Ambrocio López Gutierrez
Don Juan, Rey del Piedras Negras
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
Don Juan, Rey del Piedras Negras
Toda ciudad tiene sus personajes célebres que se convierten en símbolos que están unidos inexorablemente a su imagen, sería difícil concebir espacios sin la presencia de estos individuos, que, por sus actividades, personalidad o logros académicos, participación en la comunidad, los distinguen y hacen resaltar de entre la masa popular. Este es el caso de Juan Nepomuceno Guerra Cárdenas que, junto con Agapito González Cavazos, fueron los símbolos de Matamoros durante el siglo XX, quienes fueron figuras claves en todos los ámbitos de la ciudad, en el caso de Don Agapito, líder obrero, no había empresa que no tuviera que negociar primero con Don Agapito los contratos colectivos su famosa frase: “Si se quieren ir, que se vayan, ya llegaran otros” hacían que los consorcios lo pensaran dos veces antes de abusar de más de la clase obrera.
Roboam Martín Rodríguez comparte lo siguiente: El caso de Don Juan es diferente, siempre fue muy reservado con su vida personal, por lo que en el Diccionario Biográfico de Matamoros no aparece su figura, envuelta en un velo de leyenda, lo hacen una de las figuras más controvertidas de la fecunda historia de la ciudad. Para unos un héroe, un benefactor, un comerciante que siempre fue muy generoso, protector de los pobres, padrino de muchos que gracias a su apoyo hoy son profesionistas, como es el caso del ex gobernador de Tamaulipas, Manuel Cavazos Lerma, quien recibió una generosa beca para estudiar en el Tecnológico de Monterrey al ser un alumno brillante, si Don Juan solo hubiera sido comerciante filántropo, muy bien podría pasar a ocupar su lugar en la historia como tal y este pequeño escrito podría llegar a su fin y podríamos irnos a tomar un café con un bisquete con mantequilla, muy buenos, decían, que se servían en el “Piedras Negras”, hogar de Don Juan en la última fase de su vida.
Pero está su otra “cara”, para otros, no fue más que un contrabandista, líder de la delincuencia organizada y que sembró una semilla maligna que hoy azota nuestro estado, su descendencia hoy continúa activa en los círculos mercantiles locales con una gran influencia en los corrillos de la presidencia municipal, dueños de innumerables terrenos (algunos adquiridos legalmente, otros más, según dicen “legalmente a fuerza”), esto se puede comprobar en los rollos de catastro. Pero, en fin, antes de que nos decidamos “elegir” con cual versión quedarnos, debemos primero, escuchar lo que Don Juan tiene que decirnos, a pesar de que dejó este plano terrenal hace ya 23 años. Nació el 18 de julio de 1915 a las cinco de la tarde (así mismo lo declara el mismo Don Juan) en el rancho “El Tahuachal” originalmente “Tlahuachal” según nos dicen las fuentes coloniales que datan del año de 1803 y que significa, según el diccionario de náhuatl: “Cabeza de Chiquihuite”, murió un 11 de julio del 2001, a siete días de los 86 años.
SU FAMILIA estaba compuesta por su padre Don Plácido Guerra Lerma y su madre Doña Eloísa “Locha” Cárdenas Benavides que vino de Nuevo León junto con sus hijos Roberto, Pablo, Ernesto y Arturo. Con los ahorros familiares compraron un rancho cerca de matamoros, pero a finales de la década de 1920 con el “crack” de la bolsa de valores en Nueva York hubo una crisis terrible en todo el mundo, Matamoros no fue la excepción y es por ello que Doña “Locha” recomendó a sus hijos con su hermano que se dedicaba al contrabando de mezcal en San Carlos, coincidía con “Ley Seca” en Estados Unidos, por lo cual, Don Juan, en sus mocedades en los años 30 comenzó a contrabandear whisky, mezcal y cigarros además de aparatos electrodomésticos. Es de notar que el contrabando se puede rastrear desde tiempos coloniales pues los habitantes de las tierras que hoy son Matamoros comerciaban según se dice, con el pirata Jean Laffite, Manuel Payno también describiría esta situación en sus apuntes cuando estuvo de escribiente en la Aduana, es por ello en que el profesor Andrés Cuéllar tuviera la siguiente frase: “El matamorense que esté libre de contrabando, que tire la primera piedra”.
LOS HERMANOS GUERRA Cárdenas (nos sigue contando el investigador Rodríguez Arellano) tuvieron mucha habilidad en controlar el tráfico de alcohol y pronto se convirtieron en los virtuales jefes del mismo en el río Bravo, pero Juan Nepomuceno contribuyó con un talento que los impulsó hasta niveles insospechados: la facilidad de cultivar la amistad de los políticos. En aquel entonces, el joven comerciante Juan N. Guerra dicen que lo conocieron y trataron era muy parco en palabras, de esmerada cortesía…y con unos ataques de ira que hacían temblar hasta el más valiente, era un aficionado a la lectura y tenía el hábito de cultivarse. Cuando tenía 25 años se casó con Gloria Landeros cantante de extraordinaria belleza en una de esas veces en que las famosas “carpas” o circos llegaban de cuando en cuando a Matamoros, tuvieron tres hijos: Juan Nepomuceno Jr., Gloria y Lázaro, uno de ellos murió ahogado.
Uno de los episodios envueltos en misterio acerca de la vida de Don Juan fue la muerte de su esposa, ya que siempre se le acusó de haberla matado, él siempre lo negó. No obstante, a raíz de la digitalización del Archivo Histórico Municipal, se ha encontrado el documento que transcribimos: Consignando parte de Policía. Al C. Agente del M. Público. Presente. La Comandancia de Policía, me ha rendido el siguiente parte: “JUAN N. GUERRA CARDENAS, de 32 años, cdo. (Casado) sabe leer, comerciante, originario y vecino de esta Cd. Se presentó voluntariamente a esta Com. (Comandancia) de Pol. (Policía) a las 15:45 hs. por manifestar que en esos momentos acababa de matar en su casa habitación a su señora esposa Gloria Landeros, habiéndose trasladado al domicilio de las calles General González entre 11 y 12 el C. Agente del Ministerio Público en compañía del Cabo 2do No. 6 y Policía No. 11 de servicio en vigilancia, encontraron lesionada a Gloria al parecer ya sin vida, ordenando el C. Agente del M. Público, sea trasladada al Hospital Civil para su autopsia de Ley.
Paso el detenido a la Cárcel, haciendo entrega de su pistola calibre .45, con seis cartuchos útiles la que le fue entregada al C. Agente del M. Público.” H. Matamoros, Tamps, a 14 de julio de 1947. El presidente en funciones de la Junta de Admón. Civil. Regidor 2do Pedro P. Sánchez. En este parte de policía se probaría presuntamente que Don Juan si mató a su esposa. Un año después, mediante una modesta y muy discreta esquela se invitó a misa en el primer aniversario de la muerte de Gloria Landeros en el periódico “La Voz de la Frontera”. También se le achacó la muerte de un padre de un fiscal de Corpus Christi en el “Yellow Bar” en 1952 porque este “gringo” andaba de necio queriendo bailar con una mesera la cual estaba acompañando a Don Juan, quien no tenía carácter para lidiar con gente terca y menos con anglosajones, sacó una pistola y lo mató, según un extenso reportaje del periódico “La Voz de la Frontera”.
SOLAMENTE UNA VEZ ocupó un cargo como director de limpieza pública en la polémica y odiosa administración de Juan B. García (1952-1954). Ya convertido en el jefe de la “plaza” Don Juan se convirtió en uno de los ciudadanos más prominentes, no por su posición económica, sino por su posición de poder y en ese tenor sus hermanos se dedicaron a atender empresas propias dejándolo a él a cargo de toda la operación de contrabando. Además del “Tahuachal” donde construyó un hipódromo donde se hacían cuantiosas apuestas (gringos incluidos) también era dueño de los ranchos “Paso del Norte” y “El Norteño” en San Carlos y “El Carrizo en Matamoros”. Una de sus muertes más sonadas fue la del comandante de la Aduana, el teniente coronel Octavio Villa, hijo del mítico Pancho Villa, pero que, según la crónica hemerográfica, al final quien se “echó la culpa” fue Carlos García “La Máquina”, empleado de Don Juan.
O como aquel episodio donde un agente de tránsito con “muchos pantalones” se atrevió a quitarle la placa al carro de Don Juan por estar mal estacionado, se dice que Don Juan salió hecho una furia del “Piedras Negras” y mientras el agente se encontraba agachado quitando la placa, Don Juan le dio un balazo en la cabeza. “El Piedras Negras” hoy día está abandonado. En una ocasión en que un reportero le preguntó que si el anduvo con Al Capone (ya que se dice como leyenda popular que este capo italoamericano tenía una bodega en “El Soliseño”) Don Juan saltó muy molesto de su asiento en el Piedras Negras y le respondió (ya se imaginarán como): “Óigame, óigame, si apenas tenía ocho años cuando la era de Al Capone, lo que pregunta es una estupidez”. Cuando el reportero insistió en sus preguntas relativo a que siempre se le acusaba de negocios ilícitos y matar gente Don Juan replicó: “A mí me han acusado de todo, pero siempre he trabajado y nunca he pertenecido ni he encabezado ninguna banda”.
Con motivo del 54 aniversario del Piedras Negras se le entrevistó y Don Juan nos cuenta brevemente su historia: “El salón “Piedras Negras” se fundó un 15 de mayo de 1945, aunque no tenía nombre, fue mi compadre Leandro Onas quien le puso “Piedras Negras Polka” y apadrinado por Don Ernesto Elizondo, expresidente municipal de Matamoros. En la prensa nacional se le conocía como “El Padrino”, una figura parecida a la de “Don Corleone” quien lo consideraba como el líder del Cártel del Golfo, él siempre contestaba que si tanto le decían y acusaban que se lo demostraran, “el único Golfo que conozco es el que queda al Este, replicaba”. “Yo soy un agricultor exitoso porque todos los días atiendo a mis ranchos, si fuera cierto lo que dicen de mí, los gringos ya me hubieran arrestado, pero mucho dicen y nada prueban, solía señalar a los reporteros que lo visitaban”. “El que viene a Matamoros y no visita el restaurante “Piedras Negras” a ver a Juan N. Guerra se va sin conocer Matamoros”, decía él cuando las personas lo iban a visitar en las décadas de los 1960´s y 1970´s.
(DESPUÉS ESTA FRASE cambiaría después del 2000 cuando era común escuchar: “Si cuando vayas a Matamoros no fuiste a tomar un café lechero al Café “París”, no fuiste a Matamoros”). “No tengo pistoleros ¿o vio alguno aquí? Soy un hombre como cualquier otro y quiero que me traten por lo que soy. Tengo a mi familia, pero vivo solo. Visito mis ranchos en la camioneta y ando en ella todo el día. Llego al restaurante a las 9 de la mañana. Pasado el mediodía salgo a ver qué hace falta en los ranchos y regreso a comer aquí. A las 5 o 6 de la tarde me voy para mi casa. Alguna vez, un corrido en el que no se lo mencionaba directamente, pero se hacía referencia a su persona, cantó: “resultó que era texano, no lo han podido agarrar”. Era muy amigo del tío del que fuera el presidente Carlos Salinas de Gortari con quien apareció en 1989 en la inauguración del parque industrial de Valle Hermoso, así de influyente era en México y Estados Unidos.
“Pensé tener muchos amigos, ahora tengo muchos conocidos y malos, pocos amigos y buenos”. En los últimos años, a raíz de su enfermedad pues hacia finales de la década de los ochenta sufrió una embolia (y es ahí cuando le pasa el mando a su sobrino Juan García Abrego) entre 1998 y 1999 le amputaron ambas piernas y tras la muerte de su esposa, Don Juan cambió de residencia de Brownsville, estableciéndose en apartamento en los altos de su restaurant bar “Piedras Negras”. “Para ser un buen político, debe tener el hombre dos cosas esenciales: Dinero y facilidad de palabra para que se comunique con sus compañeros, además, que sepa escuchar, que sea trabajador y honrado, y que sea buen administrado para cuando se vaya lo recuerden con cariño y no odio”. Falleció de un paro cardiaco en la clínica AME, recibió misa de cuerpo presente en la Catedral de Nuestra Señora del Refugio y fue sepultado en el rancho “El Tahuachal”.
Cuando entrevistaron a Cuéllar acerca del fallecimiento de Don Juan este dijo: “La muerte de Don Juan N. Guerra y el reciente fallecimiento de Don Agapito González podríamos decir que simbolizan el fin del siglo XX en Matamoros”. Su figura bien se podría comparar con la de un cacique sin llegar a destacar como figura pública, entre sus únicos actos públicos está la celebración de su santo los días 24 de junio, fiestas que la gente recuerda por la presencia de personalidades de todas tallas, desde el Sheriff de San Antonio hasta el comandante de la PGR en Tamaulipas.
El joven Rodríguez Arellano, quien estudia Historia y Gestión del Patrimonio Cultural en la FCEH de la UAT, concluye: Se le relacionó con narcos, pistoleros, negocios al margen de la ley e inversiones en restaurantes y la crianza de ganado doméstico, era también gran aficionado a las carreras de caballos y las peleas de gallos y muy a pesar de que hay quienes cuentan excesos en sus formas de actuar, la verdad de las cosas es que no hay quien habla mal de Don Juan. Fuentes: AHM/Revistas/Caja No. 1/Justicia/Números de 1996 a 2001. AHM/Hemeroteca/La Voz de la Frontera/Julio a septiembre/23 de julio de 1948. AHM/Hemeroteca/El Bravo/2001/Julio. Archivo privado de Juan N. García. AHM/Fondo Prof. Eustacio Sauceda/Caja No. 2/Exp. 2/Revista Ilustrada de Matamoros 1936. AHM/Presidencia/Caja No. 142/1986-1986/Exp. 2547/Invitaciones recibidas para el año de 1986. AHM/Justicia/Caja No. 104/1947-1947/Exp. 13/-Partes de policía.
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Ambrocio López Gutierrez
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Ambrocio López Gutierrez
Los intelectuales lamehuevos
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
Los intelectuales lamehuevos
El mes de mayo quedó marcado por acontecimientos entre los que destacó la accidentada visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. La representante de la ultraderecha española estuvo cuerpeada en México por los gobernadores de Acción Nacional quienes, en mala hora, se encomendaron a la citada política ibérica.
También se subió a ese tren el presidente del grupo Azteca, Ricardo Salinas Pliego, cuyo conglomerado empresarial hace la guerra mediática a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Medios nacionales e internacionales han dado cuenta del fiasco que ha sido la gira de la española por tierras mexicanas, sin embargo, vale la pena recuperar un resumen del magnífico texto de Abraham Nuncio, académico de la Universidad Autónoma de Nuevo León y editorialista de La Jornada.
El escritor norestense señala que Andrés Manuel López Obrador pidió en marzo de 2019 al rey Felipe VI ofrecer disculpas al pueblo de México por lo que significó la conquista a manos de la monarquía española.
Desde la derecha y un segmento de la izquierda mexicanas se lo tildó de ocioso, teatral, anticlimático, inapropiado y hasta ridículo. Si la monarquía española contemporánea no comulgara con ambos y hubiera aceptado la solicitud de López Obrador, Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, no habría osado venir a rendir homenaje a la figura de Hernán Cortés, revalidando con ello lo que la Conquista resultó para la sociedad del Anáhuac en términos reales de saqueo, genocidio y destrucción material y cultural; ni a fortalecer a la oligarquía empresarial de nuestros días en territorio mexicano y los empeños imperialistas de Estados Unidos y su periferia partidaria, eclesial y mediática en ambos países.
Ya en 1992, con motivo de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, esa periferia se tonificaba con carantoñas ideológicas de un grupo de intelectuales lamehuevos, entre ellos algunos sedicentes guiados por Clío. Repitieron la expresión “encuentro de dos mundos” hasta el hastío.
Sus medios, sus académicos y sus políticos le quisieron quitar peso llamando así a las atrocidades, despojo y demás actos violentos de la Conquista. De paso le restaban entidad a la resistencia de los gobernantes y el pueblo mexica. A ese “encuentro” lo consideraron “civilizatorio”.
Tras la injuria, el insulto. Esas manipulaciones, que entonces ocultaron la infamia de la conquista financiada y organizada por la corona española y efectuada por sus capitanes y ejércitos armados con tecnología de fuego, ahora la glorifican.
La resistencia permanente de los pueblos a la rapacidad y opresión de los imperios ha generado odio y desprecio hacia sus protagonistas. Los jefes de Estado de la Comunidad Europea jamás perdonaron al boliviano Evo Morales cuando les hizo las cuentas a los “hermanos europeos” de la sustracción que hicieron de nuestras riquezas durante la colonia en América Latina y el Caribe a través de España. Después de 500 años era justo que nos regresaron ese valor. Sólo del monto, en lo que hace a los metales su deuda, con intereses simples, equivaldría a todo lo que vale Europa entera, y no completarían. Otro tanto, si bien menos puntual, señaló Pedro Castillo. Tampoco lo perdonaron. Ni, como lo hizo a gritos histéricos, el rey Juan Carlos a Hugo Chávez. La misma actitud han asumido con Lula, López Obrador, Sheinbaum y Petro.
Regresando a Cortés. El mejor juicio sobre su conducta, y la semejante de otros conquistadores, fue el de los hombres de su época. En el significativo decreto del rey Carlos I publicitado por la presidenta Claudia Sheinbaum, se le siguió un juicio de residencia por crímenes de toda laya (asesinatos masivos con todas las agravantes, esclavismo, tortura y otros actos de barbarie sin atenuantes).
Epítome de las atrocidades de Cortés fue el trato vil que dio al emperador Cuauhtémoc. Vencido y apresado lo sometió a tortura y finalmente lo mandó ahorcar como si se tratara de un vulgar malhechor. La causa: arrancarle el secreto sobre la ubicación del tesoro real de los aztecas. No lo consiguió. Pero a eso es a lo que vienen los representantes de los imperios de ayer y de hoy: a robar todo lo que pueden.
El testimonio de intelectuales honestos, lúcidos y valientes sobre la barbarie de los conquistadores, pronto se dio a conocer por boca y pluma de varios clérigos dominicos. Antonio de Montesino, desde La Española, fustigó a los responsables de los tratos crueles y homicidas que daban a los indígenas (1511).
“¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día?”
El memorable sermón de Montesinos fue recogido por otro dominico, el obispo Bartolomé de las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde se refiere a las reiteradas acciones de la conquista: “Entre éstas son las matanzas y estragos de gentes inocentes y despoblaciones de pueblos, provincias y reinos que en ellas se han perpetrado…”
Más tarde, el dominico Servando Teresa de Mier, precursor de la independencia nacional, realizó una edición de la obra de De las Casas. En este preciso momento, tan ilustres figuras y actos de la resistencia frente a la opresión y el saqueo imperialistas exigen una toma de conciencia y la decisión de aprestarse a combatirlos por todos los medios. Correo: amlogtz@gmail.com
Ambrocio López Gutierrez
La huelga del águila de 1924
VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
La huelga del águila de 1924
“La Huelga del Águila de 1924”, una de las obras recientes del historiador tamaulipeco José Ángel Solorio Martínez, sumerge al lector en uno de los episodios más trascendentales de la historia obrera mexicana: la monumental huelga de los trabajadores de la Compañía Mexicana de Petróleo (subsidiaria de la angloholandesa Royal Dutch Shell), que estalló el 22 de marzo de 1924 en Doña Cecilia (hoy Ciudad Madero). Este conflicto laboral no fue un mero paro de labores, sino un pulso épico entre la incipiente fuerza sindical mexicana y los consorcios petroleros internacionales, marcando un antes y un después en las relaciones obrero-patronales del país. A continuación, presento una versión sintetizada del reporte que sobre el mencionado texto elaboró Daniel Nava Villa, estudiante de la licenciatura en Historia y Gestión del Patrimonio Cultural que se imparte en la FCEH de la UAT.
La obra se contextualiza en la efervescencia posrevolucionaria, una década de grandes transformaciones sociales y políticas donde los ideales de justicia social plasmados en la Constitución de 1917, especialmente el Artículo 123 sobre los derechos laborales, buscaban materializarse. Sin embargo, la realidad de los trabajadores petroleros estaba lejos de esos ideales. Las compañías extranjeras, como “El Águila”, operaban con una gran autonomía y, a menudo, con desprecio por las condiciones laborales y los salarios de sus empleados mexicanos. Las jornadas eran extenuantes, los salarios bajos y la posibilidad de organización sindical era sistemáticamente reprimida. La empresa mantenía una posición de poder casi inexpugnable, respaldada por su peso económico y, en ocasiones, por la complicidad de autoridades o la represión militar.
La chispa que encendió la huelga fue la acumulación de años de explotación y el anhelo de dignidad. Los trabajadores, conscientes de la vitalidad estratégica de la industria petrolera, decidieron organizarse y lanzar un pliego de peticiones. Entre las demandas principales se encontraban la exigencia de salarios justos, la reducción de la jornada laboral a ocho horas, la mejora de las condiciones de seguridad e higiene, y, fundamentalmente, el reconocimiento legal de su sindicato. Los temas centrales de la obra: 1. El Conflicto Laboral: La obra seguramente profundiza en las causas de la huelga, las demandas de los trabajadores, las negociaciones (o la falta de ellas) con la empresa y el gobierno, y las estrategias de ambos lados.
- LOS PERSONAJES: Es probable que la historia sea contada a través de los ojos de diversos personajes, tanto trabajadores ferroviarios como líderes sindicales, empresarios, políticos y quizás figuras militares o del orden público. Esto permitiría explorar las diferentes perspectivas detrás del conflicto. 3. La Lucha por la Justicia Social: La huelga no solo sería un conflicto económico, sino también una lucha por la dignidad, los derechos y la justicia social. El libro podría resaltar las desigualdades y las condiciones de vida difíciles que llevaron a la movilización. 4. El Poder y la Política: Las huelgas de esta magnitud a menudo están intrínsecamente ligadas al poder político. La obra podría mostrar la intervención del gobierno, las presiones políticas, las ideologías en juego y cómo el poder se ejerce para intentar resolver o suprimir el movimiento.
- Las Consecuencias Humanas: Más allá de los aspectos políticos y económicos, el libro probablemente exploraría el impacto humano de la huelga: las dificultades que enfrentaron las familias de los huelguistas, los sacrificios, la solidaridad entre ellos y las tensiones dentro de la comunidad. 6. La Organización Sindical: Es muy probable que la narración destaque el papel de los sindicatos en la organización y dirección de la huelga, mostrando los desafíos internos, las diferencias de opinión y la construcción de la unidad entre los trabajadores. 7. El Contexto de la Época: La atmósfera de los años 20 en México, con sus cambios culturales y sociales, podría ser un telón de fondo importante, influyendo en las decisiones de los personajes y en el desarrollo de la trama.
La obra profundiza en los personajes clave de este drama social. Por un lado, se presentan a los líderes obreros, figuras como Serapio Venegas, Gregorio Turrubiates e Ignacio Gamberos, quienes con gran valentía y tenacidad encabezaron el movimiento. Estos personajes encarnan la determinación de miles de trabajadores que, a pesar de las represalias, el hambre y la incertidumbre, se mantuvieron firmes en su lucha. La narrativa probablemente explora sus motivaciones, los desafíos de organizar a una masa heterogénea de trabajadores y la constante amenaza de la represión. Por otro lado, la obra podría introducir a los representantes de la compañía “El Águila”, quienes representan el capital transnacional, la resistencia a ceder privilegios y la visión de los trabajadores como meros engranajes de una maquinaria productiva.
EN LA INVESTIGACIÓN DESTACAN figuras gubernamentales, como Emilio Portes Gil (quien tuvo un papel relevante en el sindicalismo petrolero de la época), cuya postura y acciones fueron decisivas en el desarrollo y desenlace del conflicto. La tensión entre el gobierno, las empresas extranjeras y los sindicatos es un eje central de la trama. La huelga de El Águila fue un conflicto prolongado, que se extendió por 117 días y tuvo repercusiones nacionales e incluso internacionales. La narrativa del tamaulipeco, al abordar este período, detalla las estrategias de los huelguistas, desde las asambleas multitudinarias hasta los piquetes y la resistencia a la intimidación.
También muestra las tácticas de la compañía, que intentaba dividir a los trabajadores, contratar esquiroles y presionar al gobierno. La solidaridad de otros gremios y el apoyo popular en la región de Tampico-Doña Cecilia fueron cruciales para el sostenimiento del movimiento, y la obra probablemente resalta estos lazos de hermandad obrera. La lucha no estuvo exenta de intrigas y conspiraciones, tanto por parte de los intereses capitalistas como de facciones dentro del propio movimiento obrero con diferentes filiaciones políticas. El punto culminante de la narración es la resolución de la huelga, que se logró el 17 de julio de 1924 con un triunfo histórico para los trabajadores. “El Águila” se vio obligada a reconocer oficialmente al sindicato y a firmar el primer Contrato Colectivo de Trabajo en el ramo industrial petrolero de México.
Este logro no solo significó una victoria para los obreros de la Compañía “El Águila”, sino que sentó un precedente fundamental para la reglamentación y aplicación del Artículo 123 constitucional, abriendo camino a la consolidación del sindicalismo en el país y marcando un hito en la lucha por los derechos laborales en América Latina. La novela, al concluir, no solo celebra esta victoria, sino que probablemente reflexiona sobre su significado histórico, las cicatrices que dejaron la lucha y el camino que aún quedaba por recorrer en la construcción de un sistema laboral más justo en México. La huelga del Águila de 1924 es, en esencia, la crónica de cómo la unidad y la resistencia de los trabajadores pueden doblegar el poder del capital y transformar la historia.
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