Ambrocio López Gutierrez
Para hablar de la huasteca
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
Para hablar de la huasteca
Las fronteras culturales difieren de las políticas como lo demuestran algunas regiones mexicanas que tienen características definidas por la vestimenta, la gastronomía, las edificaciones o el paisaje. Es el caso de la Huasteca que ocupa parte de los territorios de San Luis Potosí, Hidalgo, Veracruz, Tamaulipas, Puebla, Querétaro y Guanajuato, entidades donde se canta el huapango, se come zacahuil, se viste de manta y las mujeres utilizan el hermoso quexquémetl. Aprovechando la parte sustancial de un texto elaborado por Isela Yaneth Vázquez Sánchez para Sociología de la Interculturalidad, materia que imparto en la UAM de Ciencias, Educación y Humanidades (UAT), comparto aquí una pequeña muestra de esa cultura prehispánica.
Ocupando varios estados la región de la Cultura Huasteca es conocida por ser de las pocas en haber sobrevivido el paso del tiempo, por tanto, es una joya de la riqueza cultural de Mesoamérica. Habiéndose derivado de la cultura maya, los ancestros de la Cultura Huastecas supieron manejarse, abarcando parte importante del territorio mexicano. No obstante, a pesar de importantes invasiones a lo largo de la historia, los Huastecos consiguieron resguardar parte esencial de su identidad y costumbres étnicas. Además, los Huastecos encontrarían la mejor forma de incorporar a sus raíces, rasgos característicos de las culturas que le influenciaron. La Cultura Huasteca se manifiesta más que todo en el arte. También, en sus costumbres y tradiciones que a lo largo de los años fueron adaptándose hasta formar parte de nuestro folclor.
Claro que, dentro de estas tradiciones siempre se podrá resaltar la influencia de la cultura europea, sobre todo en lo que respecta a la religión. En la actualidad, la denominada Región Huasteca, resguarda un legado histórico de más de 3000 años de antigüedad. Siendo parte de este legado el idioma de la Cultura Huasteca, el cual hoy en día sigue vigente. Los hallazgos arqueológicos muestran que la cultura huasteca llegó a la zona del golfo de México entre el 1500 a C y el 900 a C. Se trataba de grupos de procedencia maya procedentes del sur del país. Desde sus inicios, los Huastecos habrían escogido lugares estratégicos donde pudieran sacar provecho de los recursos naturales, y así, favorecer el desarrollo de sus asentamientos.
Dichos lugares pasarían a formar la denominada Región Huasteca. Hoy en día está compuesta por partes de los estados actuales de: Hidalgo, Puebla, Querétaro, San Luís Potosí, Tamaulipas, Guanajuato y Veracruz. La Huasteca es una cultura viva cuya raíz se remonta a la época prehispánica. Sus tradiciones y rasgos característicos han transcendido a nuestros tiempos. Desde sus inicios, diferentes grupos étnicos han poblado la Huasteca: tének, nahuas, pames, otomíes, totonacos, y tepehuas. La Huasteca pertenece al tronco lingüístico maya, se estableció en su territorio actual en la costa del Golfo de México hace aproximadamente tres mil 600 años. En su creación de materiales apreciamos la madurez de un estilo, los símbolos, conceptos, técnicas e ideas que integraron a una población diversa.
El idioma más hablado por los huastecos es el tének. Los huastecos, en su idioma, se denominan a sí mismos tének, que significa “hombres de aquí”. En la actualidad aún se hablan tres idiomas indígenas en la región de la Huasteca: el náhuatl, en Veracruz y parte de San Luis Potosí; el huasteco, en San Luis Potosí, en el norte de Veracruz y en Tamaulipas; y el pame, un dialecto que se utiliza en la zona montañosa que separa San Luis Potosí y Querétaro. Así como el resto de la familia de idiomas nativos de Mesoamérica, el idioma Huasteco posee sus propios fonemas y rasgos característicos que han prevalecido. Ahora, si bien el idioma Huasteco todavía sigue en vigencia, los que lo dominan también tienen conocimiento sobre otras lenguas.
Hoy en día, hay alrededor de 200000 personas que dominan el idioma, y se encuentran esparcidas en los estados de Veracruz y San Luís Potosí. La organización política de esta cultura era totalmente jerárquica, estando al frente de la misma los caciques, los sacerdotes y los militares. Por debajo de ellos se encontraba la clase social formada por nobles y guerreros. Debajo de estas clases altas se encontraban los comerciantes y artesanos. Finalmente, en el último escalón de la estructura política huasteca se encontraban los campesinos. El cargo de cacique era hereditario y pasaba al descendiente masculino adulto más cercano. La principal actividad económica de este pueblo era la agricultura, y sigue siéndolo en la actualidad, junto con la ganadería y la elaboración de elementos de madera.
Entre los cultivos que más producían tenemos el maíz, las calabazas los frijoles, los chiles, la yuca y las patatas; usaban la agricultura de temporada, cuando comenzaban las lluvias. Antes de plantar tenían la costumbre de quemar las tierras de cultivo. La recolección de plantas silvestres era también una práctica común entre los huastecos. Este pueblo aprovechaba lo que la naturaleza le ofrecía, como chiles pequeños, frutos silvestres, miel, sal, mariscos y animales que cazaban. Los huastecos utilizaron la escultura como medio de expresión.
Sus obras poseen características únicas que las diferenciaban de las producidas en otras culturas. Con las piezas que elaboraban, los huastecos representaban su cosmovisión. Normalmente, eran representaciones de sus dioses o de personajes importantes dentro de la comunidad. El material utilizado para realizar las estatuas era la piedra arenisca. El resultado eran figuras humanas, normalmente inexpresivas y de un sexo indefinido. En algunas ocasiones también representaban animales La cerámica huasteca durante el Periodo posclásico se enriqueció con la influencia recibida desde otras culturas. Las más notables fueron las del área maya y las del centro de Veracruz.
En la antigüedad, la vestimenta Huasteca se caracterizó por la combinación de la desnudez con algunos elementos ornamentales, como la deformación craneana, la perforación del cartílago central de la nariz y los lóbulos de las orejas para colocarse huesos o la limadura de sus dientes, además, se pintaban el cabello y se tatuaban el cuerpo con diferentes colores, complementando el atavío con el uso de brazaletes, adornos Generalmente la vestimenta femenina de la cultura huasteca transmite alegría por sus colores muy vivos, de esta manera, consiste en una blusa de color amarillo, azul celeste o rosa, adornada con pliegues en la pechera, cuello alto y mangas amplias, adicionalmente, va combinada con una falda de percal negro llamada lacbé, sujeta a la cintura con un ceñidor y plumas.
La vestimenta Huasteca masculina, es mucho más simple, ya que solo usa pantalón ajustado a la cintura con un cinturón y una camisa de color blanco que puede tener bordados de colores, acompañado de un pañuelo rojo en el cuello y un sombrero de palma, así como un morral de fibra de zapupe. Los huastecos han conservado sus raíces, aunque han evolucionado con el contacto de las culturas europeas. El Xantolo, o fiesta de los muertos, es de las celebraciones más importantes para la cultura huasteca, en consonancia con el resto de México. Una de las costumbres prehispánicas de los huastecos son los ritos de curación. Estos son llevados bajo la guía de curanderos. En la actualidad, la religión que practican los huastecos es el catolicismo, aunque con algunos elementos de sus antiguas creencias prehispánicas.
Como todos los pueblos religiosos de la época prehispánica, y de Mesoamérica, los Huastecos eran politeístas, ósea que eran adoradores de varios dioses generalmente relacionados con la naturaleza. Además, estos dioses que tenían relación con elementos naturales también eran participes de los fenómenos que acontecían en la vida diaria de los Huastecos, tenían muchos mitos como la fertilidad, la vida y la muerte. También en esta cultura indígena nativa de México, adoraban a sus antepasados, con la creencia de otra vida donde residían las almas de los antiguos, en un paraíso subterráneo, de allí la influencia cultural mexicana del día de muertos. La creencia de los Huastecos guarda una poderosa creencia, donde el origen de los antepasados proviene de la tierra, de las cuevas, o eran descendientes de árboles o jaguares convertidos en personas.
Como dice el popular son huasteco, para hablar de la huasteca hay que haber nacido allá. La cultura huasteca es una de las más importantes de nuestro país ya que nos ofrece una gran diversidad cultural muy rica por sus costumbres, tradiciones e idioma; nos permite conocer sus orígenes y al mismo tiempo disfrutar de ella ya que esta cultura prevalece en nuestros días. Sin embargo, los grupos huastecos actuales son muy distintos unos a otros. Puedo decir que la cultura huasteca es única e irrepetible, el legado que nos deja lo podemos observar y sentir a través de su música, la alimentación, vestimenta, escultura, organización social, el arte, su idioma, los conocimientos médicos y las técnicas de cultivo todos estos aspectos culturales nos los heredan las culturas mesoamericanas, la esencia de la huasteca prevalecerá…
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Ambrocio López Gutierrez
La derecha está amosomada
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Ambrocio López Gutierrez
Los intelectuales lamehuevos
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
Los intelectuales lamehuevos
El mes de mayo quedó marcado por acontecimientos entre los que destacó la accidentada visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. La representante de la ultraderecha española estuvo cuerpeada en México por los gobernadores de Acción Nacional quienes, en mala hora, se encomendaron a la citada política ibérica.
También se subió a ese tren el presidente del grupo Azteca, Ricardo Salinas Pliego, cuyo conglomerado empresarial hace la guerra mediática a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Medios nacionales e internacionales han dado cuenta del fiasco que ha sido la gira de la española por tierras mexicanas, sin embargo, vale la pena recuperar un resumen del magnífico texto de Abraham Nuncio, académico de la Universidad Autónoma de Nuevo León y editorialista de La Jornada.
El escritor norestense señala que Andrés Manuel López Obrador pidió en marzo de 2019 al rey Felipe VI ofrecer disculpas al pueblo de México por lo que significó la conquista a manos de la monarquía española.
Desde la derecha y un segmento de la izquierda mexicanas se lo tildó de ocioso, teatral, anticlimático, inapropiado y hasta ridículo. Si la monarquía española contemporánea no comulgara con ambos y hubiera aceptado la solicitud de López Obrador, Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, no habría osado venir a rendir homenaje a la figura de Hernán Cortés, revalidando con ello lo que la Conquista resultó para la sociedad del Anáhuac en términos reales de saqueo, genocidio y destrucción material y cultural; ni a fortalecer a la oligarquía empresarial de nuestros días en territorio mexicano y los empeños imperialistas de Estados Unidos y su periferia partidaria, eclesial y mediática en ambos países.
Ya en 1992, con motivo de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, esa periferia se tonificaba con carantoñas ideológicas de un grupo de intelectuales lamehuevos, entre ellos algunos sedicentes guiados por Clío. Repitieron la expresión “encuentro de dos mundos” hasta el hastío.
Sus medios, sus académicos y sus políticos le quisieron quitar peso llamando así a las atrocidades, despojo y demás actos violentos de la Conquista. De paso le restaban entidad a la resistencia de los gobernantes y el pueblo mexica. A ese “encuentro” lo consideraron “civilizatorio”.
Tras la injuria, el insulto. Esas manipulaciones, que entonces ocultaron la infamia de la conquista financiada y organizada por la corona española y efectuada por sus capitanes y ejércitos armados con tecnología de fuego, ahora la glorifican.
La resistencia permanente de los pueblos a la rapacidad y opresión de los imperios ha generado odio y desprecio hacia sus protagonistas. Los jefes de Estado de la Comunidad Europea jamás perdonaron al boliviano Evo Morales cuando les hizo las cuentas a los “hermanos europeos” de la sustracción que hicieron de nuestras riquezas durante la colonia en América Latina y el Caribe a través de España. Después de 500 años era justo que nos regresaron ese valor. Sólo del monto, en lo que hace a los metales su deuda, con intereses simples, equivaldría a todo lo que vale Europa entera, y no completarían. Otro tanto, si bien menos puntual, señaló Pedro Castillo. Tampoco lo perdonaron. Ni, como lo hizo a gritos histéricos, el rey Juan Carlos a Hugo Chávez. La misma actitud han asumido con Lula, López Obrador, Sheinbaum y Petro.
Regresando a Cortés. El mejor juicio sobre su conducta, y la semejante de otros conquistadores, fue el de los hombres de su época. En el significativo decreto del rey Carlos I publicitado por la presidenta Claudia Sheinbaum, se le siguió un juicio de residencia por crímenes de toda laya (asesinatos masivos con todas las agravantes, esclavismo, tortura y otros actos de barbarie sin atenuantes).
Epítome de las atrocidades de Cortés fue el trato vil que dio al emperador Cuauhtémoc. Vencido y apresado lo sometió a tortura y finalmente lo mandó ahorcar como si se tratara de un vulgar malhechor. La causa: arrancarle el secreto sobre la ubicación del tesoro real de los aztecas. No lo consiguió. Pero a eso es a lo que vienen los representantes de los imperios de ayer y de hoy: a robar todo lo que pueden.
El testimonio de intelectuales honestos, lúcidos y valientes sobre la barbarie de los conquistadores, pronto se dio a conocer por boca y pluma de varios clérigos dominicos. Antonio de Montesino, desde La Española, fustigó a los responsables de los tratos crueles y homicidas que daban a los indígenas (1511).
“¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día?”
El memorable sermón de Montesinos fue recogido por otro dominico, el obispo Bartolomé de las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde se refiere a las reiteradas acciones de la conquista: “Entre éstas son las matanzas y estragos de gentes inocentes y despoblaciones de pueblos, provincias y reinos que en ellas se han perpetrado…”
Más tarde, el dominico Servando Teresa de Mier, precursor de la independencia nacional, realizó una edición de la obra de De las Casas. En este preciso momento, tan ilustres figuras y actos de la resistencia frente a la opresión y el saqueo imperialistas exigen una toma de conciencia y la decisión de aprestarse a combatirlos por todos los medios. Correo: amlogtz@gmail.com
Ambrocio López Gutierrez
La huelga del águila de 1924
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
La huelga del águila de 1924
“La Huelga del Águila de 1924”, una de las obras recientes del historiador tamaulipeco José Ángel Solorio Martínez, sumerge al lector en uno de los episodios más trascendentales de la historia obrera mexicana: la monumental huelga de los trabajadores de la Compañía Mexicana de Petróleo (subsidiaria de la angloholandesa Royal Dutch Shell), que estalló el 22 de marzo de 1924 en Doña Cecilia (hoy Ciudad Madero). Este conflicto laboral no fue un mero paro de labores, sino un pulso épico entre la incipiente fuerza sindical mexicana y los consorcios petroleros internacionales, marcando un antes y un después en las relaciones obrero-patronales del país. A continuación, presento una versión sintetizada del reporte que sobre el mencionado texto elaboró Daniel Nava Villa, estudiante de la licenciatura en Historia y Gestión del Patrimonio Cultural que se imparte en la FCEH de la UAT.
La obra se contextualiza en la efervescencia posrevolucionaria, una década de grandes transformaciones sociales y políticas donde los ideales de justicia social plasmados en la Constitución de 1917, especialmente el Artículo 123 sobre los derechos laborales, buscaban materializarse. Sin embargo, la realidad de los trabajadores petroleros estaba lejos de esos ideales. Las compañías extranjeras, como “El Águila”, operaban con una gran autonomía y, a menudo, con desprecio por las condiciones laborales y los salarios de sus empleados mexicanos. Las jornadas eran extenuantes, los salarios bajos y la posibilidad de organización sindical era sistemáticamente reprimida. La empresa mantenía una posición de poder casi inexpugnable, respaldada por su peso económico y, en ocasiones, por la complicidad de autoridades o la represión militar.
La chispa que encendió la huelga fue la acumulación de años de explotación y el anhelo de dignidad. Los trabajadores, conscientes de la vitalidad estratégica de la industria petrolera, decidieron organizarse y lanzar un pliego de peticiones. Entre las demandas principales se encontraban la exigencia de salarios justos, la reducción de la jornada laboral a ocho horas, la mejora de las condiciones de seguridad e higiene, y, fundamentalmente, el reconocimiento legal de su sindicato. Los temas centrales de la obra: 1. El Conflicto Laboral: La obra seguramente profundiza en las causas de la huelga, las demandas de los trabajadores, las negociaciones (o la falta de ellas) con la empresa y el gobierno, y las estrategias de ambos lados.
- LOS PERSONAJES: Es probable que la historia sea contada a través de los ojos de diversos personajes, tanto trabajadores ferroviarios como líderes sindicales, empresarios, políticos y quizás figuras militares o del orden público. Esto permitiría explorar las diferentes perspectivas detrás del conflicto. 3. La Lucha por la Justicia Social: La huelga no solo sería un conflicto económico, sino también una lucha por la dignidad, los derechos y la justicia social. El libro podría resaltar las desigualdades y las condiciones de vida difíciles que llevaron a la movilización. 4. El Poder y la Política: Las huelgas de esta magnitud a menudo están intrínsecamente ligadas al poder político. La obra podría mostrar la intervención del gobierno, las presiones políticas, las ideologías en juego y cómo el poder se ejerce para intentar resolver o suprimir el movimiento.
- Las Consecuencias Humanas: Más allá de los aspectos políticos y económicos, el libro probablemente exploraría el impacto humano de la huelga: las dificultades que enfrentaron las familias de los huelguistas, los sacrificios, la solidaridad entre ellos y las tensiones dentro de la comunidad. 6. La Organización Sindical: Es muy probable que la narración destaque el papel de los sindicatos en la organización y dirección de la huelga, mostrando los desafíos internos, las diferencias de opinión y la construcción de la unidad entre los trabajadores. 7. El Contexto de la Época: La atmósfera de los años 20 en México, con sus cambios culturales y sociales, podría ser un telón de fondo importante, influyendo en las decisiones de los personajes y en el desarrollo de la trama.
La obra profundiza en los personajes clave de este drama social. Por un lado, se presentan a los líderes obreros, figuras como Serapio Venegas, Gregorio Turrubiates e Ignacio Gamberos, quienes con gran valentía y tenacidad encabezaron el movimiento. Estos personajes encarnan la determinación de miles de trabajadores que, a pesar de las represalias, el hambre y la incertidumbre, se mantuvieron firmes en su lucha. La narrativa probablemente explora sus motivaciones, los desafíos de organizar a una masa heterogénea de trabajadores y la constante amenaza de la represión. Por otro lado, la obra podría introducir a los representantes de la compañía “El Águila”, quienes representan el capital transnacional, la resistencia a ceder privilegios y la visión de los trabajadores como meros engranajes de una maquinaria productiva.
EN LA INVESTIGACIÓN DESTACAN figuras gubernamentales, como Emilio Portes Gil (quien tuvo un papel relevante en el sindicalismo petrolero de la época), cuya postura y acciones fueron decisivas en el desarrollo y desenlace del conflicto. La tensión entre el gobierno, las empresas extranjeras y los sindicatos es un eje central de la trama. La huelga de El Águila fue un conflicto prolongado, que se extendió por 117 días y tuvo repercusiones nacionales e incluso internacionales. La narrativa del tamaulipeco, al abordar este período, detalla las estrategias de los huelguistas, desde las asambleas multitudinarias hasta los piquetes y la resistencia a la intimidación.
También muestra las tácticas de la compañía, que intentaba dividir a los trabajadores, contratar esquiroles y presionar al gobierno. La solidaridad de otros gremios y el apoyo popular en la región de Tampico-Doña Cecilia fueron cruciales para el sostenimiento del movimiento, y la obra probablemente resalta estos lazos de hermandad obrera. La lucha no estuvo exenta de intrigas y conspiraciones, tanto por parte de los intereses capitalistas como de facciones dentro del propio movimiento obrero con diferentes filiaciones políticas. El punto culminante de la narración es la resolución de la huelga, que se logró el 17 de julio de 1924 con un triunfo histórico para los trabajadores. “El Águila” se vio obligada a reconocer oficialmente al sindicato y a firmar el primer Contrato Colectivo de Trabajo en el ramo industrial petrolero de México.
Este logro no solo significó una victoria para los obreros de la Compañía “El Águila”, sino que sentó un precedente fundamental para la reglamentación y aplicación del Artículo 123 constitucional, abriendo camino a la consolidación del sindicalismo en el país y marcando un hito en la lucha por los derechos laborales en América Latina. La novela, al concluir, no solo celebra esta victoria, sino que probablemente reflexiona sobre su significado histórico, las cicatrices que dejaron la lucha y el camino que aún quedaba por recorrer en la construcción de un sistema laboral más justo en México. La huelga del Águila de 1924 es, en esencia, la crónica de cómo la unidad y la resistencia de los trabajadores pueden doblegar el poder del capital y transformar la historia.
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