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Basta de Suposiciones

 

MIRADA DE MUJER 

Por Luz del Carmen Parra

Basta de Suposiciones

 

Uno de los libros que más aprendizajes me aportó fue el de Los 4 acuerdos”, de José Ruiz, donde con palabras llenas de sabiduría puso de manifiesto el daño que ocasionan en las relaciones humanas las suposiciones, el dar por sentado, el no preguntar, el juzgar y condenar sin derecho a la defensa del otro.

Si bien, hay ocasiones en que nos vemos en medio de una confusión tal, que no apreciamos en realidad las cosas como son, y somos incapaces de distinguir en qué momento estamos siendo dominados por nuestros prejuicios, o empezamos a poner en los demás nuestras emociones, anhelos y frustraciones, es preciso tomar conciencia de las consecuencias que se presentan en nuestra familia, en nuestro trabajo o con nuestros amigos, al crear situaciones imaginarias que quizás nunca llegaron a suceder.

Más allá de la primera impresión, tenemos la tendencia a sacar conclusiones, como si tuviéramos a la mano el resultado de una exhaustiva investigación, sin darnos cuenta de que las situaciones o determinados hechos, o que las intenciones de las personas pudieron haber sido muy diferentes de cómo originalmente las percibimos.

Ese afán de precipitarnos a interpretar, a nuestra muy particular forma de ver y sentir las cosas, una mirada, una palabra dicha en un tono que nos pareció inapropiado, un silencio o una falta de atención, pasan a tomar un significado mayor de acuerdo a nuestro estado de ánimo y reaccionamos en piloto automático, a la defensiva o con agresividad, dominados por una exacerbada sensibilidad, que nos lleva quizás a caer en hipótesis que no tienen nada que ver con lo vivido, poniendo en evidencia que nuestros juicios no han sido del todo acertados.

Es necesario darnos cuenta que en muchas ocasiones las cosas no son lo que parecen. Sufrimos en vano al interpretar los hechos desde nuestra propia perspectiva, llenando de significado lo acontecido con nuestras propias vivencias. Dice José Ruiz en su texto, solo vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír. No percibimos las cosas tal y como son. Tenemos la costumbre de soñar sin basarnos en la realidad. Literalmente, inventamos las cosas en nuestra imaginación.»

Somos incapaces de sentarnos a dialogar, de preguntar y aclarar cualquier cosa que nos ha llenado de confusión. No nos detenemos a considerar la situación emocional que estaba viviendo la otra persona en el momento en que se presentaron los hechos y si había intención de lastimarnos. Nos quedamos

callados y asumimos como un hecho lo sucedido. Cerramos la posibilidad de conocer sus propias circunstancias, dándolo todo por sentado, sin tener las pruebas suficientes.

Sin percatarnos, a diario nos vemos inducidos inconscientemente a caer en suposiciones: Cuando nos enteramos de algún rumor, cuando alguien llega tarde, o nos ha dejado plantados, cuando conversamos con nuestros hijos o nuestra pareja y algo queda en el aire, nos mueve a la sospecha, y es suficiente para empezar a tener corazonadas y construir en nuestro imaginario. Sin conciencia, hemos optado por dejarnos llevar por el prejuicio, antes que por una atinada reflexión.

Suponemos cómo piensan los demás, cómo sienten y actúan. El problema es que nos metemos en un estado de ansiedad, incertidumbre y caos, sobre todo cuando suceden cosas que para nosotros no tienen mucho sentido, provocando que nos sintamos inseguros o desconfiados y empecemos de inmediato a darle vueltas a la cabeza.

Dicen los que saben, se trata de un mecanismo inconsciente y natural, de una tendencia en nuestra conducta muy arraigada que solo busca respuestas y explicaciones partiendo de nuestra propia experiencia, de nuestra propia interpretación, lo cual nos induce a tomar malas decisiones o a comportamientos que reflejan nuestras inseguridades y miedos, por no estar apegadas a la realidad, lo cual nos produce mucho sufrimiento.

Quizás lo más sano antes de caer en supuestos, sea preguntar. Tomar valor para enfrentar cualquier respuesta clara y contundente, antes de condenarnos a vivir en el infierno de la duda. Si alguien nos ve de manera extraña, no imaginemos que le caemos mal y cerremos la posibilidad de establecer una nueva relación. A veces la vida puede ser tan simple, para que complicarla.

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