El nuevo Victoria de Cepeda Anaya
CUADRANTE POLÍTICO
Por Fernando Acuña Piñeiro
El nuevo Victoria de Cepeda Anaya
En su tiempo, los apologistas del entonces gobernador Egidio Torre defendían su obra pública invisible, alegando que era subterránea, y no faraónica y de relumbrón.
La ironía de la opinión ciudadana posicionó con el tiempo, la versión que hasta hoy prevalece: Egidio, siendo un contratista de élite, no hizo nada por transformar a Victoria en particular, mucho menos por Tamaulipas. Pero sí pudo construirse una regia mansión, en uno de los barrios más exclusivos de la metrópoli neolonesa.
Finalmente, su sexenio sí pasó a la posteridad por una obra de relumbrón, por la cual se le sigue recordando hasta ahora, aunque no para beneficio del pueblo, sino de él mismo. Nos referimos a su fastuosa y multimillonaria residencia en San Pedro Garza García, motivo y origen de severos cuestionamientos, alentando serias sospechas de corrupción.
Y es que al final de cada administración estatal, el legado de la infraestructura urbana viene a ser algo así como una impronta, o un sello indeleble que se queda ahí para perpetuar el estilo y la magnitud de quien lo hizo.
A la luz de estas reflexiones, habría que ver, cual es la nueva capital del estado que nos está proponiendo el secretario de Obras Públicas Pedro Cepeda Anaya.
Realmente, podemos decir que el trabajo de este funcionario estatal no ha sido lo suficientemente cacareado. Pero entre sus baluartes de la transformación victorense, podemos citar algunas joyas de ese nuevo Victoria que ya en unas semanas más, podría estar siendo inaugurado.
Por ejemplo, la prolongación del boulevard “José López Portillo”, una obra emblemática presupuestada en 179 millones, 936 mil 454 pesos. Dicha infraestructura está llamada a jugar un importante papel en la conectividad del oriente citadino con el primer cuadro de nuestra capital. En lo que constituye su primera etapa, la nueva vía urbana. Abarca desde el puente de la colonia Moderna, hasta la altura de la unidad Siglo XXI. La idea es que, hacia el final del actual sexenio morenista, el boulevard JLP, conecte con el libramiento Naciones Unidas, cerrando una pinza urbanística, con el parque Bicentenario y el edificio del del Poder legislativo, construidos en los tiempos de Geño.
Otra de las joyas victorenses, en materia de obras trascendentes, en los tiempos de Cepeda Anaya, es la primera etapa de la llamada Ciudad Judicial, cuya inversión es ligeramente superior a los 852 millones, 874 mil pesos.
Hablamos de todo un complejo que incluye cafetería, caseta de vigilancia, estacionamiento, acceso vial, cisterna y cuarto de máquinas. O sea, está diseñada para que funcione de manera integral, destacando su fácil acceso, su seguridad, su ordenamiento y la funcionalidad de sus instalaciones.
La Planta potabilizadora de la Presa Vicente Guerrero constituye también una obra emblemática, fundamental para el funcionamiento de la segunda línea del acueducto.
Diseñada para garantizar el suministro de agua debidamente procesada para garantizar su consumo humano. Y con una capacidad de bombeo, de mil 500 litros por segundo. La mencionada infraestructura, tendrá un costo total de 316 millones de pesos, incluidas sus cinco etapas, la última de ellas, aun por concluirse.
Y finalmente la mega obra de la segunda línea del acueducto “Guadalupe Victoria”, una infraestructura hecha con recursos de carácter federal, gestionados vía CONAGUA. Pero con la participación y coadyuvancia del gobierno estatal. El costo del acueducto II, es superior a los mil 847 millones de pesos.
En la sumatoria de las cifras que, al cerrar el presente sexenio, atestiguarán la transformación de la urbe capitalina, la llamada Flor Consentida estará siendo beneficiada con una inversión de 2 mil 400 millones, 554 mil 261 pesos.
Este es el nuevo Victoria que impulsa actualmente el secretario de Obras Públicas, Pedro Cepeda Anaya. Para beneficio de las familias victorenses, esta obra cien por ciento de beneficio social, sí se ve. No es de relumbrón, y tampoco está enterrada. Habrá que ver cómo evoluciona, lo hasta ahora construido.
La historia evalúa y juzga puntualmente.