Un cambio necesario

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LA OTRA OPTICA

Por Juan Carlos Flores Turrubiates

Un cambio necesario

 

Tres son las enfermedades crónico-degenerativas que a gran escala han matado a los mexicanos en los últimos años: la obesidad, la diabetes mellitus tipo II y la hipertensión arterial.

México se ubica en la lista de los diez de países con mayor cantidad de pacientes diabéticos en el mundo.

Los incrementos en los fallecimientos derivados de esta enfermedad en el 2016 fueron 105, 574 a comparación de los cerca de 81 mil que hubo en 2010.

En cuanto a la obesidad, las cifras no son para nada alentadoras, el 70 % de los mexicanos padecen sobrepeso (Índice de Masa Corporal [IMC] entre 25 y 29.9) y casi una tercera parte de obesidad (IMC mayor a 30).

Somos el primer lugar de obesidad infantil en el mundo y el segundo lugar en población adulta según datos de la OCDE.

Por último, según el IMSS, uno de cada tres mexicanos mayores de edad padece hipertensión, enfermedad crónica degenerativa cardiovascular que registra 7 millones de casos y provoca más de 50 mil muertes al año.

Se estima que hasta 80 por ciento de la población vive con esta enfermedad, asintomática y relacionada con el sobrepeso y obesidad registrando la prevalencia más alta de esta enfermedad en el mundo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012.

La población mexicana está gravemente enferma y la pandemia del coronavirus ha ocasionado que la población con estas comorbilidades se vea especialmente comprometida ante esta enfermedad.

Uno de los principales responsables de esta situación, sin duda alguna, han sido las empresas refresqueras y de alimentos chatarras que por décadas han operado indiscriminadamente publicitándose y haciéndose parte indispensable de las dietas de los mexicanos.

La indignación de los empresarios refresqueros ante las recientes críticas del doctor Hugo López Gatell sobre esa industria es de dar risa, las declaraciones del subsecretario fueron contundentes, pero ciertas.

La discusión, sin embargo, no debe desviarse a si el inicio del consumo de estos alimentos y bebidas híper procesadas e híper azucaradas se dio gracias al cine de oro mexicano o si se dio en la época del neoliberalismo.

La discusión debe ir encaminada hacia generar políticas públicas en materia de salud pública, medicina preventiva y educación que le pongan un alto a estas compañías que lo que menos venden es felicidad, buenos recuerdos, cariño o confianza.

El nuevo etiquetado que está a punto de implementarse es un buen primer paso, sin embargo, aún falta mucho por hacer.

Primero, debemos garantizar el acceso a alimentos y bebidas que sean saludables y puedan consumir toda la niñez en las escuelas a lo largo y ancho del país.

A la par, es necesario programas de nutrición clínica en las escuelas primarias y secundarias para atender las necesidades alimenticias de cada niño y niña.

Además, es urgente que se implemente un programa de educación física que de verdad le inculque a los niños, niñas y adolescentes la disciplina y el gusto por la práctica deportiva, mediante profesores y entrenadores bien certificados.

Por último, es necesario que todas estas empresas se comprometan a apoyar en estas estrategias para bajar el consumo de alimentos y bebidas chatarra en los menores.

Esto puede ser mediante la prohibición de publicidad por cualquier medio, tal y como hoy se hace con el tabaco, también se puede orillar para que estas compañías colaboren con la distribución de alimentos y bebidas saludables y desarrollar una estrategia para su publicidad.

Todas estas medidas están enfocadas en orientar a las nuevas generaciones y reducir la cantidad de menores que presentan sobrepeso, obesidad entre otras enfermedades crónico-degenerativas que cada vez es más común que aparezcan a edades tempranas.

Ya son muchas las instituciones internacionales que están presionando a México para que implemente este tipo de programas enfocados en mejorar la nutrición y hábitos nutricionales y deportivos en la niñez.

Todo esto puede ser una realidad siempre y cuando se cumplan los siguientes dos factores:

Primero, que el gobierno federal decida encarar a los poderosos empresarios que dominan la industria refresquera y de alimentos chatarra.

Y, sobre todo, que los líderes políticos sean conscientes de este grave problema y pongan el ejemplo en vez de andar promocionando sus brunches basados en unas papas, un refresco y chocolates.

Juan Carlos Flores Turrubiates

La otra óptica


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