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Lucía Lagunes Huerta

Defensora popular profundamente feminista: Teresa Ulloa

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ZONA DE REFLEXIÓN

Por Lucía Lagunes Huerta

Defensora popular profundamente feminista: Teresa Ulloa

Cimacnoticias | Es parte de la generación que une dos siglos, el de la tercera ola y el que algunas han llamado el de la cuarta ola del feminismo.  Su historia personal está trenzada con la historia democrática de México. Desde el seno familiar creció con la idea de lo justo, por ello toda injusticia la interpela, más aquella que involucra a las mujeres y niñas.

Teresa Ulloa cuando joven. Cortesía: Teresa Ulloa Ziáurriz

Recientemente, la socióloga feminista abolicionista, Rosa Cobo Bedía, autoridad en materia de la crítica a la prostitución como trabajo, señaló: “En el abolicionismo cada quien trabaja desde donde está, hay quienes hablan y está muy bien que hablen; pero hay otras que lo hacen aun poniendo en peligro su vida y lo hacen más allá de sus propias fuerzas: esa es Tere”.

Con estas palabras rindió homenaje a su “amiga y maestra”, Teresa Ulloa Ziáurriz, en el marco del VII Congreso Latinoamericano y Caribeño sobre Trata de Personas y Tráfico de Migrantes realizado en días pasados en la Cámara de Diputados de México.

Tere –como se le conoce– forma parte del movimiento parteaguas por las libertades democráticas en México de 1968, más de medio siglo defendiendo la vida libre de violencia contra las mujeres. El autor de la represión de ese entonces murió este fin de semana, el ex presidente Luis Echeverría Álvarez.

“Fue nombrada después de su abuela, su hija fue nombrada después de su madre. Tres mujeres claves en su vida: las dos primeras le dan fuerza y la primogénita le da la alegría por luchar”, así inicia su semblanza en el libro Mil Mujeres por la Paz, iniciativa mundial de 2005 que impulsó a mil mujeres de todo el mundo para que recibieran el Premio Nobel de la Paz en colectivo, como un ejercicio de justicia ante la discriminación que han vivido las defensoras en este galardón.

Graciela Colín Ziáurriz Hernández con Teresa Ulloa.
Cortesía: Teresa Ulloa Ziáurriz

“Teresa Ulloa ha caminado sobre sus rodillas gastadas, caminando este país para reunirse con otras mujeres, compartiendo su creencia de que no se debe vivir con miedo, exigiendo a las autoridades el cumplimiento de sus compromisos y enseñando a la población los mecanismos e instrumentos legales necesarios para erradicar la violencia contra las mujeres”, narra la semblanza.

Tere ha sido maestra de infinidad de defensoras e incluso periodistas. Cuando toma una causa, no es de las que abandonan a mitad de camino por muy difícil que sea, le reconocen quienes la conocen y han coincidido con ella en sus 53 años de activismo feminista.

Para esta feminista que inició en el sindicalismo machista de los años 80 como asesora y dirigenta en el Colegio de México, “la paz reside en la posibilidad de una vida sin ningún tipo de violencia. Una vida como esta solo es posible a través del diálogo y la justicia. Un futuro de paz llegará cuando desparezca la desigualdad entre hombres y mujeres”, asegura durante la entrevista para la iniciativa Mil Mujeres por la Paz.

También se le reconoce como “la primera mujer abogada en defender los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres en los tribunales mexicanos, ha diseñado un programa comunitario para aumentar el respeto por los derechos de las mujeres más allá de los recursos legales actuales”, explica Ashoka en su página de becarias de 1997.

Y abunda: en las reformas legislativas de 1989 y 1990 promovieron protecciones legales para las mujeres en México. Las nuevas leyes aumentaron el castigo por violación y cerraron la brecha para que los violadores eviten la sentencia simplemente pagando una multa, por ello recibió la Beca Ashoka que se otorga a liderazgos sociales mundiales, que tienen propuestas innovadoras o de alto impacto en la sociedad.

Teresa Ulloa Ziáurriz se define como guerrera, luchadora y workaholica, y feminista de izquierda.

La conversación se hace a través de la pantalla de computadora que, en épocas de pandemia, se ha convertido en la vía de comunicación.

En estos tiempos, las definiciones ideológicas pareciesen haberse perdido y ante una de las más duras embestidas contra el feminismo, es necesario redefinir conceptos o dejarlos aclarados por lo menos. Por ello, Ulloa define que ser una feminista de izquierda es: “Tener muy claro que la opresión de las mujeres pasa por la opresión de clase, de etnia, de preferencia sexual, el lugar que ocupa en la estructura social, si tienen acceso o no a la propiedad de los medios de producción. Cosa que es muy rara y que hay que luchar por que se logre”.

¿Cómo es que llegas a esa conciencia de clase?

“Estaba terminando la preparatoria en The Pan American Workshop, tenía amigas y amigos que participaban en el movimiento estudiantil (1968). Pero desde mi casa me generaron un sentimiento muy fuerte de lucha contra la injusticia”.

Su hermana Graciela, con quien ha compartido parte del camino social feminista, recuerda que Tere siempre la defendió en la escuela; desde niña Tere asumió en todo el papel de la hermana mayor, “estuvo pendiente de mí siempre”, recuerda Greis, como la llama Tere.

“Yo leí los documentos que me compartían mis amigas y amigos del movimiento estudiantil y era un movimiento justo, que no estaba aislado, que se estaba replicando en otras partes del mundo, tenía mucha simpatía por el movimiento. En mi tiempo libre les ayudaba en las pintas, en el volanteo, en lo que yo pudiera.

Después trabajé con sindicatos, al entrar a trabajar al Colegio de México (en donde laboró por una década y fue la secretaria General del Sindicato), ese trabajo obviamente te hace entrar en contacto con el enfrentamiento entre la clase trabajadora y el capital. Ahí observé el papel que juegan las mujeres en esas negociaciones, cómo las objetivaban, cómo las asustan, las condiciones para mejorar; justo por ser mujer, ahí empecé a fortalecer esa idea que me dejó el movimiento del 68 de la justicia”.

Y aunque no lo nombra, también esta observación empírica la lleva a ir conformando su feminismo de izquierda.

Teresa Ulloa Ziáurriz
Cortesía: Teresa Ulloa Ziáurriz

Teresa Ulloa asesoró prácticamente a todos los sindicatos universitarios de aquella época; cuando recuerda, deja escapar una sonrisa de triunfo: “Con la única que se sentaban a discutir puestos y tabulador desde la Secretaría de Programación y Presupuesto, era conmigo”.

Su militancia sindical la llevó a Puebla para conformar un sindicato de transporte urbano. Desde el lado independiente, al oficialismo de la CROC (Confederación Revolucionaria de Obreros y campesino, uno de los brazos corporativistas del Partido Revolucionario institucional) no le gustó y un día, la persiguieron para amenazarla: “Que si no salía de Puebla, me iban a matar”.

Ella era parte de un colectivo de abogados democráticos. Tras la amenaza, vino la misoginia, un día –recuerda Ulloa– los dirigentes sindicales que asesoraba en Puebla le aseguraron que: “Ninguna mujer les iba a mandar ni decir qué tenían qué hacer”. Cuando lo compartió con el colectivo de abogados, la respuesta que tuvo fue la sustitución: ella dejaría de asesorar para ser suplida por un hombre.

Las historias no son lineales, siempre se cruzan, se trenzan. A la par de la dirigencia sindical que ocupó de 1979 a 1984, crea el colectivo jurídico “Compañera”. Las historias de discriminación y acoso que vio en los sindicatos le dejaron claro el camino a seguir desde entonces.

“Tengo contacto –con el feminismo– a partir de que salgo del Colegio de México y constituyo el colectivo jurídico ‘Compañera’, donde estamos solo abogadas para atender casos de violencia, de acoso sexual, de violación. De pronto empezamos a recibir el primer año 100 casos”, y fueron creciendo: “Me empiezo a desesperar, pues por más hombres que metíamos a las cárceles no logramos generar ningún cambio”.

Para entonces, otras abogadas en México estaban en el mismo camino, así que va en su búsqueda: “Entro en contacto con la Red por la Salud de las Mujeres del Distrito Federal, con compañeras de la sección 22 del Magisterio de Oaxaca; con Martha Figueroa, quien tiene una organización en Chiapas también; la abogada Mireya Toto, que estaba defendiendo el caso emblemático de Luz (Elvira Luz Cruz, trabajadora del hogar que es acusada de asesinar a sus cuatro hijos, caso que se convirtió en película como Los Motivos de Luz en la década de los 80); fue mucho de buscar realmente”.

A Tere Ulloa le marcan las historias y especialmente las que tienen que ver con las mujeres, sus violencias y discriminaciones, pero en especial aquellas que tienen como víctimas a las niñas.

¿Cómo llegas al tema de violencia contra las mujeres?

“Porque cuando estaba asesorando el Colegio de Postgraduados llegaron las mujeres de la parte baja de Chimalhuacán a solicitar la asesoría del sindicato, el apoyo y la solidaridad, porque tenían dos niñas violadas tumultuariamente. Entonces el sindicato votó darles la solidaridad con la abogada, o sea, yo.”

Después de ello, “ya no regresé a asesorar sindicatos, me quedé en el tema de violencia sexual”.

Como abogada, Teresa no se queda solo en el aspecto jurídico, busca una atención integral para las víctimas. Amelia y Rosita –de 10 y cuatro años– le marcaron el camino a Teresa para ser la defensora que es hoy, la abogada que busca la paz.

“Sentí que había mucha necesidad de buscar patrones y hacerles justicia a las víctimas. Tuve que meter muchos recursos porque querían dejar en libertad los agresores; tuve que llevarme a las niñas, cuidarlas, prepararlas, arreglarlas para que estuvieran en la audiencia, comprar unas muñecas para que no se sintieran solas al momento de declarar cuando estaban sus agresores enfrente –porque en aquel tiempo no había una posibilidad de que no estuvieran enfrente los agresores–. Ese tipo de cosas que me parecen completamente injustas, son las que me obligan a quedarme ahí”.

Y de ahí nace Defensoras Populares, la organización que cobija a las víctimas desde 1994, en la búsqueda de la integralidad nace el colectivo que encabezó Ulloa y que hoy tiene la dirección regional del Colectivo contra el Tráfico de Mujeres y Niñas, que dirige ella misma.

“Buscamos desarrollar modelos de intervención comunitaria que nos permitieran incidir en las comunidades, lo hacíamos detectando a las líderes naturales para que fueran ellas mismas las que se apropiaban de los modelos que íbamos diseñando y nos mantuvieran en la comunidad. No siempre fueron exitosas las intervenciones. ¡Llegamos a tener una asamblea de 52 mil mujeres en Iztapalapa, Iztacalco, Gustavo A. Madero, Texcoco –del Estado de México–, de distintos lugares! Fue muy interesante”.

Incluso podemos decir que fue la pionera en México en la propuesta del uso del silbato para la acción en defensa de las mujeres; recuerda y los ojos le chispean: “Por ejemplo, en una unidad habitacional popular donde teníamos mil 500 mujeres, tanto les metimos el tema de género que tenían silbatos; cuando una era agredida, tocaban los silbatos e iban todas”.

Y aclara rápidamente que la diferencia con la propuesta de silbato que hizo el gobierno de Miguel Ángel Mancera “en el caso de la unidad habitacional, el silbato era un instrumento y las mujeres eran el foco, y no al revés”.

La vida familiar

Teresa Columba Ulloa Ziáurriz creció en el seno de una familia donde un eje ético era la justicia. Nacida del matrimonio entre Armando Ulloa y Graciela Ziáurriz Hernández, al lado de una hermana menor, Graciela, que hasta el día de hoy la acompaña.

Graciela Colín Ziáurriz Hernández con Teresa Ulloa.
Cortesía: Teresa Ulloa Ziáurriz

Él, vendedor de seguros; y ella, responsable del cuidado y la administración del hogar.

“Llegué a la Ciudad de México muy chiquita, como a las cuatro o a los cinco años. Primero nos fuimos a Celaya porque a mi papá lo nombraron gerente en una concesionaria que era de mi abuelo materno, de la Chrysler, porque mi abuelo se enfermó de artritis degenerativa y empezó a vender todas las agencias de vehículos que tenía. Por cierto, mi abuelo estudio contabilidad por correspondencia.

Era muy machetera para el estudio, me gustaba jugar. Yo tenía puros primos hombres y mi papá tenía cinco hermanos hombres y tenían hijos hombres y nos ponían a jugar béisbol, fútbol americano, puros juegos de hombres; pero nosotras jugábamos a lo que jugaban las niñas: muñecas, comidita. Nos gustaba hacer rompecabezas, jugar juegos de mesa, lotería.

Aprendimos de chiquitas a cocinar, nos enseñó mi abuela y mi mamá. Me gusta cocinar, pero no tengo tiempo, solo el 24 y el 31 de diciembre participo: hago el pavo o la pierna o lo que se vaya hacer; lo hago con mi compañero de este camino, con quien he compartido 30 años de mi vida: él es Leopoldo Colín”.

Teresa nació el 31 de diciembre de 1949 y cada año festeja doble: una nueva vuelta al sol y la llegada de un nuevo año. Fácil no ha sido, lidiar con esta coincidencia; sin embargo, asegura: “Me consuela que todavía se reúne mi familia conmigo y sé que todas mis amigas y amigos brindan ese día en todo el mundo y me siento muy festejada”.

Cuando la socióloga española Rosa Cobo señala que Teresa Ulloa es de las que hacen aún más allá de sus propias fuerzas, sabe lo que dice: no solo porque cuando toma un caso lo lleva hasta el final ni porque defiende sus causas también hasta lo último, sino que aun cuando los años pasan, Teresa es de las que concluye en la madrugada e inicia muy de mañana.

La vida hay que vivirla

Como dice su semblanza en el libro Mil Mujeres por la Paz, su hija Graciela le da felicidad, y cuando lo afirma se ilumina su cara: “Me gusta mucho hablar con mi hija, eso lo disfruto mucho, me da felicidad”.

Vivir la vida es buscar aquellos momentos para hacer lo que nos gusta, y a Tere le gusta la música, bailar y si es con “El güero”, mejor –su pareja desde hace 30 años y padre de su hija–. Recuerda que tuvo que enseñarle a bailar porque no sabía y en el fondo de la conversación la risa del “Güero” confirma la anécdota.

Tere no ha dejado de estudiar, a ella le gusta “clavarse” en ello. La entrevista tiene que cerrar porque iniciará su clase virtual sobre técnicas de litigio en el Diplomado sobre el Sistema Penal Acusatorio.

Aun cuando no se ha podido graduar como abogada de la UNAM pese a haber concluido los estudios porque “se perdieron los papeles, mi mamá los guardó tan bien que nunca los hemos encontrado”, ella sigue adelante y está en el camino de graduarse. Ya concluyó la primera etapa y espera recibirse en esta séptima década de vida, vivida.

La educación es otras de las enseñanzas familiares: Tere es trilingüe, además del español habla inglés y francés. Además de leyes, estudio Pedagogía y tiene maestría en Ciencias de la Educación por la Universidad de Londres.

Antes de concluir la entrevista le pregunto: ¿cómo sería el primer párrafo de tu biografía? “Como el epitafio, aquí yace una mujer profundamente feminista, comprometida en la defensa de los derechos humanos de las mujeres y las niñas”.

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Lucía Lagunes Huerta

8M, con dos mujeres presidenciables

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8M, con dos mujeres presidenciables

Por Lucia Lagunes Huerta

Ya estamos en el umbral del 8M, Día Internacional de las Mujeres, que une al mundo en la gran movilización feminista que ha convertido al 8 de marzo en la acción global más importante en favor de la igualdad plena de las mujeres en toda su diversidad de edades, oficios, profesiones, religiones etc. En esta acción ninguna queda fuera.

Desde marzo de 1910, año en que la feminista socialista Clara Zetkin propone un día mundial para reivindicar a las mujeres trabajadoras hasta hoy, hemos visto como este día se transformó.

Dejó de ser el emblema de una cuantas, de aquellas que nos nombrábamos feministas, para ser el día mundial donde las ciudadanas llaman a cuentas a sus gobiernos, exigen vivir libres de violencia y se solidarizan con otras causas por los impactos desproporcionados que tienen en la vida de las mujeres, por ejemplo, el alto a las acciones bélicas de Israel en la franja de Gaza.

Este año llegamos con claros oscuros, pues mientras en Francia se logra el reconocimiento del aborto como un derecho constitucional en Argentina el retroceso en lo ganado es brutal, no solo se retira el derecho al aborto, sino que se elevan los castigos penales para las mujeres que aborten.

Lo cual nos constata que mientras el patriarcado subsista todo lo ganado en materia de igualdad para las mujeres está en riesgo.

Y mientras esto ocurra el 8M seguirá siendo el punto de reunión de todas las mujeres del mundo.

Para las mexicanas este Día Internacional de las Mujeres tendrá un tinto distinto, pues después de doscientos años de historia independiente de México y 65 presidentes, 2024 será el año de la elección de la primera presidenta mexicana.

Qué tipo de gobierno será, estamos por verlo, qué será vivir bajo la presidencia de una mujer y cuáles serán sus impactos, tampoco lo sabemos. La historia está por escribirse y dependerá de su gobierno y su forma de gobernar.

Ninguna de las dos candidatas presidenciales mexicanas se asume feminista, aunque sean el logro del movimiento, en el cual no han militado y es el que posibilitó que alguna de las dos llegue a conducir al décimo país más poblado del mundo y el segundo en América Latina.

Ni ellas, ni nosotras y nosotros tenemos referentes de lo que es gobernar desde el feminismo, porque no ha existido, pues en la historia del mundo solo una mujer ha gobernado por 11 años continuos, que es Margaret Tacher, y por supuesto ella tampoco era feminista.

La gran mayoría de los países que han tenido presidentas han sido de una sola vez, y solo 8 naciones han tenido más de una presidenta, sin rebasar el máximo de cinco que le corresponde a Suiza y nunca han sido continuas y todas han llegado a gobernar con las reglas patriarcales que aún no se transforman.

En la actualidad pese a las leyes de igualdad y paridad que se han ido construyendo a lo largo y ancho del planeta solo 15 países de 193 están presididos por una mujer, México será el número 16.

Cualquiera de las dos que gane será, la presidenta número 14 en América Latina en gobernar un país de los 33 que conforman la región.

Tanto Claudia como Xóchitl, ocupan el lugar número siete y ocho de las candidatas presidenciales mexicanas, ninguna de las dos tiene como interlocutor al movimiento feminista, ambas miran a las mujeres como muchos políticos hombres, de lado y sin darnos el peso que tenemos como actoras políticas y ciudadanas plenas.

Ambas entran a la política con las reglas patriarcales, la que gane tendrá el reto no solo de ser la primera mujer presidenta sino construir una identidad propia como gobernanta y un país donde la igualdad sea cada ves menos discurso y mas realidad.

Las mexicanas llegamos a este 8 de marzo con presencia de las mujeres en la vida pública, donde por primera vez un hombre le pondrá la banda presidencial a una mujer y con este acto simbólico, construido por ellos, estará reconociéndola cómo la gobernanta del país.

Llegamos también con la primera presidenta del Instituto Nacional Electoral, la primera presidenta en la Corte, la primera ocasión en que tanto la Cámara de diputados como del senado están encabezados por mujeres, la primera directora de la Facultad de Medicina de la UNAM y la primera vez que las portadas de los medios coinciden con tener a las mujeres presidenciales como sujetas de la noticia.

Donde la instancia que calificará la elección presidencial de la primera mujer en el Poder Ejecutivo, que el Tribunal Electoral, también está encabezado por una mujer.

Con esto entorno conmemoraremos el Día Internacional de las Mujeres, y lo sepan o no, ellas son el triunfo del feminismo que cada 8 de marzo sale a las calles del mundo para defender que todas las mujeres puedan estar en todos los lugares y en todos los espacios de decisión porque es su derecho.

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Lucía Lagunes Huerta

La deuda de la humanidad hacia las mujeres es la violencia

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Por Lucía Lagunes Huerta

La deuda de la humanidad hacia las mujeres es la violencia

Cimacnoticias | A dos días de la conmemoración de 25 de noviembre es imposible no hablar de la deuda que tiene la humanidad para cerrarle el paso al permiso de dañar a las mujeres.

Porque en la medida que tenemos más evidencia de esta violencia, es terriblemente doloroso ver la crueldad con la cual nos lastiman en cualquier parte de este mundo y cómo, nuestros agresores son protegidos y disculpados, pero para nosotras, que somos a quienes violentan nos siguen exigiendo demostrar el maltrato, como si no compartiéramos lo humano.

Cualquiera puede ir a denunciar el robo de un objeto y no pondrán en duda el dicho, pero si una mujer denuncia violencia no le creerán fácilmente, tendremos que demostrar esa violencia y aun cuando sea evidente el maltrato, pesará sobre ella la responsabilidad de la agresión y no en el agresor.

Estas miradas y comentarios de… quién sabe, ¿qué habrá hecho?, ¡ella se lo busco!, nos han acompañado a lo largo de la historia, como tótems, aún cuando el razonamiento humano avanza, los estigmas sobre la violencia contra las mujeres no lo hacen con la misma velocidad.

Reconocer a la violencia contra las mujeres como un atentado contra la humanidad es el pendiente civilizatorio que tenemos hoy en día.

Pues pese a toda la evidencia que hemos proporcionado las mujeres de los impactos individuales, colectivos y globales que genera la violencia contra las mujeres se sigue mirando como un hecho menor que afecta a unas cuantas y en ciertos lugares, ocultando la dimensión sistémica de la violencia.

Es tan ominoso lo que vivimos las mujeres en todo el mundo, que la iniciativa feminista latinoamericana de declarar un día al año para llamar la atención sobre los impactos terroríficos de la violencia contra las mujeres y la responsabilidad de los Estados en ello, se convirtió en un hecho mundial. No hay país donde no haya una acción al respecto.

Pasó de ser una acción de las feministas a una fecha de relevancia en la agenda internacional de los derechos humanos de manera más o menos rápida.

42 años después de que se creara el 25 de noviembre como el Día para la eliminación de la violencia contra las mujeres, nos siguen dañando, nos compran y venden como mercancías, nos lastiman el cuerpo, la autoestima, la vida completa frente a todo el mundo.

Porque aun cuando hemos avanzado y logrado recuperar nuestro derechos educativos, laborales, a nuestro propio dinero, a nuestras propiedades, estar en el mundo público, y todo lo que hoy hemos logrado, la violencia está pegada a nuestras vidas como el gran dique para el reconocimiento pleno de nuestra humanidad.

Y por más que intentamos sacudírnosla, no lo logramos porque no podemos solas, si el resto de la humanidad no se la sacude.

Y para sacudirlo hay que sancionar socialmente el daño contra la mitad de la población que somos las mujeres. Garantizar que niñas y niños crezcan reconociéndose iguales en derechos y valía.

Donde los Estados, los gobiernos, la ciudadanía deje de voltear la cara a otro lado cuando las mujeres salgan a las calles para gritar queremos vivir libres y plenas.

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Lucía Lagunes Huerta

Volvimos a ganar la paridad

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Por Lucía Lagunes Huerta

Volvimos a ganar la paridad

Una vez más se tuvo que hacer la defensa de la Paridad en todo, para garantizar el derecho de las mujeres a participar en el próximo proceso electoral en por lo menos 5 de las 9 gubernaturas que se renovarán el siguiente año.

Aun cuando está en la constitución la paridad, los líderes partidarios nuevamente buscaron la forma de darle la vuelta.

Primero en el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) discutieron con los mismos argumentos unos y otros, ahí sí son iguales, y después en el Tribunal Electoral, que este miércoles ratificó que la paridad no puede ser un juego de una elección si y otra no, sino todo lo contrario. Que el principio de paridad en todo, debe mirarse desde la lógica de la progresividad de derechos humanos.

Las razones que se niegan a mirar, los machirulos partidarios, es la injusticia de la desigualdad con la cual han limitado los derechos humanos de las mujeres, así en general, y en particular los políticos y civiles.

Como si no pesara que en 70 años de voto femenino solo 16 mujeres hayan ejercido el cargo de gobernadora, aún con las oposiciones de ellos y gracias a los cambios legales que han hecho las mujeres comprometidas con la igualdad.

Porque si hoy gobiernan 9 mujeres en el mismo número de entidades frente a 23 gobernadores, ha sido gracias a las ciudadanas organizadas, a las consejeras y magistradas no solo convencidas de la igualdad entre mujeres y hombres, sino con la capacidad y los argumentos para defender el derecho de todas.

El miércoles volvimos a ganar la paridad, con la ley en la mano y la razón de la igualdad y no discriminación de las mujeres.

Desde que se reformó la constitución en 2019 para garantizar la Paridad en Todo, cada proceso electoral hay que defenderla de las mismas intensiones con los mismos argumentos rancios, que buscan limitarla, contenerla e incumplirla, para mantener vivo el pacto patriarcal del mayoriteo genérico masculino.

Pacto antidemocrático que busca mantener el privilegio de unos cuantos frente a la mayoría que construye democracia.

Porque la paridad no es solo 50 y 50, como se ha representado numéricamente. Es la propuesta civilizatoria más revolucionaria de la organización social, política, económica, cultural y un largo etcétera.

Es hacer tangible la equivalencia humana de las mujeres, moverlas/movernos de lugar para dejar de ser las otras y ser nosotras.

Es la base de la construcción de la sociedad del siglo XXI, que construye el camino para dejar atrás la desigualdad, discriminación y la injusticia que pesa sobre las mujeres en todos los ámbitos de la vida humana.

Lo que se ha ganado es la evolución desde una altura constitucional y democrática.

Esta es la lucha sufragista del siglo XXI que tomó la estafeta de las precursoras del siglo XVIII, porque esta persistencia no se cuenta en años sino en siglos, en argumentos y evidencia.

Volvimos a ganar la paridad para que las mujeres puedan gobernar e incluso ser presidentas de la República, aun cuando no hayan defendido el derecho a serlo.

Porque esta lucha sufragista feminista nos mira a todas y nos defiende de todas las intentonas de regresión.

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AL DÍA