Andy y Harfuch en los tiempos de Marco Rubio
CUADRANTE POLÍTICO
Por Fernando Acuña Piñeiro
Andy y Harfuch en los tiempos de Marco Rubio
¿Qué episodios están por vivirse en la situación del grupo Tabasco ante la política del Departamento de Estado norteamericano? ¿Y qué significado o consecuencia a futuro puede implicar el respeto y las atenciones con las cuales Washington mira a García Harfuch, en contraste con la humillación contra el hijo de AMLO al retirarle la visa?
A continuación, un breve análisis sobre el tema:
Actualmente, el sexenio de Claudia Sheinbaum se mueve básicamente sobre dos carriles. El primero es el de los programas sociales y la narrativa humanista fundada por el obradorato, conocida como 4T; el segundo corresponde a la guerra institucional contra la delincuencia organizada y por lograr abatir el problema estructural más nefasto del último medio siglo en México: la inseguridad.
Hay que decirlo sin rodeos: AMLO le heredó a su sucesora un país de reconciliación social, saldando una profunda deuda con los más pobres, los excluidos de la bonanza neoliberal. Pero también le legó un lastre de grupos violentos cuyas finanzas y negocios nunca fueron intervenidos, lo cual los fortaleció enormemente.
Justamente por esta ventana de realidad social que amenazaba con vulnerar el gobierno capitalino de izquierda y debilitar la carrera política de la entonces jefa de Gobierno en la CDMX (Claudia Sheinbaum), se da el arribo de quien se desempeñaba como modesto titular de la Agencia de Investigación Criminal a nivel federal. Harfuch ingresó así a una élite de poder de izquierda hasta entonces impenetrable, prácticamente cerrada a extraños.
El encuentro entre Harfuch y Sheinbaum se dio en 2019, cuando, hipotéticamente, el entonces titular de Seguridad, Jesús Orta, se lo habría recomendado. Aunque, para efectos de análisis político, se dice que su padrino real fue el entonces poderoso Julio Scherer Ibarra.
El atentado ocurrido en 2020, donde Harfuch recibió varios impactos de bala y mataron a sus escoltas, consolidó una relación muy fuerte de lealtades y de confianza entre OGH y su jefa Sheinbaum.
Justo a partir de este suceso, la carrera policiaca se convirtió en un notable crecimiento político. Harfuch ascendió vertiginosamente, convirtiéndose en fuerte aspirante a gobernar la CDMX. Ya desde entonces, el ala obradorista le cerró el paso. Pese a ello, Harfuch demostró un fuerte arrastre popular al ganar un escaño en el Senado de la República.
La historia posterior ya la conocemos: Sheinbaum le otorgó todo su apoyo, dotándolo de un megapoder en la centralización de la estrategia de seguridad federal.
Los resultados obtenidos por OGH representan uno de los trofeos más importantes de las políticas públicas trazadas por la presidenta Sheinbaum. En materia de delitos dolosos, de alto impacto y delitos específicos, los números han bajado sensiblemente a porcentajes históricos.
Se ha logrado el decomiso de más de 98 millones de litros de combustible en 26 estados de la República, apenas durante el primer año. Se han desmantelado más de 2 mil tomas clandestinas de petróleo. Han sido detenidas más de 63 mil 500 personas relacionadas con delitos de alto impacto.
Pero lo más importante de todo esto es que Harfuch es actualmente considerado como el funcionario de la administración Sheinbaum más confiable para el Gobierno de Estados Unidos.
Diarios como The New York Times han calificado a Harfuch como el principal enlace de inteligencia entre México y las agencias de seguridad norteamericanas.
Funcionarios clave de la administración Trump, como el secretario de Estado, Marco Rubio, han expresado elogios para Harfuch, y entre ellos existe una comunicación muy directa y cordial. En su momento, MR ha expresado indirectamente un reconocimiento a la labor de Harfuch, calificando la actual relación como una cooperación histórica.
Es el mismo Marco Rubio al cual Andy López Beltrán acaba de llamar “jefe de pandilla”, autor de “burdas y perversas canalladas” y con un “estilo hitleriano”.
En marzo de este año, algunos diarios mexicanos informaron sobre la reunión de Harfuch con el titular de la DEA, Terrance Cole, señalando que OGH había pactado una alianza de inteligencia con Washington.
Las diferencias son evidentes: mientras USA describe a García Harfuch como un profesional y enlace clave, está evidenciando, acabando con la imagen pública del hijo del patriarca de la 4T en el país.
Al final, suena pertinente la siguiente pregunta:
¿Alguien está aprovechando la coyuntura para deshacerse políticamente de los tabasqueños, perfilando la sucesión presidencial por cauces seguros y con el aval de USA?