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Daniela Plata Flores

La otra cara del Mundial

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La otra cara del Mundial

Por Daniela Plata Flores

Hay dos mundiales que arrancan el 11 de junio. Uno lo verá el mundo entero: estadios, fan zones, derrama económica y el orgullo de ser anfitrión. El otro no saldrá en los promocionales: es el que vivirán millones de mujeres en sus casas.

ONU Mujeres documenta que los grandes eventos deportivos elevan hasta 30% las llamadas de emergencia por violencia familiar. No es casualidad: es patrón.

El país anfitrión es el mismo donde siete de cada diez mujeres han vivido algún tipo de violencia; donde el 97% de los casos de violencia sexual quedan impunes; donde Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey —las tres sedes— figuran entre las entidades con más registros de violencia familiar.

Estos eventos también activan rutas de trata y explotación sexual. La FIFA misma lo identificó en sus propios informes. Llegan aficionados de todo el mundo, algunos de países donde la impunidad local no los alcanza. Se van sin consecuencias. Las mujeres y niñas que encuentran en su camino, no siempre.

La Red Nacional de Refugios, junto con organizaciones de Canadá y Estados Unidos, lanzó la campaña “La violencia contra las mujeres no es parte del juego”: visibilizar, prevenir y erradicar las violencias de género que se disparan durante los encuentros deportivos, promover cero tolerancia y fortalecer redes de apoyo para mujeres mexicanas y extranjeras.

El torneo durará poco más de un mes. Cuando se apaguen las luces de los estadios y los turistas regresen a sus ciudades, México seguirá siendo el mismo país: con las carpetas de investigación sin resolver, las órdenes de protección que nunca llegaron y las fiscalías rebasadas.

dplataf4@gmail.com

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Daniela Plata Flores

El legado incómodo de Woolf

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El legado incómodo de Woolf

Daniela Plata Flores

Virginia Woolf, adelantada a su época, escribía cuando publicar no era permitido para las mujeres. La molestia por la manera en la que los hombres definían el talento de las mujeres como inferior, secundario o incluso “gracioso”, aunque fuera brillante, la inspiró a escribir grandes obras.

Hoy en día eso no ha cambiado mucho: a las mujeres nos siguen cuestionando todo lo que llegamos a lograr, nos invisibilizan y nos sexualizan todos los días. El hecho de ejercer nuestro derecho a opinar y cuestionar ya es motivo para etiquetarnos como “exageradas”, “alborotadoras”, “feminazis”, etc.

Los espacios para mujeres cada vez son más. Doscientos años después, México tiene su primera presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum y abre un abanico de espacios a más mujeres, pero también implica observar y trabajar en las mujeres de comunidades rurales, indígenas, afrodescendientes, para que las oportunidades y los derechos nos lleguen a todas.

Pero realmente, ¿quién decide qué voces son legítimas y cuáles no?, ¿por qué tenemos que callar o adaptarnos a normas y modelos socialmente aceptados para no ser víctimas de las nuevas formas de violencia? En la actualidad vemos que muchas mujeres son expuestas en redes sociales, despedidas de sus empleos, sufren de un sistema que siempre es neutral con la voz masculina, mientras que la voz femenina la silencian; en el peor de los casos, terminan en feminicidio.

Las violencias contra las mujeres siempre han existido. Antes era la desigualdad de no poder aspirar a más que ser maestra de primaria, y sí, hay avances, pero todos logrados cuando las mujeres decidimos alzar la voz y ejercer nuestro derecho de réplica, exigir lo que por derecho nos corresponde: estudiar, votar. Aunque el Estado nos sigue debiendo el poder decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestra maternidad y garantizarnos seguridad, vamos avanzando, y eso ha sido desde años atrás por mujeres que resistieron e insistieron.

Tal vez necesitamos más mujeres como Virginia Woolf cuyos cuestionamientos al patriarcado incomodaban, pero al final influyeron.

Daniela Plata Flores
dplataf4@gmail.com
Twitter: @DanielaPlataF

 

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Daniela Plata Flores

Derechos humanos y equidad de género

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Daniela Alejandra Plata Flores

Derechos humanos y equidad de género

Cada 10 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos, una fecha que recuerda la firma de la Declaración Universal de 1948, el primer documento global que reconoció que todas las personas, sin distinción alguna nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

Han pasado mas de siete décadas desde ese momento, pero la brecha entre el papel y la realidad es aún enorme. La ONU advierte que, en el mundo, más de 4,4 mil millones de personas viven hoy en países donde las libertades fundamentales están seriamente restringidas. En México, la realidad tampoco es alentadora, las cifras de la ENVIPE muestran que más de 27 millones de personas fueron víctimas de algún delito en 2023.

Si lo vemos desde la perspectiva de género, la desigualdad se extiende. Las mujeres enfrentan violencias que van desde la discriminación laboral hasta los feminicidios, pasando por la violencia sexual, doméstica y digital. la brecha salarial se mantiene alrededor del 18%, el 75% del trabajo de cuidados recae en ellas y, aun así, la respuesta institucional suele ser insuficiente o tardía.

Hablar de derechos humanos exige mirar las comunidades desplazadas por la violencia, periodistas y personas defensoras asesinadas por investigar abusos de poder, pueblos indígenas cuyos derechos colectivos permanecen como promesas sin cumplir La libertad de expresión es una actividad de alto riesgo en México: al menos 10 periodistas fueron asesinados en 2023 y las agresiones continúan.

Los derechos humanos no se agotan en un discurso institucional ni en una conmemoración anual, requieren políticas públicas sostenidas, presupuestos reales, instituciones que funcionen y una ciudadanía vigilante que cuestione, exija y acompañe.

La gran deuda es la misma que en 1948: lograr que la dignidad sea una experiencia cotidiana y no una aspiración. Que los derechos no dependan del género, la clase social, el territorio o la voz que se atreve a incomodar. Que nadie tenga que pedir permiso para vivir sin violencia.

Con este 10 de diciembre también concluyen los 16 Días de Activismo contra la Violencia hacia las Mujeres, una campaña global que nos recuerda que no hay derechos humanos posibles mientras millones de mujeres viven en riesgo, silenciadas o sin protección.

Daniela Plata
Coordinadora de la red de periodistas con Visión de Género Victoria
dpltaf4@gmail.com

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Daniela Plata Flores

Salario mínimo y equidad de género 

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Por Daniela Plata Flores

Salario mínimo y equidad de género 

El gobierno federal anunció un nuevo incremento al salario mínimo a partir del 1 de enero de 2026, un movimiento que la presidenta Claudia Sheinbaum presentó como parte de una estrategia para mejorar el poder adquisitivo de millones de personas trabajadoras.  

Es una decisión acertada y necesaria: el salario mínimo llevaba décadas rezagado, y este nuevo aumento confirma la continuidad de una política que busca dignificar el ingreso de quienes sostienen la economía nacional. 

Pero, cuando observamos este anuncio con perspectiva de género, las grietas estructurales vuelven a aparecer: ¿cuántas mujeres podrán beneficiarse realmente de este incremento? 

En México, más de la mitad de las mujeres trabajan en la informalidad, sin un salario fijo y prestaciones que deben de tener por Ley. Ahí están las trabajadoras del hogar, las mujeres que hacen limpieza por horas, las que cuidan a niñas, niños, personas mayores o con discapacidad sin contrato, sin seguridad social, sin vacaciones, sin aguinaldo y sin protección ante despidos arbitrarios. La mayoría sostienen sus hogares y prácticamente no se benefician de los incrementos. 

Además, millones de mujeres en trabajos formales e informales, cargan con las tareas del hogar y el cuidado de sus familias, una doble jornada que el Estado no ha reconocido ni redistribuido, y que limita su acceso a mejores ingresos, empleos estables y movilidad económica. 

El aumento al salario mínimo es importante y refleja un esfuerzo real del nuevo gobierno. Pero si no se observa desde la igualdad de género, en un país donde millones de mujeres solo pueden acceder al trabajo informal, ahí es donde la idea de progreso económico se desmorona. 

La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que la transformación debe construirse desde la justicia social. Y este anuncio salarial va en esa dirección. Pero para que la transformación alcance a todas, este incremento necesita complementarse con políticas que formalicen el trabajo de cuidados, inspecciones laborales efectivas, acceso real a seguridad social para las trabajadoras del hogar y una estrategia nacional que reconozca que el trabajo que realizan las mujeres, dentro y fuera del hogar, tiene un valor económico que debe traducirse en derechos. 

El aumento al salario mínimo es un avance; lograr que beneficie también a las mujeres será, sin duda, una señal de que la transformación va en serio. 

Coordinadora de la red de periodistas con visión de género Victoria  

dplataf4@gmail.com 

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