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La responsabilidad de denunciar

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Por Homero Hinojosa

La responsabilidad de denunciar

El movimiento #MeToo está propagándose fuerte en México, ventilando un gran número de denuncias. Cientos de mujeres exponen en redes sociales el acoso psicológico y sexual de escritores mexicanos a través del hashtag #MeTooEscritoresMexicanos y muchos más con el prefijo #MeToo.

Las cuentas en Twitter, la mayoría anónimas, brotan hoy para denunciar también el acoso en otros campos profesionales, como el periodismo, el cine, el teatro, la política, la abogacía y el activismo.

Hasta existe una etiqueta llamada #MeTooPeriodistasMexicanos, en donde fue denunciado un alto directivo del Grupo Reforma que fue despedido esta semana, así como el caso de un fotógrafo conocido en el entorno profesional.

El movimiento #MeToo data ya de algunos años atrás pero en 2017 retomó fuerza tras la ola de acusaciones en contra del productor cinematográfico de Hollywood, Harvey Weinstein.

Se señala a la activista norteamericana Tarana Burke como la impulsora de #MeToo. Burke lo inició en 2006 para atender a mujeres jóvenes de comunidades marginadas que sufrieron algún tipo de acoso evidente y de violencia sexual.

En ciudades del norte del País, como Monterrey, se han multiplicado las denuncias teniendo naturalmente como epicentro las universidades, espacio natural para la exposición de casos de acoso entre profesores (as) y alumnos (as).

¿Ciertas o falsas las acusaciones? Es una pregunta que generalmente se hacen los internautas y tuiteros al toparse con un nuevo reporte. El denominador común en la mayoría de los casos es el apego al anonimato como fuente de denuncia, quizá en parte por simple y legítima auto-protección o quizá también para aprovecharse del momento y buscar encender un escándalo.

En este último punto, las redes sociales son terreno bien abonado para hacer correr todo tipo de versiones, algunas bien fundamentadas pero otras con claros tintes de venganza o intención de causar daño.

Evidentemente el acoso y abuso sexual es asunto que ocupa y preocupa a diario a la opinión pública no solo en México, sino en todo el mundo. Sin embargo, el poder que Twitter y Facebook le dan al fenómeno se ha convertido en un asunto que muchos ciudadanos lo ven ya con mucha cautela y riesgo.

En este sentido, algunas universidades e instituciones han decidido establecer entidades independientes para recibir reportes de casos de acoso, hostigamiento o abuso y darles seguimiento. Sin duda, hacerlo de esta manera resulta más cuidadoso y responsable.

Muchos medios se han montado a estas tendencias y expuesto en sus páginas casos, historias y hasta nombres de presuntos acosadores.

El problema es que algunos medios simplemente los han exhibido, pero no han verificado bien los hechos ni autentificado a las fuentes que han originado los escándalos. Tampoco han tenido la cortesía de intentar obtener y llevar la versión de la parte acusada y cumplir así con el principio de “fair comment” o imparcialidad.

Al difundirlo sin elementos de veracidad y precisión se propaga más el “linchamiento mediático” . De esta manera muchos medios se han llevado de encuentro a gran cantidad de ciudadanos que con el tiempo han demostrado que fueron objeto de venganzas o ataques de “mala leche”.

Hoy vivimos un mundo cada vez más interconectado, en donde la información, desinformación y “deformación” de la realidad corre como pólvora en mes patrio. La Posverdad y las noticias falsas se imponen hoy como fórmula de referencia y conocimiento y por ello es importante andar con cuidado.

Denunciar casos en las redes sociales y los medios es hoy una gran responsabilidad, por lo que siempre resulta más inteligente y efectivo acudir a instancias más establecidas y con mejores elementos de juicio para abordar este tipo de situaciones. Por las redes corre de todo, por ello hay que tomarlas con precaución.

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