechos laborales, buscaban materializarse. Sin embargo, la realidad de los trabajadores petroleros estaba lejos de esos ideales. Las compañías extranjeras, como “El Águila”, operaban con una gran autonomía y, a menudo, con desprecio por las condiciones laborales y los salarios de sus empleados mexicanos. Las jornadas eran extenuantes, los salarios bajos y la posibilidad de organización sindical era sistemáticamente reprimida. La empresa mantenía una posición de poder casi inexpugnable, respaldada por su peso económico y, en ocasiones, por la complicidad de autoridades o la represión militar.
La chispa que encendió la huelga fue la acumulación de años de explotación y el anhelo de dignidad. Los trabajadores, conscientes de la vitalidad estratégica de la industria petrolera, decidieron organizarse y lanzar un pliego de peticiones. Entre las demandas principales se encontraban la exigencia de salarios justos, la reducción de la jornada laboral a ocho horas, la mejora de las condiciones de seguridad e higiene, y, fundamentalmente, el reconocimiento legal de su sindicato. Los temas centrales de la obra: 1. El Conflicto Laboral: La obra seguramente profundiza en las causas de la huelga, las demandas de los trabajadores, las negociaciones (o la falta de ellas) con la empresa y el gobierno, y las estrategias de ambos lados.
- LOS PERSONAJES: Es probable que la historia sea contada a través de los ojos de diversos personajes, tanto trabajadores ferroviarios como líderes sindicales, empresarios, políticos y quizás figuras militares o del orden público. Esto permitiría explorar las diferentes perspectivas detrás del conflicto. 3. La Lucha por la Justicia Social: La huelga no solo sería un conflicto económico, sino también una lucha por la dignidad, los derechos y la justicia social. El libro podría resaltar las desigualdades y las condiciones de vida difíciles que llevaron a la movilización. 4. El Poder y la Política: Las huelgas de esta magnitud a menudo están intrínsecamente ligadas al poder político. La obra podría mostrar la intervención del gobierno, las presiones políticas, las ideologías en juego y cómo el poder se ejerce para intentar resolver o suprimir el movimiento.
- Las Consecuencias Humanas: Más allá de los aspectos políticos y económicos, el libro probablemente exploraría el impacto humano de la huelga: las dificultades que enfrentaron las familias de los huelguistas, los sacrificios, la solidaridad entre ellos y las tensiones dentro de la comunidad. 6. La Organización Sindical: Es muy probable que la narración destaque el papel de los sindicatos en la organización y dirección de la huelga, mostrando los desafíos internos, las diferencias de opinión y la construcción de la unidad entre los trabajadores. 7. El Contexto de la Época: La atmósfera de los años 20 en México, con sus cambios culturales y sociales, podría ser un telón de fondo importante, influyendo en las decisiones de los personajes y en el desarrollo de la trama.
La obra profundiza en los personajes clave de este drama social. Por un lado, se presentan a los líderes obreros, figuras como Serapio Venegas, Gregorio Turrubiates e Ignacio Gamberos, quienes con gran valentía y tenacidad encabezaron el movimiento. Estos personajes encarnan la determinación de miles de trabajadores que, a pesar de las represalias, el hambre y la incertidumbre, se mantuvieron firmes en su lucha. La narrativa probablemente explora sus motivaciones, los desafíos de organizar a una masa heterogénea de trabajadores y la constante amenaza de la represión. Por otro lado, la obra podría introducir a los representantes de la compañía “El Águila”, quienes representan el capital transnacional, la resistencia a ceder privilegios y la visión de los trabajadores como meros engranajes de una maquinaria productiva.
EN LA INVESTIGACIÓN DESTACAN figuras gubernamentales, como Emilio Portes Gil (quien tuvo un papel relevante en el sindicalismo petrolero de la época), cuya postura y acciones fueron decisivas en el desarrollo y desenlace del conflicto. La tensión entre el gobierno, las empresas extranjeras y los sindicatos es un eje central de la trama. La huelga de El Águila fue un conflicto prolongado, que se extendió por 117 días y tuvo repercusiones nacionales e incluso internacionales. La narrativa del tamaulipeco, al abordar este período, detalla las estrategias de los huelguistas, desde las asambleas multitudinarias hasta los piquetes y la resistencia a la intimidación.
También muestra las tácticas de la compañía, que intentaba dividir a los trabajadores, contratar esquiroles y presionar al gobierno. La solidaridad de otros gremios y el apoyo popular en la región de Tampico-Doña Cecilia fueron cruciales para el sostenimiento del movimiento, y la obra probablemente resalta estos lazos de hermandad obrera. La lucha no estuvo exenta de intrigas y conspiraciones, tanto por parte de los intereses capitalistas como de facciones dentro del propio movimiento obrero con diferentes filiaciones políticas. El punto culminante de la narración es la resolución de la huelga, que se logró el 17 de julio de 1924 con un triunfo histórico para los trabajadores. “El Águila” se vio obligada a reconocer oficialmente al sindicato y a firmar el primer Contrato Colectivo de Trabajo en el ramo industrial petrolero de México.
Este logro no solo significó una victoria para los obreros de la Compañía “El Águila”, sino que sentó un precedente fundamental para la reglamentación y aplicación del Artículo 123 constitucional, abriendo camino a la consolidación del sindicalismo en el país y marcando un hito en la lucha por los derechos laborales en América Latina. La novela, al concluir, no solo celebra esta victoria, sino que probablemente reflexiona sobre su significado histórico, las cicatrices que dejaron la lucha y el camino que aún quedaba por recorrer en la construcción de un sistema laboral más justo en México. La huelga del Águila de 1924 es, en esencia, la crónica de cómo la unidad y la resistencia de los trabajadores pueden doblegar el poder del capital y transformar la historia.
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