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Ambrocio López Gutierrez

Feminismo liberal o marxista

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VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
Feminismo liberal o marxista 

Aunque las mujeres están activamente presentes en la mayoría de las situaciones sociales, los estudiosos y los actores sociales han estado ciegos ante su presencia. En el mundo occidental la historia del feminismo comienza con los escritos publicados de protesta. Salvo alguna excepción, estos escritos vieron la luz por vez primera en la década de 1630 y continuaron publicándose sin demasiada fuerza, pero persistentemente durante aproximadamente 150 años. La sociología apareció inicialmente como una perspectiva científica entre1840 y 1860, un momento álgido de protesta feminista, para luego convertirse en una Actividad profesional entre 1890 y 1920, otra fase de expansión del feminismo. ¿Cuál fue la respuesta de los primeros sociólogos a esta tradición intelectual? 

En su reporte, Carmen Guadalupe Lara Camacho responde: Primera, entre 1840 y 1960 la sociología surgió como una perspectiva para luego convertirse en una disciplina académica organizada y profesional que desarrolló una política de géneros que, con el tiempo, empujó a las «madres fundadoras» de la disciplina a la periferia de la profesión, se apropió o descartó sus ideas y las expulsó de los anales de la historia de la sociología. Segundo, las preocupaciones feministas se expresaron en los márgenes de la disciplina de la sociología, en la obra de teóricos marginales o de teóricas marginadas. Tercero, los pensadores más destacados de la profesión desde Spencer, Weber y Durkheim, hasta Parsons- dieron respuestas básicamente conservadoras a los argumentos feministas que se les planteaban, y consideraron las cuestiones relativas al género como un tópico irrelevante para la sociología que desarrollaban. 

Los pensadores más destacados de la profesión se opusieron al feminismo. Parsons afirma que para que la familia funcione con eficacia debe darse en ella una división sexual del trabajo en la que los varones adultos y las mujeres desempeñan papeles muy diferentes. Los hombres han de tener una orientación «instrumental», manifestar dotes de mando, ambición y capacidad de autocontrol. Las mujeres, cuya tarea es el funcionamiento interno de la familia y el cuidado de los hijos y maridos deben ser «expresivas». Si hombres y mujeres se sitúan en un plano de igualdad en lo tocante a su función y orientación, la competencia entre ellos y ellas destruirá la vida familiar y debilitará el papel vital de la familia para el mantenimiento de la estabilidad social. 

La literatura teórica sobre el género realizada en sociología desde los años sesenta del siglo pasado refleja no sólo la reactivación de una protesta feminista visible en la sociedad, sino también el movimiento sin precedentes de las mujeres de incorporación a la educación superior. Entre esta literatura se encuentran trabajosteóricos con una perspectiva esencialmente institucional, cuasi funcionalista, de la sociedad (J Bernard, 1982), escritos biosociales (A Rossi, 1977, 1983), escritos simbólico-interaccionistas (Best, 1983; Lever, 1978), trabajos fenomenológicos (Berger y Kellner, 1964), y escritos etnometodológicos (Garfinkel, 1967). El análisis de Master y Johnson sobre la anatomía de la sexualidad femenina han proporcionado a las teorías feministas los hechos básicos para reformular la cuestión de la regulación social de la sexualidad, y Alice Rossi (1977, 1983) ha examinado con rigor los fundamentos biológicos de la conducta específica del género. La obra de George Ritzer es la base del texto de la futura socióloga. 

El feminismo de Rossi le lleva a abogar por medidas socioculturales que hagan posible que cada género compense, mediante el aprendizaje social, las desventajas biológicamente «dadas», pero como biosociología aboga también por el reconocimiento racional de las implicaciones de la investigación biológica. Explicaciones institucionales de las diferencias de género. Las explicaciones institucionales de las diferencias de género suelen acentuar también las funciones distintivas de la crianza y el cuidado de los hijos. En este contexto, las mujeres desarrollan interpretaciones distintivas de sus metas, intereses y valores, rasgos característicos necesarios de extroversión en las relaciones, «atención y cariño a los demás», y redes particulares de apoyo a otras mujeres (madres, hijas, hermanas, esposas, amigas) que habitan en su misma esfera separada de la de los hombres. 

En la síntesis de nuestra alumna de la UAM de Ciencias, Educación y Humanidades se sostiene que las explicaciones sociopsicológicas de las diferencias entre los géneros son de dos tipos: teorías fenomenológicas y posestructuralistas, y teorías de la socialización. Teorías fenomenológicas y posestructuralista. Se centran en la continua configuración de nuestra cultura, lenguaje y realidad cotidiana mediante conceptos derivados de experiencias masculinas y mediante las categorías dicotómicos simples de las «tipificaciones» de la masculinidad y la femineidad. La teoría de la socialización complementa los análisis institucionales al centrarse en las experiencias de aprendizaje social que forman a las personas en general y a los niños en particular para adoptar roles y vivir en las diferentes esferas institucionales de la masculinidad y la femineidad. 

Cuatro temas caracterizan las teorías de la desigualdad entre los géneros. Primero, los hombres y las mujeres no sólo están situados en la sociedad de manera diferente, sino también desigual. Segundo, esta desigualdad procede de la misma organización de la sociedad, no de ninguna diferencia biológica o de personalidad entre los hombres y las mujeres. El tercer tema de toda teoría de la desigualdad es que, aunque los seres humanos individuales pueden variar en lo tocante a su perfil de capacidades y rasgos, ningún modelo de variación natural relevante distingue a los sexos. Cuarto, todas las teorías de la desigualdad suponen que tanto los hombres como las mujeres responderán mejor ante estructuras y situaciones sociales más igualitarias. Las principales variantes de teoría feminista contemporánea que se centran e intentan explicar la desigualdad entre los géneros: el feminismo liberal y el feminismo marxista. 

Las feministas liberales subrayan el sexismo, una ideología similar al racismo que, por un lado, contiene prejuicios y prácticas discriminatorias contra las mujeres y, por otro, creencias dadas por sentadas sobre las diferencias «naturales» entre los hombres y las mujeres que explican sus diferentes destinos sociales. Bernard es una socióloga que ha escrito sobre la cuestión del género desde los años cuarenta, mucho antes de que los sociólogos percibieran la importancia de esta cuestión. The Future of Marriage constituye, tal vez, su libro más famoso sobre este tema Institucionalmente, el matrimonio confiere autoridad y libertad al rol del marido y decreta que la esposa ha de ser complaciente, dependiente, simple de espíritu, y estar esencialmente centrada en las actividades y las tareas domésticas. 

Las feministas liberales proponen las siguientes estrategias para eliminar la desigualdad entre los géneros: a) La movilización en pro del uso de los canales políticos y legales existentes para lograr el cambio; la igualdad de oportunidades económicas. b) La introducción de cambios en la familia, la escuela, y en los mensajes de los medios de comunicación de masas con el fin de que las personas no se socialicen en roles de sexo rígidamente separados. c) El esfuerzo de todos los individuos para desafiar el sexismo allí donde lo encuentren en su vida cotidiana. Para las feministas liberales se llegará a una situación ideal cuando cada individuo pueda elegir el modo de vida que más le convenga y cuando se respete y acepte esa elección, ya sea ama o amo de casa, profesional no casado o miembro de una familia de doble ingreso, sin niños o con niños, heterosexual u homosexual. 

NUESTRA ALUMNA de Sociología Contemporánea con énfasis en Latinoamérica añade: El feminismo marxista combina el análisis marxista de clase y la protesta social feminista y esta combinación da lugar no a una teoría más intensa de la opresión, sino más bien a una teoría más compacta de la desigualdad, es decir, de la desigualdad entre los géneros. Marx y Engels sentaron las bases de esta teoría. La principal preocupación era la opresión de clase social, pero con frecuencia les inquietaba también la opresión de género. Su análisis más famoso respecto de esta cuestión se encuentra en The Origins of the Family, Private Property and the State: 

  1. a) La subordinación de las mujeres no es el resultado de su constitución biológica, presumiblemente inmutable, sino de un orden social que tiene claras raíces históricas. b). El fundamento relacional de la subordinación de las mujeres reside en la familia, constituye un sistema de roles dominantes y subordinados. c) La sociedad legitima tal sistema de familia al considerar esa estructura como la institución fundamental de todas las sociedades. d) Los factores que destruyeron este tipo de sistema social, dando lugar a lo que Marx y Engels denominaron” la derrota histórico-mundial del sexo femenino” (Engels, 1884/1970:87. e) La explotación del trabajo desarrolló estructuras de dominación cada vez más complejas, en particular relaciones de clase; se creó el orden político para salvaguardar todos estos sistemas.

Sólo con la destrucción de los derechos de propiedad mediante la revolución comunista futura las mujeres obtendrán libertad de acción social, política, económica y personal. Antropólogos y arqueólogos han criticado las evidencias en que se basa Los orígenes, y las feministas acusan a esa obra de no captar muchos de los sentidos de la enorme complejidad de la opresión femenina expresa la afirmación de que todas las mujeres están oprimidas, analiza el modo en que la familia apuntala esta opresión -una institución considerada sagrada por los sectores más poderosos de la sociedad- y vincula las ramificaciones de la subordinación con el estatus económico y sexual de las mujeres. 

Las feministas marxistas contemporáneas enmarcan las relaciones de género en lo que consideran la estructura más fundamental del sistema de clases, y en particular en la estructura del sistema de clases capitalista contemporáneo. Las mujeres de clases opuestas tienen entre ellas menos experiencias vitales en común que las de las mujeres de cualquier clase con los hombres de su misma clase. Las feministas marxistas admiten que dentro de todas las clases las mujeres están en desventaja frente a los hombres en lo que se refiere a bienes materiales, poder, estatus y posibilidades de autorrealización. Las causas de esta desigualdad residen en la organización del propio capitalismo. Las mujeres burguesas producen y crían a los hijos que en un futuro heredarán los recursos socioeconómicos de los padres. Las mujeres burguesas proporcionan también servicios emocionales, sociales y sexuales a los hombres de su clase. Y son recompensadas con un modo de vida lujoso, propio de su clase. 

La desigualdad entre los géneros en las clases asalariadas también es funcional para el capitalismo y, por tanto, los capitalistas la perpetúan. Para las marxistas, la esposa del trabajador asalariado da a su esposo una experiencia mínima de poder personal, compensación por su ausencia real de poder en la sociedad. Ella es, en otras palabras «la esclava del esclavo» (MacKinnon, 1982: 8). La solución a la desigualdad entre los géneros es la eliminación de la opresión de clase. Esta destrucción sólo puede lograrse mediante la acción revolucionaria de una clase asalariada unida que incluya tanto a los hombres como a las mujeres. Haciendo que todos los bienes económicos pasen a ser bienes de toda la comunidad liberará también a la sociedad de ese subproducto de la explotación de clase que es la desigualdad entre los géneros. 

Todas las teorías de la opresión de género describen la situación de las mujeres como la consecuencia de una relación de poder directa entre los hombres y las mujeres en la que los hombres, que tienen intereses concretos y fundamentales en el control, uso, sumisión y opresión de las mujeres, llevan a cabo efectivamente sus intereses. El patriarcado constituye una estructura primaria de poder que se mantiene intencionada y deliberadamente. Las feministas psicoanalíticas contemporáneas intentan explicar el patriarcado utilizando las teorías de Freud y sus herederos intelectuales (al-Hibri, 1981; Chodorow, 1978; Dinnerstein, 1976; Kittay, 1984). En términos generales, estas teorías describen y acentúan la dinámica emocional de la personalidad, las emociones profundamente enterradas en el subconsciente o en áreas inconscientes de la psique. 

Subrayan la importancia de los primeros años de la infancia en la configuración de esas emociones. Sin embargo, en su intento de utilizar las teorías de Freud, las feministas emprendieron una reconstrucción fundamental de sus conclusiones, ya que el propio Freud era marcadamente patriarcal. Reconocía las diferencias y la desigualdad entre los géneros, pero no la opresión de género. El patriarcado: es la idea de que en este sistema todos los hombres intervienen mediante sus acciones individuales cotidianas continua y enérgicamente para crearlo y mantenerlo. Las mujeres ofrecen resistencia ocasionalmente, y la realidad nos revela que suelen consentir su propia subordinación o incluso intervenir ellas también en su favor. El cálculo cognitivo de los beneficios prácticos explica el apoyo masculino al patriarcado. Las feministas psicoanalíticas han identificado dos explicaciones posibles de la dominación de las mujeres: 

Las teóricas feministas que desarrollan este tema señalan que las mujeres, debido a su estrecha y extensa implicación en la producción y crianza de nuevos seres, se sienten de modo característico menos oprimidas que los hombres ante el reconocimiento de su propia mortalidad (al-Hibri, 1981; Dinnerstein, 1976). Sin embargo, los hombres responden con pavor a la perspectiva de su extinción individual y adoptan una serie de defensas, que conducen todas a la dominación de las mujeres. Los hombres se ven impulsados a producir cosas que les sobrevivan -arte y arquitectura, riqueza y armas, ciencia y religión-. Todo esto se convierte en recursos para poder dominar a las mujeres (v a otros hombres) buscando también -en parte por envidia del rol reproductor de la mujer, y en parte por su apasionado deseo de lograr la inmortalidad a través de sus hijos- el control del proceso de la reproducción. Los hombres sienten la necesidad de negar, reprimir y controlar todos estos aspectos de la existencia, del mismo modo que intentan negar, reprimir y alejarse de su propia mortalidad; la mujer, símbolo de todos estos tópicos vedados, también es tratada como la Otra: temida, evitada y controlada. 

El segundo tema del feminismo psicoanalítico se centra en dos aspectos del desarrollo en la primera infancia: El supuesto de que los seres humanos llegan a la madurez aprendiendo a equilibrar la tensión jamás resuelta entre el deseo de la libertad de acción -la individuación- y el deseo de confirmación por parte de los demás –el reconocimiento-el  hecho  observable de que en todas las sociedades los niños experimentan su primer y más importante desarrollo en estrecha, constante e íntima relación con una mujer,  sea su madre o una sustituta. El niño varón, que crece en una cultura que valora positivamente la identidad masculina, intenta separar rápida y torpemente su identidad de la de la mujer/madre. Esta separación culturalmente inducida, además de ser incompleta, tiene consecuencias destructivas. 

El remanente emocional de la primera infancia hacia las mujeres -la necesidad, el amor, el odio y la posesión impulsa al hombre maduro a buscar una mujer propia que satisfaga sus necesidades emocionales, que dependa de él y a la que pueda controlar, es decir, siente una necesidad de dominar y encuentra difícil el reconocimiento mutuo. La niña, que siente lo mismo que el niño hacia la mujer/madre, descubre su propia identidad femenina en una cultura que infravalora a las mujeres. Crece con una mezcla de profundos sentimientos positivos y negativos hacia sí misma y hacia la mujer/madre, y esta ambivalencia destruye una buena parte de su potencial para resistirse a su subordinación social. Diversos motivos de la cultura popular -que se expresan en imágenes y opiniones tales como la persistente idea del dominio del hombre sobre la mujer- son interpretados por las teóricas psicoanalíticas como signos que expresan la ruptura del equilibrio requerido entre la tensión de la necesidad de individualización y de la necesidad de reconocimiento (Benjamín, 1985, 1988). 

Cuando esta ruptura se produce totalmente, bien en una cultura o en una personalidad, aparecen dos patologías; el dominante sobre individualizado, que reconoces al otro sólo mediante actos de control, y el subordinado infra individualizado. Las otras variantes,) la teoría de la opresión el feminismo radical, el feminismo socialista y el feminismo de la tercera ola llevan a cabo con más eficacia estas dos tareas. Lo que caracteriza al feminismo radical es una intensa valoración positiva de las mujeres y, como consecuencia de ello, una profunda indignación y pesar ante su opresión. Las feministas radicales creen que toda sociedad se caracteriza por la opresión. 

La estudiante de la Universidad Autónoma de Tamaulipas agrega: El patriarcado existe como forma social cuasi universal debido a que los hombres pueden ejercer el recurso de poder más básico, la fuerza física, para establecer su control. Una vez que el patriarcado se establece, los otros recursos de poder económico, ideológico, legal y emocionales también pueden ejercerse para mantenerlo. ¿Cómo se puede destruir el patriarcado? Las radicales mantienen que esta derrota debe comenzar con una reconstrucción básica de la conciencia de las mujeres, de manera que toda mujer reconozca su propio valor y fuerza, rechace las presiones del patriarcado que consiguen que se considere débil, dependiente y secundaria y trabaje con otras mujeres. 

EL FEMINISMO socialista se expresa en un conjunto de escritos teóricos muy diverso, unidos más por su agenda que por sus conclusiones teóricas sustantivas. Los y las feministas socialistas se proponen unir lo que perciben como las dos tradiciones feministas más valiosas: el pensamiento feminista marxista y el feminismo radical. De este proyecto de síntesis han nacido dos subvariedades distintivas de feminismo socialista. La primera se centra exclusivamente en la opresión de las mujeres y en su comprensión mediante las ideas de la opresión de clase (del marxismo) y de la opresión de género (del feminismo radical). La segunda variante de feminismo socialista intenta describir y explicar todas las formas de la opresión social utilizando las ideas de las jerarquías de género y clase para explorar los sistemas de opresión basados no sólo en la clase y el género, sino también en la raza, la etnicidad, la edad, la preferencia sexual y la localización dentro de la jerarquía mundial de naciones. 

El término que más utilizan para el sistema que describen es el de dominación: En dos sentidos: Primero, como en todo feminismo, la opresión de las mujeres constituye el principal tema de análisis. Segundo, la localización y experiencia de las mujeres en el mundo constituye un punto de vista ventajoso desde donde contemplar todas las formas de dominación. Una estrategia de todas las feministas socialistas es atacar los prejuicios y las prácticas de opresión dentro de la propia comunidad de mujeres (Frye, 1983; Lorde, 1984). Las feministas socialistas intentan alcanzar el objetivo de desarrollar una teoría que interprete la más extendida de las instituciones sociales, la dominación. Las feministas socialistas han ido más lejos que los marxistas en tres sentidos importantes: En su redefinición de las condiciones materiales, en su reevaluación del significado de la ideología, y en su enfoque de la dominación. 

Primero, han ampliado el significado de las condiciones materiales de la vida humana. La segunda diferencia entre el materialismo histórico marxista y el materialismo histórico desarrollado por el feminismo socialista; es decir, a la preocupación de este último por lo que algunos marxistas denominarían, con desprecio, fenómenos tradicionales o mentales: la conciencia, la motivación, las ideas, las definiciones sociales de la situación, el conocimiento, la ideología, la voluntad de actuar en interés propio o en interés de otros. La tercera diferencia entre las feministas socialistas y las marxistas es que para las primeras el objeto de análisis no es la desigualdad entre las clases, sino una amplia serie de desigualdades sociales interrelacionadas. 

El término feminismo de la tercera ola hace referencia a un conjunto de escritos críticos y teóricos que se han realizado dentro del movimiento de las mujeres durante la década de los años ochenta, y que se centran en el tema de la diferencia. Usa un concepto generalizado y monolítico de «mujer» como categoría genérica de estratificación y se centra en las implicaciones prácticas y teóricas de las diferencias entre las mujeres. Las diferencias que tiene en cuenta son aquellas que resultan de una distribución desigual de los bienes y servicios socialmente producidos sobre la base de la posición en el sistema mundial, la ciase, la raza, la etnicidad. 

Los escritos de las mujeres de color norteamericanas que contribuyen al desarrollo del feminismo de la tercera ola se distinguen todos ellos porque su objetivo no es atacar la ideología sexual y el estatus desigual  de  las  mujeres, sino todos los sistemas de dominación sexista, racista clasista, heterosexista e imperialista y la falsa conciencia particular que ha llevado a las mujeres heterosexuales blancas de clase media a usar el término mujer como una categoría monolítica en su oposición a la dominación masculina. Desde esta perspectiva, identificamos cuatro rasgos distintivos de la sociología feminista: Una sociología distintiva del conocimiento. Un modelo distintivo de organización de la sociedad en el nivel macrosocial. Una exploración de la situación relacional de las mujeres que altera la comprensión sociológica tradicional de la micro interacción. Una revisión del modelo de subjetividad de la sociología. 

La sociología del conocimiento feminista considera que todo lo que las personas llaman «conocimiento del mundo» presenta cuatro características: a) Es invariablemente descubierto por el punto de vista de un actor situado en una estructura social. b) Por tanto siempre es parcial e interesado, nunca total y objetivo. c) Varía de una persona a otra debido a las diferencias de los papeles y a sus situaciones sociales. d) Las relaciones de poder siempre influyen en ese conocimiento. Para la teoría sociológica feminista, las tareas fundamentales que ha de realizar toda investigación son; identificar y describir la complejidad de la situación social del actor como un «punto de vista ventajoso» sobre la realidad; establecer las categorías mediante las que el sociólogo que trabaja con explicaciones admitidas como parciales puede pretender que son productoras de conocimiento, reveladoras de ideas para el objeto de estudio; ver cómo las relaciones de poder se manifiestan en las pretensiones de conocimiento. 

La segunda tarea consiste en explicar sobre qué base puede un sociólogo pretender que expresa proposiciones verdaderas. En diversos estudios empíricos feministas, exige que tanto el lector como el investigador tengan en cuenta y trabajen con la idea de la complejidad de la comprensión del conocimiento y concreta la complejidad del ideal de reconocer los diferentes puntos de vista. En tercer lugar, el o la investigadora feminista ha de trazarse la tarea de analizar cómo funcionan las cosas para producir lo que se denomina conocimiento. La tercera tarea epistemológica consiste en analizar las relaciones entre el conocimiento y el poder. 

La sociología feminista insiste en que la interpretación individual que el actor hace de los objetivos y las relaciones debe analizarse desde un nivel diferente. Cuando los sociólogos analizan el nivel subjetivo de la experiencia, generalmente como parte del orden micro social, se centran en cuatro cuestiones principales: la adopción del rol y el conocimiento del otro, el proceso de internalización de las normas comunitarias, la naturaleza del self como actor social, y la naturaleza de la conciencia de la vida cotidiana. La sociología feminista muestra que las mujeres son socializadas de manera que se ven a sí mismas a través de los ojos de los hombres. 

Suele considerarse que la adopción del rol culmina en la internalización de las normas comunitarias a través del aprendizaje que permite al actor social adoptar el rol del «otro generalizado», un constructo que el actor crea mentalmente a partir de la amalgama de experiencias en los niveles micro y macro que forman su vida social. Las sociólogas feministas afirman que las mujeres se ven tan limitadas por su estatus como mujeres que la idea de proyectar sus propios planes en el mundo es significativa sólo teóricamente. Esto guarda relación con la idea analizada anteriormente de la experiencia de rol de las mujeres como una experiencia de «rol combinado». Ambas ideas sugieren la necesidad de cambiar la denominación del término conflicto de rol por equilibrio de rol (para mantenemos dentro de los límites del lenguaje actual). Las sociólogas feministas subrayan que, para las mujeres, el rasgo más influyente del estilo cognitivo de la vida cotidiana es el de la conciencia bifurcada. La misma vida cotidiana se divide en dos realidades para los subordinados: la realidad de la experiencia real, vivida y objeto de reflexión y la realidad de los tipos sociales. 

Concluyo esta columna a cuatro manos enviando un abrazo sincero a todas las mujeres con afecto y agradecimiento por haberme acompañado en distintos tramos, situaciones y ámbitos de mi vida. Mi madre, mis tías, primas, sobrinas, hijas, nietas, mis maestras, mis condiscípulas, mis alumnas, madrinas, mis comadres, ahijadas, mis compañeras de vida, todas las mujeres que me han amado, benditas sean. 

Correo: amlogtz@gmail.com

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Ambrocio López Gutierrez

La derecha está amosomada

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VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
La derecha está amosomada
Las fuerzas retardatarias de nuestro amado país han perdido el norte (literalmente) y, a la posición antipatriótica de la aun gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, se suma el malestar de panistas y priistas por la anunciada aspiración de Andrés Manuel López Beltrán (AMLOBE) quien desquició a los conservadores con sus legítimas pretensiones de convertirse en diputado federal por uno de los distritos de Villahermosa, en su natal Tabasco. También han hecho muina los opositores antipatria por el enjundioso mensaje de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en defensa de la soberanía nacional. El monumento a la Revolución fue el digno escenario para un conceptuoso discurso dedicado principalmente a la rendición de cuentas.
Es oportuno decir que AMLOBE no es el primer hijo de político que quiere hacer carrera en el servicio público. Un buen ejemplo es Cuauhtémoc, hijo del general Lázaro Cárdenas; El hijo de Cuauhtémoc (Lázaro, como su abuelo) también mantiene una exitosa carrera; los tres fueron gobernadores, además de Dámaso, hermano del divisionario de Jiquilpan. Enrique de la Madrid (hijo de expresidente) incursiona en medios y en escenarios políticos con mediano éxito. También pueden mencionarse casos locales como los Monreal de Zacatecas; los Moreira de Coahuila; los Gallardo de San Luis Potosí; los Colosio de Sonora y Nuevo León. En Tamaulipas hay distinguidas familias con oficio político como los Cárdenas, los Villarreal, los Deándar, los Garza Elizondo, los Canturosas, los Verástegui y los que se acumulen. Los conservadores amosomados toleran todos los apellidos, menos a los López. Habrase visto.
Volviendo al monumento a la Revolución, vale destacar que el mensaje de la presidenta de la república llenó las expectativas de la mayoría de los mexicanos quienes escuchamos con atención su llamado a mantenernos alertas e informados para no caer en las trampas mediáticas de los conservadores que han utilizado últimamente recursos alejados de la ética y el decoro. Descaradamente, PRI y PAN se recargan en figuras políticas extranjeras como Trump, Netanyahu, Milei, Ayuso y, han rodado tan cuesta abajo, que periodistas que simpatizan con el neoliberalismo como Ciro, Joaquín, Azucena, Raymundo y otras figuras, se han decepcionado de una oposición cuya única apuesta parece ser la posibilidad de una intervención extranjera. Dios nos ampare.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cuenta con el pueblo de Tamaulipas afirmó el gobernador Américo Villarreal Anaya, con el respaldo de miles de tamaulipecos que corearon juntos el grito de ¡Claro que se puede! Desde el Teatro del Pueblo, en el Recinto Ferial de esta capital, y en un enlace virtual hasta el Monumento a la Revolución, previo al inicio del informe de rendición de cuentas del domingo de la presidenta Claudia Sheinbaum. Acompañado por la doctora María de Villarreal, presidenta del Sistema DIF Estatal, aseguró que Tamaulipas está sumado a una presidenta humanista, que ve por nuestra nación, por la unidad y por el bienestar de nuestra gente.
Aquí, en un hecho inédito, los 43 municipios de Tamaulipas, más de 20 mil tamaulipecos y tamaulipecas, estamos reunidos para escuchar este gran mensaje humanista, de unidad, soberanía, libertad, independencia y progreso social para todos, expresó. Agregó que, a dos años del inicio del segundo piso de la transformación, Tamaulipas está presente. Usted, gran presidenta, cuenta con el pueblo de Tamaulipas, reiteró. Desde temprana hora, miles de tamaulipecos y tamaulipecas siguieron con entusiasmo el evento, ondearon banderas de México y mostraron mensajes de apoyo y reconocimiento.
Correo: amlogtz@gmail.com
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Ambrocio López Gutierrez

Los intelectuales lamehuevos

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Por Ambrocio López Gutiérrez

Los intelectuales lamehuevos

El mes de mayo quedó marcado por acontecimientos entre los que destacó la accidentada visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. La representante de la ultraderecha española estuvo cuerpeada en México por los gobernadores de Acción Nacional quienes, en mala hora, se encomendaron a la citada política ibérica.

También se subió a ese tren el presidente del grupo Azteca, Ricardo Salinas Pliego, cuyo conglomerado empresarial hace la guerra mediática a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Medios nacionales e internacionales han dado cuenta del fiasco que ha sido la gira de la española por tierras mexicanas, sin embargo, vale la pena recuperar un resumen del magnífico texto de Abraham Nuncio, académico de la Universidad Autónoma de Nuevo León y editorialista de La Jornada.

El escritor norestense señala que Andrés Manuel López Obrador pidió en marzo de 2019 al rey Felipe VI ofrecer disculpas al pueblo de México por lo que significó la conquista a manos de la monarquía española.

Desde la derecha y un segmento de la izquierda mexicanas se lo tildó de ocioso, teatral, anticlimático, inapropiado y hasta ridículo. Si la monarquía española contemporánea no comulgara con ambos y hubiera aceptado la solicitud de López Obrador, Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, no habría osado venir a rendir homenaje a la figura de Hernán Cortés, revalidando con ello lo que la Conquista resultó para la sociedad del Anáhuac en términos reales de saqueo, genocidio y destrucción material y cultural; ni a fortalecer a la oligarquía empresarial de nuestros días en territorio mexicano y los empeños imperialistas de Estados Unidos y su periferia partidaria, eclesial y mediática en ambos países.

Ya en 1992, con motivo de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, esa periferia se tonificaba con carantoñas ideológicas de un grupo de intelectuales lamehuevos, entre ellos algunos sedicentes guiados por Clío. Repitieron la expresión “encuentro de dos mundos” hasta el hastío.

Sus medios, sus académicos y sus políticos le quisieron quitar peso llamando así a las atrocidades, despojo y demás actos violentos de la Conquista. De paso le restaban entidad a la resistencia de los gobernantes y el pueblo mexica. A ese “encuentro” lo consideraron “civilizatorio”.

Tras la injuria, el insulto. Esas manipulaciones, que entonces ocultaron la infamia de la conquista financiada y organizada por la corona española y efectuada por sus capitanes y ejércitos armados con tecnología de fuego, ahora la glorifican.

La resistencia permanente de los pueblos a la rapacidad y opresión de los imperios ha generado odio y desprecio hacia sus protagonistas. Los jefes de Estado de la Comunidad Europea jamás perdonaron al boliviano Evo Morales cuando les hizo las cuentas a los “hermanos europeos” de la sustracción que hicieron de nuestras riquezas durante la colonia en América Latina y el Caribe a través de España. Después de 500 años era justo que nos regresaron ese valor. Sólo del monto, en lo que hace a los metales su deuda, con intereses simples, equivaldría a todo lo que vale Europa entera, y no completarían. Otro tanto, si bien menos puntual, señaló Pedro Castillo. Tampoco lo perdonaron. Ni, como lo hizo a gritos histéricos, el rey Juan Carlos a Hugo Chávez. La misma actitud han asumido con Lula, López Obrador, Sheinbaum y Petro.

Regresando a Cortés. El mejor juicio sobre su conducta, y la semejante de otros conquistadores, fue el de los hombres de su época. En el significativo decreto del rey Carlos I publicitado por la presidenta Claudia Sheinbaum, se le siguió un juicio de residencia por crímenes de toda laya (asesinatos masivos con todas las agravantes, esclavismo, tortura y otros actos de barbarie sin atenuantes).

Epítome de las atrocidades de Cortés fue el trato vil que dio al emperador Cuauhtémoc. Vencido y apresado lo sometió a tortura y finalmente lo mandó ahorcar como si se tratara de un vulgar malhechor. La causa: arrancarle el secreto sobre la ubicación del tesoro real de los aztecas. No lo consiguió. Pero a eso es a lo que vienen los representantes de los imperios de ayer y de hoy: a robar todo lo que pueden.

El testimonio de intelectuales honestos, lúcidos y valientes sobre la barbarie de los conquistadores, pronto se dio a conocer por boca y pluma de varios clérigos dominicos. Antonio de Montesino, desde La Española, fustigó a los responsables de los tratos crueles y homicidas que daban a los indígenas (1511).

“¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día?”

El memorable sermón de Montesinos fue recogido por otro dominico, el obispo Bartolomé de las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde se refiere a las reiteradas acciones de la conquista: “Entre éstas son las matanzas y estragos de gentes inocentes y despoblaciones de pueblos, provincias y reinos que en ellas se han perpetrado…”

Más tarde, el dominico Servando Teresa de Mier, precursor de la independencia nacional, realizó una edición de la obra de De las Casas. En este preciso momento, tan ilustres figuras y actos de la resistencia frente a la opresión y el saqueo imperialistas exigen una toma de conciencia y la decisión de aprestarse a combatirlos por todos los medios. Correo: amlogtz@gmail.com

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Ambrocio López Gutierrez

La huelga del águila de 1924

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VICTORIA Y ANEXAS
Por Ambrocio López Gutiérrez
La huelga del águila de 1924 

“La Huelga del Águila de 1924”, una de las obras recientes del historiador tamaulipeco José Ángel Solorio Martínez, sumerge al lector en uno de los episodios más trascendentales de la historia obrera mexicana: la monumental huelga de los trabajadores de la Compañía Mexicana de Petróleo (subsidiaria de la angloholandesa Royal Dutch Shell), que estalló el 22 de marzo de 1924 en Doña Cecilia (hoy Ciudad Madero). Este conflicto laboral no fue un mero paro de labores, sino un pulso épico entre la incipiente fuerza sindical mexicana y los consorcios petroleros internacionales, marcando un antes y un después en las relaciones obrero-patronales del país. A continuación, presento una versión sintetizada del reporte que sobre el mencionado texto elaboró Daniel Nava Villa, estudiante de la licenciatura en Historia y Gestión del Patrimonio Cultural que se imparte en la FCEH de la UAT.

La obra se contextualiza en la efervescencia posrevolucionaria, una década de grandes transformaciones sociales y políticas donde los ideales de justicia social plasmados en la Constitución de 1917, especialmente el Artículo 123 sobre los derechos laborales, buscaban materializarse. Sin embargo, la realidad de los trabajadores petroleros estaba lejos de esos ideales. Las compañías extranjeras, como “El Águila”, operaban con una gran autonomía y, a menudo, con desprecio por las condiciones laborales y los salarios de sus empleados mexicanos. Las jornadas eran extenuantes, los salarios bajos y la posibilidad de organización sindical era sistemáticamente reprimida. La empresa mantenía una posición de poder casi inexpugnable, respaldada por su peso económico y, en ocasiones, por la complicidad de autoridades o la represión militar. 

La chispa que encendió la huelga fue la acumulación de años de explotación y el anhelo de dignidad. Los trabajadores, conscientes de la vitalidad estratégica de la industria petrolera, decidieron organizarse y lanzar un pliego de peticiones. Entre las demandas principales se encontraban la exigencia de salarios justos, la reducción de la jornada laboral a ocho horas, la mejora de las condiciones de seguridad e higiene, y, fundamentalmente, el reconocimiento legal de su sindicato. Los temas centrales de la obra: 1. El Conflicto Laboral: La obra seguramente profundiza en las causas de la huelga, las demandas de los trabajadores, las negociaciones (o la falta de ellas) con la empresa y el gobierno, y las estrategias de ambos lados. 

  1. LOS PERSONAJES: Es probable que la historia sea contada a través de los ojos de diversos personajes, tanto trabajadores ferroviarios como líderes sindicales, empresarios, políticos y quizás figuras militares o del orden público. Esto permitiría explorar las diferentes perspectivas detrás del conflicto. 3. La Lucha por la Justicia Social: La huelga no solo sería un conflicto económico, sino también una lucha por la dignidad, los derechos y la justicia social. El libro podría resaltar las desigualdades y las condiciones de vida difíciles que llevaron a la movilización. 4. El Poder y la Política: Las huelgas de esta magnitud a menudo están intrínsecamente ligadas al poder político. La obra podría mostrar la intervención del gobierno, las presiones políticas, las ideologías en juego y cómo el poder se ejerce para intentar resolver o suprimir el movimiento.
  2. Las Consecuencias Humanas: Más allá de los aspectos políticos y económicos, el libro probablemente exploraría el impacto humano de la huelga: las dificultades que enfrentaron las familias de los huelguistas, los sacrificios, la solidaridad entre ellos y las tensiones dentro de la comunidad. 6. La Organización Sindical: Es muy probable que la narración destaque el papel de los sindicatos en la organización y dirección de la huelga, mostrando los desafíos internos, las diferencias de opinión y la construcción de la unidad entre los trabajadores. 7. El Contexto de la Época: La atmósfera de los años 20 en México, con sus cambios culturales y sociales, podría ser un telón de fondo importante, influyendo en las decisiones de los personajes y en el desarrollo de la trama.

La obra profundiza en los personajes clave de este drama social. Por un lado, se presentan a los líderes obreros, figuras como Serapio Venegas, Gregorio Turrubiates e Ignacio Gamberos, quienes con gran valentía y tenacidad encabezaron el movimiento. Estos personajes encarnan la determinación de miles de trabajadores que, a pesar de las represalias, el hambre y la incertidumbre, se mantuvieron firmes en su lucha. La narrativa probablemente explora sus motivaciones, los desafíos de organizar a una masa heterogénea de trabajadores y la constante amenaza de la represión. Por otro lado, la obra podría introducir a los representantes de la compañía “El Águila”, quienes representan el capital transnacional, la resistencia a ceder privilegios y la visión de los trabajadores como meros engranajes de una maquinaria productiva. 

EN LA INVESTIGACIÓN DESTACAN figuras gubernamentales, como Emilio Portes Gil (quien tuvo un papel relevante en el sindicalismo petrolero de la época), cuya postura y acciones fueron decisivas en el desarrollo y desenlace del conflicto. La tensión entre el gobierno, las empresas extranjeras y los sindicatos es un eje central de la trama. La huelga de El Águila fue un conflicto prolongado, que se extendió por 117 días y tuvo repercusiones nacionales e incluso internacionales. La narrativa del tamaulipeco, al abordar este período, detalla las estrategias de los huelguistas, desde las asambleas multitudinarias hasta los piquetes y la resistencia a la intimidación. 

También muestra las tácticas de la compañía, que intentaba dividir a los trabajadores, contratar esquiroles y presionar al gobierno. La solidaridad de otros gremios y el apoyo popular en la región de Tampico-Doña Cecilia fueron cruciales para el sostenimiento del movimiento, y la obra probablemente resalta estos lazos de hermandad obrera. La lucha no estuvo exenta de intrigas y conspiraciones, tanto por parte de los intereses capitalistas como de facciones dentro del propio movimiento obrero con diferentes filiaciones políticas. El punto culminante de la narración es la resolución de la huelga, que se logró el 17 de julio de 1924 con un triunfo histórico para los trabajadores. “El Águila” se vio obligada a reconocer oficialmente al sindicato y a firmar el primer Contrato Colectivo de Trabajo en el ramo industrial petrolero de México. 

Este logro no solo significó una victoria para los obreros de la Compañía “El Águila”, sino que sentó un precedente fundamental para la reglamentación y aplicación del Artículo 123 constitucional, abriendo camino a la consolidación del sindicalismo en el país y marcando un hito en la lucha por los derechos laborales en América Latina. La novela, al concluir, no solo celebra esta victoria, sino que probablemente reflexiona sobre su significado histórico, las cicatrices que dejaron la lucha y el camino que aún quedaba por recorrer en la construcción de un sistema laboral más justo en México. La huelga del Águila de 1924 es, en esencia, la crónica de cómo la unidad y la resistencia de los trabajadores pueden doblegar el poder del capital y transformar la historia. 

Correo: amlogtz@gmail.com 

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