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La Generación Greta

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Por Homero Hinojosa

En Europa, Estados Unidos y América Latina están saliendo a las calles a protestar. Se organizan en cuestión de horas por mensajería instantánea y se citan en parques o avenidas importantes.

Los mueve una causa común: Un serio reclamo a los gobiernos del mundo que poco o nada están haciendo para controlar el calentamiento global.

Los inspira una chica sueca de 16 años, Greta Thunberg.

Hasta en la misma ONU se ha parado esta adolescente para decirles a los poderosos en sus caras que “Nos están fallando y los jóvenes empiezan a entender su traición”.

Ello mientras el Ártico se deshiela, Groenlandia (Greenland en inglés) empieza a mostrar más verdor y la Amazonia vive un año inédito de incendios en su selva. El mundo atestigua comportamientos extraños en la madre naturaleza cada vez más recurrentes y nada parece detener a la fuerza imparable del calentamiento global.

Pero los adolescentes y jóvenes sí parecen decididos, por lo menos, a no callar para que sus mayores se pongan a trabajar en este problema mundial.

Greta Thunberg representa a una generación rebelde que alza la voz y logra que se escuche gracias al Internet, las redes sociales y al apetito de los medios tradicionales por difundir todo lo que suene a escándalo o noticia espectacular

A muchos sorprende esta activismo juvenil global como el que emprende Greta y contagia a millones por todo el mundo. Hace apenas una década se anticipaba que debido a la tecnología moderna los chicos de hoy serían más indiferentes y apáticos porque estarían sumidos en sus pantallas pequeñas y grandes, como zombis modernos, absortos y alejados de la realidad.

Pero no todos resultaron así. Muchos jóvenes emplean las plataformas sociales y de mensajería para promover sus causas, compartir noticias de valor de temas de impacto (como el calentamiento global) y buscar crear conciencia no solo entre sus pares, sino también entre los adultos.

Y aquí nos distingue una brecha generacional más. Estos jóvenes quieren hacer algo en el presente y voltear más al futuro que les depara, mientras sus mayores muchas veces parecen atrapados en una nostalgia y un pasado “que fue mejor” y resultan ser más apáticos que aquéllos para construir un porvenir más seguro y con mejor calidad de vida.

Es evidente que esta generación parece cargar con menos culpas, rencores y remordimientos como los que padecen ahora muchos de sus padres y abuelos.

No tienen que curar, sanar o perdonar tanto del ayer porque están más concentrados en el presente, tal vez inmersos en sus canales de relación modernos, pero a fin de cuentas viviendo su propio «universo simbólico» de ideas y sentimientos.

Por ello los adultos deben buscar generar más empatía con las causas de los jóvenes y no considerarlas como “rabietas” propias de la edad. Eso solo seguirá poniendo más obstáculos a una comunicación intergeneracional que de por si ya está muy dañada.

La única receta para encontrar puentes que nos unan a una generación con otra seguirá siendo el debate y la discusión social con respeto en donde encontremos seguramente puntos de acuerdo común. Y el calentamiento global desmedido es un buen ejemplo de ello.

La presencia de Greta Thunberg esta semana en Nueva York fue un gran logro inicial. Ya prendió la leña en la misma caldera de la ONU.

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